Exactly one year after signing their contracts with the Ministry of Education, Science and Technology (Mineducyt) for the 2026 school year, thousands of micro and small business owners (MYPEs) in the domestic garment sector still have their machines idle and their arms crossed. The reason for this prolonged inactivity is not a lack of willingness but legal clauses embedded in the School Supplies Program contracts that keep them tied hand and foot.
One of the contracts to which Diario El Mundo had access was originally signed in San Salvador on August 15, 2025, and reveals a legal void that leaves the workshops completely defenseless against the State. While the artisans were hoping the meeting called for this August 21 would unblock the delivery of raw materials, the Ministry’s latest suspension prolongs a legal limbo that is suffocating more than 5,200 family workshops across the country.
“Clause III,” or the infinite term
The core of the legal problem lies in Clause III (Term) of the contract signed between the School Administration Bodies (CDE) and local tailors. The fine print of the document states verbatim:
“This contract shall be valid and in effect from its signing until it has been fully settled.”
Unlike ordinary commercial contracts that set a clear expiration date, this agreement has an indefinite term. Since the start of production depends exclusively on the school delivering the fabric and issuing the “Start Order,” the State can delay the delivery of raw materials for months, or even years, without triggering a formal contract expiration.
“It’s a legal void […] they can’t sue for anything precisely because of that,” explained Nelson Javier, a supplier from the department of Sonsonate, to El Mundo in late July. With no deadline for Mineducyt to deliver the fabric, the microentrepreneurs have no legal tools to demand compliance with the agreement or rescind it with compensation for damages.
Being tied to this contract not only deprives them of state income but also blocks them from seeking other private clients to survive.
The same contract stipulates that once the fabric is delivered and the start order is signed, the workshop has a maximum, non-extendable period of 60 calendar days to deliver the first finished batch. If the contractor falls behind, the contract authorizes the Ministry to apply daily deductions and late-payment penalties on the total awarded amount.
This condition creates a forced operational paralysis. The tailors don’t dare accept seasonal work, such as making commercial uniforms for the peace bands of the September civic holidays, for fear that the Education Ministry will deliver the fabric without warning. If they accepted other contracts and suddenly received the state fabric, the workshops would not have the installed capacity to meet both deadlines, exposing them to fines and disqualification as state suppliers.
“We’re just cleaning the machines, waiting for them to give us the fabric,” lamented Eusebio Alfaro, coordinator of suppliers in the department of La Paz, at the time.
The economic impact of this contractual design is reflected in the case of one of the women suppliers, who has a signed contract for $15,193.20 to make 2,644 garments.
Although the contract was signed in mid-August 2025 to provide uniforms for the 2026 school year, to date, the school year is about to end and the Ministry has not delivered a single meter of fabric for this contract.
The testimonies agree that the suspension of meetings is a recurring pattern the Ministry uses to delay the process. Already in late July, a similar meeting was suspended at the last minute, forcing tailors from distant departments like Morazán and La Unión to travel before dawn, only to be seen in a nearby park and sent away without answers.
This Friday, the scenario repeated itself: the appointment was at 8:30 a.m. to sign addenda and coordinate the delivery of fabric. However, they were met by a delegate who canceled the meeting and told them they needed to send an email and wait for a new date.
“They’re taking us from month to month, month to month, but we never have anything concrete. We’re completely bewildered,” says Hernán Cepeda, a representative from the department of Ahuachapán.
In limbo
Behind each of the 5,200 garment workshops that remain paralyzed are between 5 and 10 direct workers. In total, the inactivity of the state program hits the income of between 25,000 and 50,000 families, primarily affecting female heads of household, single mothers, and older adults who depend on sewing as their sole livelihood.
The lack of work and the debt taken on to keep the workshops running — in the hope that the start order will arrive — has begun to wreak emotional and health havoc among the artisans of Sonsonate, La Paz, Santa Ana, and Ahuachapán.
With the 2026 school year practically over in terms of textile production, the suppliers are demanding that the Government and Education Minister Karla Trigueros immediately set a real date for the delivery of fabric, or reformulate this contractual scheme that condemns them to wait for a start order that never comes.
Diario El Mundo: https://diario.elmundo.sv/nacionales/proveedores-de-uniformes-cumplen-un-ano-atados-a-un-contrato-indefinido-y-sin-trabajo
Proveedores de uniformes cumplen un año atados a un contrato indefinido y sin trabajo
Iliana Cornejo
A un año exacto de haber firmado sus contratos con el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (Mineducyt) para el año escolar 2026, miles de micro y pequeños empresarios (MYPEs) de la confección nacional siguen con las máquinas detenidas y los brazos cruzados. La razón de esta inactividad prolongada no es la falta de voluntad, sino a claúsulas legales insertas en los contratos del programa de Paquetes Escolares que los mantiene atados de pies y manos.
Uno de los contratos a los que Diario El Mundo tuvo acceso, fue suscrito en San Salvador originalmente el 15 de agosto de 2025 y revela un vacío jurídico que deja a los talleres en una total indefensión ante el Estado. Mientras los artesanos esperaban que el encuentro convocado para este 21 de agosto destrabara la entrega de materias primas, la nueva suspensión del Ministerio prolonga un limbo legal que asfixia a más de 5,200 talleres familiares en todo el país.
La «Cláusula III» o el plazo infinito
El núcleo del problema jurídico radica en la Cláusula III (Plazo) del contrato firmado entre los Organismos de Administración Escolar (CDE) y los sastres locales. La letra chica del documento establece textualmente:
«El presente contrato tendrá validez y estará vigencia desde la suscripción, hasta quedar totalmente liquidado el mismo».
A diferencia de los contratos comerciales ordinarios que fijan una fecha de vencimiento clara, este acuerdo tiene una vigencia indefinida. Como el inicio de la confección depende exclusivamente de que el Centro Educativo entregue la tela y emita la «Orden de Inicio», el Estado puede dilatar la entrega de las materias primas por meses, e incluso años, sin incurrir en un vencimiento contractual formal.
«Es un vacío legal […] no pueden demandar nada precisamente por eso», explicó Nelson Javier, proveedor del departamento de Sonsonate a finales de julio a El Mundo. Al no haber una fecha límite para que el Mineducyt entregue las telas, los microempresarios no cuentan con herramientas legales para exigir el cumplimiento del acuerdo o rescindirlo con una indemnización por daños y perjuicios.
Estar atados a este contrato no solo les priva de ingresos estatales, sino que les bloquea la posibilidad de buscar otros clientes privados para subsistir.
El mismo contrato estipula que una vez que se entregue la tela y se firme la orden de inicio, el taller cuenta con un plazo máximo improrrogable de 60 días calendario para entregar el primer lote terminado. Si el contratista se retrasa, el contrato faculta al Ministerio a aplicar descuentos diarios y multas por mora sobre el monto total adjudicado.
Esta condición genera una parálisis operativa forzada. Los sastres no se atreven a aceptar trabajos de temporada, como la confección de uniformes comerciales para las bandas de paz de las fiestas cívicas de septiembre, por temor a que Educación entregue la tela de imprevisto. De aceptar otros contratos y recibir repentinamente la tela estatal, los talleres no tendrían la capacidad instalada para cumplir ambos plazos, lo que los expondría a multas y a la inhabilitación como proveedores del Estado.
«Estamos con las máquinas solo limpiándolas, esperando a que ellos nos den la tela», lamentó en su momento Eusebio Alfaro, coordinador de proveedores en el departamento de La Paz.
El impacto económico de este diseño contractual se refleja en el caso de una de las proveedoras quien tiene un contrato firmado por un monto de $15,193.20 para confeccionar 2,644 prendas.
A pesar de que el contrato se firmó a mediados de agosto de 2025 para proveer los uniformes del año escolar 2026 hasta la fecha, el año lectivo está por expirar y el Ministerio no ha entregado un solo metro de tela para este contrato.
Los testimonios coinciden en que la suspensión de reuniones es un patrón recurrente del ministerio para dilatar el proceso. Ya a finales de julio se suspendió una convocatoria similar a última hora, obligando a sastres de departamentos lejanos como Morazán y La Unión a viajar de madrugada para ser atendidos en un parque aledaño y despachados sin respuestas.
Este viernes se repitió el escenario: la cita era a las 8:30 a. m. para firmar adendas y coordinar la entrega de tela. Sin embargo, fueron recibidos por un delegado que canceló la reunión y les indicó que debían enviar un correo electrónico para esperar una nueva fecha.
«Nos están llevando de mes a mes, mes a mes, pero nunca tenemos nada concreto. Estamos totalmente desconcertados», señala Hernán Cepeda, representante del departamento de Ahuachapán.
En vilo
Detrás de cada uno de los 5,200 talleres de confección que permanecen paralizados hay entre 5 y 10 trabajadores directos. En total, la inactividad del programa estatal golpea los ingresos de entre 25,000 y 50,000 familias, afectando principalmente a mujeres jefas de hogar, madres solteras y adultos mayores que dependen de la costura como único sustento de vida.
La falta de trabajo y el endeudamiento adquirido para mantener activos los talleres —con la esperanza de que la orden de inicio llegue— ha comenzado a provocar estragos emocionales y de salud entre los artesanos de Sonsonate, La Paz, Santa Ana y Ahuachapán.
Con el año escolar 2026 prácticamente concluido en términos de producción textil, los proveedores exigen al Gobierno y a la Ministra de Educación, Karla Trigueros, que se establezca de inmediato una fecha real para la entrega de tela, o bien, que se reformule este esquema contractual que los condena a esperar una orden de inicio que nunca llega.
Diario El Mundo: https://diario.elmundo.sv/nacionales/proveedores-de-uniformes-cumplen-un-ano-atados-a-un-contrato-indefinido-y-sin-trabajo
