Poor reading proficiency — Competencia lectora deficiente

Sep 12, 2026

A Love Song with False Notes
The national education system must take note of the findings of the PISA report. Getting excited about the success of a small pilot program is not a good idea. Replicating the success of 177 schools across all the rest in a year and a half is too ambitious, given the enormous educational lag carried over since 2022. — El sistema educativo nacional debe tomar notar de los hallazgos del informe PISA. No es buena idea entusiasmarse con el éxito de un pequeño plan piloto. Reproducir el éxito de 177 escuelas en todas las demás en año y medio es demasiado ambicioso, teniendo en cuenta el enorme rezago arrastrado por la educación desde 2022.

The country’s improved performance in reading, math, and science on the PISA test does not give the presidential X account grounds to declare that El Salvador now stands on par with Germany and Sweden. Honesty about reality demands that this exaggeration be put in perspective — it is more enthusiastic than real. The triennial, worldwide test measures the skills of fifteen-year-old students and emphasizes problem-solving, not the memorization of knowledge.

The comparison did not go unnoticed. The questioning forced the presidential X account to clarify that its claim referred only to 171 public schools equipped with infrastructure, connectivity, and Elon Musk’s artificial intelligence tutor. But such a small and biased sample cannot be extrapolated to the country as a whole, whose results say the opposite. Sixty-five percent of students fall below the basic level in science, while in reading and math — where the lag is even greater, at 71 and 88 percent — there have been no significant changes since 2022. Placing oneself on a par with Germany and Sweden is absurd.

The result of the presidential sample doesn’t amount to that much either. Test results show a general decline in educational performance. In fact, it is the lowest on record. The general trend in Europe, the United States, and Latin America, with some exceptions, is downward. In some countries, the decline has been sustained. If the Salvadoran sample’s performance approaches that of Germany and Sweden, it is because those countries’ performance has declined, not because El Salvador’s has risen to match them.

The sustained general decline — including El Salvador’s — is not circumstantial but structural. Education policies are misguided. The PISA report calls into question artificial intelligence and the widespread adoption of digital devices — two of Bukele’s big bets on education. Other causes include the decline in young people’s curiosity and, consequently, in their effort to research.

While the relationship between artificial intelligence and academic performance is complex and varies depending on how and for what purpose students use it, the report yields telling data about its reach in the teaching-learning system. Reading proficiency — the foundation of learning across every school curriculum, essential for finding, evaluating, interpreting, and analyzing information — is the hardest hit. The decline in reading ability is especially serious. Students who use artificial intelligence to summarize texts, write, or do research score lower in science than those who don’t. And those who use it for general purposes — that is, not to replace cognitive processes but to complement them — obtain results similar to those who don’t use it. This means artificial intelligence makes no difference.

Intensive use of artificial intelligence is associated with lower performance. The five countries that use it least for school purposes are among the top ten in reading, math, and science. The scientific literature, for its part, agrees that it can help improve learning when used as a support tool for comprehension, immediate feedback, and the development of self-regulation skills. The challenge for education systems, therefore, lies not just in providing access to these technologies — as is the case in El Salvador — but in developing digital competencies and learning to use them critically, ethically, and pedagogically.

How, then, to explain the fascination with new technologies? The report observes that students have frequently become guinea pigs for multinational tech companies testing their latest inventions. This unscrupulous practice is permitted, tolerated, and promoted by leaders fascinated with easy and immediate solutions and with the billionaire owners of those companies.

No doubt, as an enthusiastic presidential X post puts it, “we can” install connectivity, train teachers, and provide the same technology. But so far, this has only been possible in a small group of schools. The enormous lag among the national student body has remained unchanged since 2022. Competence and effectiveness do not characterize Bukele’s model.

Given these results, it would be foolish to pit the success of a small-scale pilot program against the experience of rich countries that have already confirmed the poor results of artificial intelligence. Rather than aspiring to “inspire the world,” as the presidential X account dreams, it is wiser to be inspired by it and learn from it. The unfortunate comparison with Germany and Sweden reveals a reading proficiency incapable of understanding a complex text.

Rodolfo Cardenal Director Centro Monseñor Romero Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) San Salvador, El Salvador

El Diario de Hoy: https://eldiariodehoy.com/opinion/competencia-lectora-deficiente/93059/2026/

Competencia lectora deficiente

Por Rodolfo Cardenal

El mejor desempeño del país en lectura, matemáticas y ciencias en la prueba PISA no da pie para que la X presidencial declare que El Salvador se encuentra ahora a la altura de Alemania y Suecia. La honestidad con la realidad obliga a redimensionar una exageración, más entusiasta que real. La prueba trianual y mundial mide las habilidades de los estudiantes de quince años y enfatiza la resolución de problemas, no la memorización de los conocimientos.

La comparación no pasó desapercibida. Los cuestionamientos obligaron a la X presidencial a precisar que su afirmación está referida solo a 171 escuelas públicas, dotadas de infraestructura, conectividad y del tutor de inteligencia artificial de Elon Musk. Pero una muestra tan pequeña y sesgada no puede extrapolarse al país, cuyos resultados dicen lo contrario. El 65 por ciento de los estudiantes está por debajo del nivel básico en ciencias, mientras que, en lectura y matemáticas, donde el atraso es aún mayor, 71 y 88 por ciento, no hay cambios significativos desde 2022. Colocarse al mismo nivel de Alemania y Suecia es un despropósito.

El resultado de la muestra presidencial tampoco da para tanto. Los resultados de la prueba muestran un descenso general del rendimiento educativo. De hecho, es el más bajo de los registrados hasta ahora. La tendencia general en Europa, Estados Unidos y América Latina, con algunas excepciones, es a la baja. En algunos países el deterioro es sostenido. Si el rendimiento de la muestra salvadoreña se aproxima al de Alemania y Suecia es porque el de estos países ha disminuido, no porque aquél haya aumentado hasta igualarlos.

El deterioro general sostenido, incluido el salvadoreño, no es coyuntural, sino estructural. Las políticas educativas son erróneas. El informe de PISA pone en tela de juicio la inteligencia artificial y la generalización de los dispositivos digitales, dos apuestas fuertes de la educación de Bukele. Otras causas son la disminución de la curiosidad de la juventud y, por tanto, del esfuerzo para investigar.

Si bien, la relación de la inteligencia artificial con el rendimiento escolar es compleja y varía dependiendo de cómo y para qué la usan los estudiantes, el informe arroja datos elocuentes sobre sus alcances en el sistema de enseñanza-aprendizaje. Las competencias lectoras, la base del aprendizaje en todo currículo escolar, esenciales para encontrar, evaluar, interpretar y analizar la información, son las más perjudicadas. La disminución de la capacidad lectora es especialmente grave. Aquellos estudiantes que usan la inteligencia artificial para resumir textos, redactar o investigar, obtienen puntuaciones más bajas en ciencias que quienes no las usan. Y los que la usan con fines generales, es decir, no para reemplazar los procesos cognitivos, sino para complementarlos, obtienen resultados similares a los que no la usan. Esto quiere decir que la inteligencia artificial no hace diferencia.

El uso intensivo de la inteligencia artificial está asociado a un menor rendimiento. Los cinco países que menos la usan con fines escolares se encuentran entre los diez con los mejores resultados en lectura, matemáticas y ciencias. La literatura científica, por su lado, coincide en señalar que puede contribuir a mejorar el aprendizaje cuando se utiliza como instrumento de apoyo para la comprensión, la retroalimentación inmediata y el desarrollo de habilidades de autorregulación. El reto de los sistemas educativos consiste, por tanto, no solo en facilitar el acceso a estas tecnologías, como es el caso salvadoreño, sino en desarrollar competencias digitales y en aprender a utilizarlas crítica, ética y pedagógicamente.

¿Cómo explicar, entonces, la fascinación con las nuevas tecnologías? El informe observa que los estudiantes se han convertido frecuentemente en conejillos de indias de las tecnológicas multinacionales para poner a prueba sus inventos más recientes. Esta práctica inescrupulosa es permitida, tolerada e impulsada por gobernantes fascinados con las soluciones fáciles e inmediatas y con los propietarios multimillonarios de esas empresas.

Sin duda, como dice una X presidencial entusiasmada, “podemos” instalar conectividad, capacitar docentes y proporcionar la misma tecnología. Pero hasta ahora solo ha podido hacerlo en un reducido grupo de escuelas. El enorme retraso del estudiantado nacional se mantiene invariable desde 2022. La competencia y la eficacia no caracterizan al modelo de Bukele.

Dados estos resultados sería insensato contraponer el éxito de un plan piloto de reducidas proporciones a la experiencia de los países ricos, que ya comprobaron los resultados pobres de la inteligencia artificial. Más que aspirar a “inspirar al mundo” como sueña la X presidencial, más sabio es inspirarse en él y aprender de él. La desafortunada comparación con Alemania y Suecia desvela unas competencias lectoras incapaces de comprender un texto complejo.

Rodolfo Cardenal Director Centro Monseñor Romero Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) San Salvador, El Salvador

El Diario de Hoy: https://eldiariodehoy.com/opinion/competencia-lectora-deficiente/93059/2026/