The enemy within the model — El enemigo dentro del modelo

Jul 5, 2026

A Love Song with False Notes
Despite the presidential warning, the ruling party acts as if corruption didn't exist. It only goes after corrupt officials who have fallen from grace, which is more revenge than a commitment to a healthy public administration. Just as before, the justice system of the state of exception comes down hard on petty criminals, while swallowing camels whole. — A pesar del aviso presidencial, el oficialismo actúa como si la corrupción no existiera. Solo persigue a los corruptos caídos en desgracia, lo cual es más venganza que compromiso con una administración pública sana. Al igual que antes, la justicia del régimen de excepción se ensaña con delincuentes de poca monta, mientras comulga con ruedas de molino

“Why do you talk so much about previous governments?” Bukele was asked on one occasion. The answer is logical. “It’s the only way to compare and know where we come from, where we are, and where we’re going.” Up to this point, it makes sense. Beyond that, comparisons with the past are arbitrary. Unquestionably, in some respects, Bukele’s model surpasses it. But the official narrative preaches that the present is superior to the past in every way, for which it sets aside data, official statistics, and even audiovisual records.

Much to its chagrin, a close examination reveals more similarities than differences. Today’s lawmakers, just like those of the past, flout electoral law with impunity. For days now they’ve been openly asking for votes. In reality, they’re not asking for themselves, but for Bukele, to whom they owe their seat and their candidacy for reelection. Perhaps that’s why he lets them do it, despite having promised to impose order. Some vices are so deeply rooted that they’re almost impossible to eradicate. Power tends to go astray, especially when continuity is at stake.

Just like their predecessors, today’s lawmakers make themselves seen in “the territories” where almost everything is lacking. They arrive loaded with small gifts, even calendars, despite it already being the middle of the year. What matters isn’t the passage of days and months, but the enormous photograph of Bukele presiding over them. Some even take part in community activities. They practice electoral handout politics to curry favor with voters and, in the process, soften the misery, instead of introducing structural reforms to roll it back. Their predecessors handed out tamales and cheap liquor. Later they added caps, T-shirts, and cash. They also negotiated votes with the gangs. This is a vice of all political parties, but especially of the ruling party. The moment is pressing, given the possibility of losing legislative ground.

Corruption is another deeply rooted vice that thrives in the shadow of power. The ruling party dismantled the inherited structure for investigating it, right when it had already identified twelve cases that occurred during the pandemic. Hypocritically, it tore its garments in a show of honesty over the discretionary management of the secret fund at Presidential House. But it wasted no time in drawing a thick veil over its own administration. Thicker than the one over that fund. Over a year ago, Bukele himself gathered his closest aides at Presidential House to sternly warn them that he would not tolerate corruption. The threat dissolved over time.

So far, there has been no notable progress. Despite the presidential warning, the ruling party acts as if corruption didn’t exist. It only goes after corrupt officials who have fallen from grace, which is more revenge than a commitment to a healthy public administration. Just as before, the justice system of the state of exception comes down hard on petty criminals, while swallowing camels whole.

Corruption is as pernicious as absolute power. In fact, the two vices go hand in hand. The ruling party needs to control the legislature to prevent scrutiny of illicit enrichment. The interest in a crushing electoral result is not the common good, but preserving the ability to plunder the state without interference. Bukele could start establishing law and order by bringing his own people to heel.

There is more than enough material to fight corruption. The commitment to transparency and honesty includes those who use power to enrich themselves. The rule of law and order treats everyone equally and usually begins where arbitrariness is greatest. Experience counsels skepticism. If the ruling party claims that corruption is a thing of the past, then it must be so. Dissimulation, cover-ups, and brazen lies don’t trouble it. Statistics and information are at the service of aggrandizing the presidential figure.

Just as lawmakers are convinced that legislating is governing, the model’s spokespeople are persuaded that their narratives become reality simply by speaking them aloud. This self-importance led the minister of education to attempt to enter Honduran territory wearing her military fatigues, with no regard for diplomacy or courtesy. Arrogance easily makes a fool of itself.

Negligent administration of the state undermines institutional integrity and, to that extent, prevents the construction of what they have taken to calling “the new El Salvador.” The most pernicious enemies of the project are not the defenders of human rights and the environment, nor international organizations, nor the foreign funds meant to strengthen the work of civil society organizations, but the people responsible for carrying it out. The most damaging enemy seethes in the bowels of Bukele’s model. If the only criterion is to declare that those who came before were worse, the immediate future promises more of the same.

Rodolfo Cardenal Director Centro Monseñor Romero Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) San Salvador, El Salvador

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/opinion/el-enemigo-habita-en-las-entranas-del-modelo/83831/2026/

El enemigo dentro del modelo

Rodolfo Cardenal

“¿Por qué habla tanto de los gobiernos anteriores?”, preguntaron a Bukele en cierta ocasión. La respuesta es lógica. “Es la única forma de comparar y saber de dónde venimos, en dónde estamos y hacia dónde vamos”. Hasta aquí hace sentido. Más allá, las comparaciones con el pasado son arbitrarias. Indiscutiblemente, en algunos aspectos, el modelo de Bukele lo aventaja. Pero el relato oficialista predica que el presente es superior en todo al pasado para lo cual deja de lado los datos, las estadísticas oficiales e incluso los registros audiovisuales.

Muy a su pesar, un examen minucioso encuentra más similitudes que diferencias. Los diputados actuales, igual que los del pasado, se saltan la legislación electoral impunemente. Desde hace días piden el voto abiertamente. En realidad, no lo piden para ellos, sino para Bukele, a quien deben el escaño y la candidatura para reelegirse. Quizás por eso este los dejas hacer, a pesar de haber prometido imponer el orden. Hay vicios tan arraigados que es casi imposible erradicarlos. El poder tiende al descarrío, sobre todo cuando está en juego la continuidad.

Al igual que sus antepasados, los diputados de hoy se dejan ver en “los territorios” donde falta casi todo. Llegan cargados de pequeños regalos, incluso con calendarios, a pesar de estar ya en la mitad del año. Lo importante no es el paso de los días y los meses, sino la enorme fotografía de Bukele que los preside. Algunos incluso participan en actividades comunitarias. Practican el asistencialismo electoral para congraciarse con el electorado y, de paso, suavizar la miseria, en lugar de introducir reformas estructurales para hacerla retroceder. Sus antepasados repartieron tamales y guaro. Después agregaron gorras, camisetas y dinero. También negociaron votos con las pandillas. Este es un vicio de todos los partidos políticos, más de los oficiales. La coyuntura apremia, dada la posibilidad de perder terreno legislativo.

La corrupción es otro vicio bien arraigado, que prospera a la sombra del poder. El oficialismo desmanteló la estructura heredada para investigarla, cuando ya había identificado doce casos ocurridos durante la pandemia. Hipócritamente, se rasgó las vestiduras de la honestidad por la administración discrecional de la partida secreta de Casa Presidencial. Pero no tardó en echar un tupido velo sobre su gestión. Más espeso que el de dicho fondo. Hace más de un año, el mismo Bukele reunió en sus colaboradores más cercanos en Casa Presidencial para advertirles severamente que no toleraría la corrupción. La amenaza se diluyó en el tiempo.

Hasta ahora, no ha habido ningún avance destacado. A pesar del aviso presidencial, el oficialismo actúa como si la corrupción no existiera. Solo persigue a los corruptos caídos en desgracia, lo cual es más venganza que compromiso con una administración pública sana. Al igual que antes, la justicia del régimen de excepción se ensaña con delincuentes de poca monta, mientras comulga con ruedas de molino.

La corrupción es tan perniciosa como el poder absoluto. De hecho, los dos vicios van de la mano. El oficialismo necesita controlar la legislatura para impedir cuestionamientos sobre el enriquecimiento ilícito. El interés en un resultado electoral aplastante no es el bien común, sino preservar la posibilidad para desvalijar al Estado sin interferencias. Bukele podría comenzar a instaurar la ley y el orden metiendo en cintura a los suyos.

Materia para combatir la corrupción hay de sobra. El compromiso con la transparencia y la honestidad incluye a quienes se valen del poder para enriquecerse. El imperio de la ley y el orden trata a todos por igual y suele comenzar ahí donde la arbitrariedad es mayor. La experiencia aconseja escepticismo. Si el oficialismo asegura que la corrupción es cosa del pasado, es porque así es. El disimulo, el encubrimiento y la mentira descarada no lo perturban. Las estadísticas y la información están al servicio del engrandecimiento de la figura presidencial.

De la misma manera que los diputados están convencidos de que legislar es gobernar, los voceros del modelo están persuadidos de que sus relatos adquieren realidad al verbalizarlos. Esta autosuficiencia llevó a la ministra de educación a pretender ingresar en territorio hondureño luciendo su uniforme de fatiga militar, al margen de la diplomacia y la cortesía. La prepotencia fácilmente hace el ridículo.

La administración negligente del Estado socava la institucionalidad y, en esa medida, impide la construcción de lo que han dado en llamar “el nuevo El Salvador”. Los enemigos más perniciosos del proyecto no son los defensores de los derechos humanos y del medioambiente, ni los organismos internacionales, ni los fondos externos destinados a fortalecer la actividad de las organizaciones civiles, sino los responsables de su ejecución. El enemigo más dañino bulle en las entrañas del modelo de Bukele. Si el único criterio es declarar que los de antes eran peores, el futuro inmediato augura más de lo mismo.

Rodolfo Cardenal Director Centro Monseñor Romero Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) San Salvador, El Salvador

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/opinion/el-enemigo-habita-en-las-entranas-del-modelo/83831/2026/