In a statement released last week, the Santa Marta community raised the possibility that the reactivation of metallic mining is also behind other cases of political persecution, beyond that of the environmental leaders.
According to Santa Marta, mining could also be a cause of the persecution against the leaders of the Alianza El Salvador en Paz, former Supreme Electoral Tribunal president Eugenio Chicas, and human rights lawyer Ruth Eleonora López, in addition to the specific reasons in each case (denouncing presidential reelection, political revenge, or denouncing abuses under the state of exception).
“The veterans of the Alliance spoke out several times for the freedom of the environmentalists; Eugenio Chicas was a key witness in their defense; and Ruth López led, two months before her arrest, the filing of an unconstitutionality challenge against the new General Law on Metallic Mining, backed by 150,000 signatures,” notes the statement released at a press conference.
That argument makes a lot of sense. In the case of the veterans, they essentially made the anti-mining activists’ case their own: out of a principle of solidarity as veterans and because they understood that a potential conviction against the Santa Marta leaders would set a disastrous legal precedent for all former members of the belligerent organizations from the civil war.
“They want to brand all veterans as criminals,” “Pepe” Melara said on several occasions, referring to the fact that the charges against the environmental defenders also included the crime of “illicit association.”
The former guerrilla commander and former left-wing lawmaker argued that the charges against the environmentalists violated the Peace Accords and the National Reconciliation Law, opened the door to criminalizing the revolutionary past of many social activists, and completed the denialist narrative that “the war never happened,” “the Peace Accords are a sham,” and that the participants in the war who secured the historic Accords “are criminals.”
That is why “Pepe” and the other veterans took up the defense of the community leaders as their own. Therefore, the persecution against them could also be retaliation for supporting the environmentalists and joining the citizen rejection of metallic mining.
Regarding the former TSE president, his testimony was indeed key to securing the first acquittal of the anti-mining activists in October 2025 at the Sensuntepeque Sentencing Court.
As a former commander of the National Resistance (RN), Chicas showed that none of the defendants were in Santa Marta on the dates when, according to the Attorney General’s Office, the alleged crimes were committed, since several months earlier they had moved to camps in Chalatenango and later to Guazapa Hill before finally heading to San Salvador to take part in the November 1989 guerrilla offensive.
For that reason, it is logical to suggest that the persecution against this former lawmaker, former TSE president, and former presidential communications secretary is also motivated by his decisive role in the first trial against the anti-mining activists and by his own opposition to deadly metallic mining.
And regarding Ruth López, she also denounced mining and led the collective filing of an unconstitutionality brief before the Supreme Court of Justice, shortly after the Catholic Church did the same in the Legislative Assembly. That action may have accelerated the arrest of the renowned lawyer, who has been imprisoned for two years.
It is likely that other acts of persecution also have among their motives the need to neutralize resistance and clear the way for the harmful extractive industry. One is the passage and enforcement of the Foreign Agents Law (LAEX).
Its effects, a year after implementation, suggest that the real objectives of the law are to defund, paralyze, force into exile, or shut down the nongovernmental organizations that support social struggles. The current retreat and silence of several NGOs and environmental groups is one of the most visible consequences of the LAEX.
Another is the state of exception. Its four years of uninterrupted implementation, even though the gangs have already been dismantled, also suggests that one of its real purposes is to keep the majority of the population afraid and immobilized in the face of threats as terrible as metallic mining. The state of exception would be the government’s main policy for containing social protest.
Therefore, if extractivist interests are behind political persecution, the enforcement of the LAEX, and the continuation of the state of exception, then the fight against metallic mining is also a fight for the freedom of political prisoners and an end to persecution, for the restoration of civic space, and for the reestablishment of legality, due process, and the civil guarantees suspended since March 2022.
GatoEncerrado: https://gatoencerrado.news/2026/06/17/mineria-y-persecucion-politica/
Minería y persecución política
Por Leonel Herrera
En un comunicado difundido la semana pasada, la Comunidad Santa Marta planteó la posibilidad de que la reactivación de la minería metálica también esté detrás de otros casos de persecución política, además del de los líderes ambientalistas.
Según Santa Marta, la minería podría ser también causa de la persecución contra los dirigentes de la Alianza El Salvador en Paz, el ex presidente del Tribunal Supremo Electoral Eugenio Chicas y la abogada de derechos humanos Ruth Eleonora López, además de las razones específicas de cada caso (denuncia de la reelección presidencial, venganza política o denuncia de los abusos del régimen de excepción).
“Los veteranos de la Alianza se pronunciaron varias veces por la libertad de los ambientalistas; Eugenio Chicas fue testigo clave en su defensa; y Ruth López lideró, dos meses antes de su detención, la presentación de un recurso de inconstitucionalidad contra la nueva Ley General de Minería Metálica, respaldado por 150 mil firmas”, señala el pronunciamiento divulgado en conferencia de prensa.
Dicho planteamiento tiene mucho sentido. En el caso de los veteranos, ellos prácticamente tomaron como suyo el caso de los activistas antimineros: por principio de solidaridad como excombatientes y porque asumieron que una eventual condena contra los líderes de Santa Marta sentaría un precedente jurídico nefasto para todos los exmiembros de las organizaciones beligerantes del conflicto armado.
“Quieren declarar criminales a todos los excombatientes”, declaró en varias ocasiones “Pepe” Melara, refiriéndose a que la acusación contra los defensores ambientales incluía también el delito de “asociación ilícita”.
El exjefe guerrillero y exdiputado de izquierda interpretaba que la acusación contra los ambientalistas violentaba los Acuerdos de Paz y la Ley de Reconciliación Nacional, abría la posibilidad de criminalizar el pasado revolucionario de muchos luchadores sociales y completaba el relato negacionista de que “la guerra no existió”, “los Acuerdos de Paz son una farsa” y los participantes en la guerra que lograron los históricos Acuerdos “son delincuentes”.
Por eso, “Pepe” y los demás veteranos asumieron como propia la defensa de los líderes comunitarios. Por tanto, la persecución contra ellos podría ser también una represalia por apoyar a los ambientalistas y sumarse al rechazo ciudadano contra la minería metálica.
En relación al expresidente del TSE, ciertamente su participación como testigo fue clave para lograr la primera absolución de los activistas antimineros en octubre de 2025 en el Juzgado de Sentencia de Sensuntepeque.
Como exmando de la Resistencia Nacional (RN), Chicas demostró que ninguno de los procesados se encontraba en Santa Marta en la fecha que, según Fiscalía, se cometieron los delitos imputados, ya que varios meses antes se habían trasladado a campamentos en Chalatenango y luego al cerro de Guazapa para ir finalmente a San Salvador a participar en la ofensiva guerrillera de noviembre de 1989.
Por tal razón, es lógico sugerir que la persecución contra este exdiputado, expresidente del TSE y exsecretario de comunicaciones de la Presidencia, también esté motivada por su rol decisivo en el primer juicio contra los activistas antimineros y por él mismo sumarse al rechazo a la mortífera minería metálica.
Ycon respecto a Ruth López, ella también denunció la minería y encabezó la presentación colectiva de un escrito de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia, poco después de que la Iglesia Católica hiciera lo suyo en la Asamblea Legislativa. Dicha acción pudo haber acelerado la detención de la célebre abogada que lleva dos años presa.
Es probable que otras acciones de persecución también tengan entre sus motivos la necesidad de anular las resistencias y despejar el camino para la nociva industria extractiva. Una es la aprobación y vigencia de la Ley de Agentes Extranjeros (LAEX).
Sus efectos, un año después de su implementación, sugieren que los verdaderos objetivos de dicha normativa son: desfinanciar, paralizar, obligar al exilio o cerrar a las organizaciones no gubernamentales que acompañan las luchas sociales. El actual repliegue y silencio de varias ONGs y espacios ambientalistas es una de las consecuencias más notorias de la LAEX.
Otro es el régimen de excepción. Sus cuatro años de implementación ininterrumpida aún cuando las pandillas ya fueron desarticuladas, también sugiere que uno de sus propósitos reales es mantener a la mayoría de la población con miedo e inmovilizada frente a amenazas tan terribles como la minería de metales. El régimen de excepción sería la principal política gubernamental de contención de la protesta social.
Entonces, si los intereses extractivistas están detrás de la persecución política, la vigencia de la LAEX y el mantenimiento del régimen de excepción, la lucha contra la minería metálica es también por la libertad de los presos políticos y el fin de la persecución, por la restauración del espacio cívico y por el restablecimiento de la legalidad, el debido proceso y las garantías ciudadanas suspendidas desde marzo de 2022.
GatoEncerrado: https://gatoencerrado.news/2026/06/17/mineria-y-persecucion-politica/
