The organizations grouped in the Regional Human Rights Monitoring Team for Central America denounced on Monday, June 8, the effects of the Foreign Agents Law on freedom of association and expression one year after it entered into force in El Salvador.
The Foreign Agents Law, in effect since June 7, 2025, imposes a 30% tax on foreign aid and includes fines and criminal penalties. It was promoted by President Nayib Bukele’s government, which accuses humanitarian organizations of being part of the “opposition.”
Organizations such as Cristosal, the Foundation for the Development of Social Sciences (Fudecso), the Foundation for the Study of the Application of Law (Fespad), the Association of Journalists of El Salvador (APES) and others have closed operations in El Salvador as a result of the law.
“We express our deep concern over the impacts this legislation has had on the exercise of human rights and fundamental freedoms, particularly freedom of association, freedom of expression, citizen participation and the defense of human rights,” said the NGOs grouped in the Regional Human Rights Monitoring Team for Central America in a statement released in San Salvador.
The closure of organizations, the reduction of work programs, the relocation of operations outside the country, and the forced displacement of human rights defenders and journalists are among the effects observed during the law’s first year in force, they said.
According to the organizations, the passage of this legislation “occurred in a context marked by the progressive deterioration of civic space, the concentration of power, the criminalization of critical voices and the weakening of democratic safeguards.”
They noted that organizations that managed to register as foreign agents “have faced new administrative burdens, oversight procedures, operational restrictions and additional costs,” leading to “staff reductions, fewer community projects or the suspension of initiatives aimed at historically excluded populations.”
“The need to maintain authorizations granted by the registry, which are subject to periodic renewal, has created dynamics of self-censorship incompatible with a democratic society,” the NGOs said.
As a result, “organizations and human rights defenders have chosen to limit public statements and press conferences, reduce advocacy activities or avoid reporting human rights violations for fear of losing their registration, facing administrative sanctions or becoming targets of state retaliation,” they added.
Denuncian impacto de Ley de Agentes Extranjeros en El Salvador a un año de su vigencia
Por EFE / La Prensa Gráfica
Las organizaciones aglutinadas en el Equipo Regional de Monitoreo de Derechos Humanos de Centroamérica denunciaron este lunes 8 de junio los efectos de la Ley de Agentes Extranjeros sobre la libertad de asociación y expresión a un año de su entrada en vigor en El Salvador.
La Ley de Agentes Extranjeros, que está en vigor desde el 7 de junio de 2025, grava con un impuesto del 30 % a la ayuda extranjera, contempla multas y sanciones penales, fue promovida por el gobierno del presidente Nayib Bukele, que acusa a las organizaciones humanitarias de ser de “oposición”.
Organizaciones como Cristosal, Fundación para el Desarrollo de las Ciencias Sociales (Fudecso), Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (Fesfad), Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), entre otras han cerrado operaciones en El Salvador a raíz de esta ley.
“Expresamos nuestra profunda preocupación por los impactos que esta normativa ha generado sobre el ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales, particularmente sobre la libertad de asociación, la libertad de expresión, la participación ciudadana y la defensa de derechos humanos”, expusieron las ONG aglutinadas en el Equipo Regional de Monitoreo de Derechos Humanos de Centroamérica en un comunicado difundido en San Salvador.
El cierre de organizaciones, la reducción de programas de trabajo, el traslado de operaciones fuera del país, y desplazamiento forzado de personas defensoras y periodistas están entre los efectos observados durante este primer año de vigencia de la legislación, sostuvieron.
De acuerdo con estas organizaciones, la aprobación de esta normativa “ocurrió en un contexto marcado por el progresivo deterioro del espacio cívico, la concentración de poder, la criminalización de voces críticas y el debilitamiento de las garantías democráticas”.
Destacaron que las organizaciones que lograron su inscripción como agentes extranjeros “han enfrentado nuevas cargas administrativas, procedimientos de control, restricciones operativas y costos adicionales”, lo que ha llevado a “la reducción de personal, la disminución de proyectos comunitarios o la suspensión de iniciativas dirigidas a poblaciones históricamente excluidas”.
La necesidad de conservar las autorizaciones dadas por el registro, sujetas a renovación periódica, ha generado dinámicas de autocensura incompatibles con una sociedad democrática”, indicaron las ONG.
Así, “organizaciones y personas defensoras han optado por limitar pronunciamientos públicos, conferencias de prensa, reducir actividades de incidencia o evitar denuncias relacionadas con violaciones a derechos humanos por temor a perder su registro, enfrentar sanciones administrativas o convertirse en objeto de represalias estatales”, apuntaron.

