The El Espino Controversy — La polémica de El Espino

Jun 6, 2026

A Love Song with False Notes
The controversy lays bare the consolidation of inequality and social exclusion. The existence of two very different countries is increasingly clear. The debate over El Espino draws a sharp line between them. — La polémica evidencia la consolidación de la desigualdad y la exclusión social. Cada vez es más claro la existencia de dos países muy diferentes. La discusión sobre El Espino delimita claramente sus fronteras.

The construction of a fair and convention center in El Espino — a strategic groundwater recharge area and, for that reason, a protected one — sparked protests and controversy. The ruling party stepped in to do damage control. One of its ministers claimed they wouldn’t deforest. But the images show otherwise. The Chinese embassy, the project’s sponsor, specified that only a third of the forest would be affected and promised green areas. The minister then appeared planting little trees alongside his fans. Meanwhile, the authorities responsible for overseeing environmental impact declared that in this case, the environmental study is “nonexistent.” The ruling party, therefore, responds to the protests in an improvised fashion.

The intervention of one of Bukele’s brothers gave the controversy a delusional tone. Annoyed with protesters unable to see what seems obvious to him, he pointed out that the corn and bean fields on the hillsides have deforested far more and, on top of that, yield little. He’s not entirely wrong, but the argument stops at the surface. Hillside smallholdings have been a widespread phenomenon ever since coffee, sugarcane, and cotton plantations stripped peasants of agricultural land and pushed them onto marginal land, poorly suited for subsistence farming. Agro-exports left them no other option.

Another consequence of the concentration of fertile land by the plantation economy was mass emigration to the outskirts of large cities. Here, too, formal employment was scarce, but informal work was plentiful. Many of these marginalized people, especially women, turned to informal commerce in the old downtowns of those cities. Today, the growing gentrification of those spaces has expelled them once again. Urban marginality also offered the opportunity to scrape by through crime, which reached unforeseen dimensions with the arrival of the gangs.

The peasants didn’t occupy the hillsides and migrate to the urban outskirts on a whim, nor did the marginalized invade city centers out of caprice. They were left with no alternative. Nor do they eat corn and beans by choice. The balanced diet recommended by Bukele’s brother is beyond their reach. Those who have benefited most from these displacements have always been a minority, but the human and environmental damage caused is incalculable. It isn’t only the peasants who have plundered the environment — the plantation economy has too, and to a far greater degree. It hoarded and overexploited scarce resources for a growing population. The insecticides and fertilizers used to boost its production left chronic kidney disease as a legacy among its workers.

Caught off guard by the scope of the protests on the eve of elections, the ruling party is incapable of understanding the harmful human and environmental consequences of agro-exports. Seduced by a new model of economic development, the ruling party repeats the pattern of the agro-exporters of the past. It persecutes and expels the marginalized masses who took refuge in informality without offering them real alternatives for a dignified life. Their marginality makes the administration uncomfortable and gets in its way, because it is the flip side of that model. The marginalized blemish, dirty, and degrade the spaces meant to be showcased as successes of Bukele’s model.

In El Espino or Valle El Ángel, the exclusion of the majority is playing out anew for the benefit of investors eager to find new sources to increase the profitability of their capital. The argument is the same as that of the plantation economy. Water stress, droughts, and floods will bear down mercilessly, as they usually do, on the vulnerable majority. All in the name of development, modernity, and the accelerated accumulation of capital.

The solution proposed by Bukele’s brother is as flimsy as the analysis. In effect, he first calls for concentrating land and introducing technology to “plant food forests.” But for that, he needs an agrarian reform — a measure he rules out, perhaps because it belongs to a supposedly bygone era. In any case, he fails to mention that in seven years, no government agency has promoted national agriculture or livestock farming. Perhaps that is why, second, he resigns himself to continuing to import the vast majority of the country’s food, which makes it even more dependent on the outside world.

The controversy lays bare the consolidation of inequality and social exclusion. The existence of two very different countries is increasingly clear. The debate over El Espino draws a sharp line between them. A few concentrate the means to lead a comfortable and carefree life, while the rest are disposable. Ideally, they would disappear and stop getting in the way. In Bukele’s El Salvador, they have no chance of living with dignity.

And yet, in these pre-election times, the ruling party visits their “territories” laden with small gifts — necessary because they lack everything, but insufficient, given that the precariousness is structural. It seeks to curry favor with the inhabitants, since it needs their votes to maintain the democratic fiction.

Rodolfo Cardenal

Director

Centro Monseñor Romero

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA)

San Salvador, El Salvador

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/opinion/la-polemica-de-el-espino/78884/2026/

La polémica de El Espino

Por Rodolfo Cardenal

La construcción de un centro de ferias y convenciones en El Espino, una zona de recarga hídrica estratégica y, por eso, protegida, suscitó protestas y polémica. El oficialismo entró al quite. Uno de sus ministros alegó que no deforestarían. Pero las imágenes muestran lo contrario. La embajada de China, patrocinadora del proyecto, especificó que solo afectarían una tercera parte del bosque y prometió zonas verdes. El ministro apareció entonces sembrando arbolitos junto con sus fans. Mientras tanto, las autoridades responsables de cuidar el impacto ambiental declararon que en este caso ese estudio es “inexistente”. El oficialismo, por tanto, reacciona a las protestas de manera improvisada.

La intervención de uno de los hermanos de Bukele imprimió un carácter delirante a la polémica. Molesto con unos protestantes incapaces de ver lo que a él le parece evidente, señaló que las milpas y las frijoleras de las laderas han deforestado mucho más y, además, rinden poco. Razón no le falta, pero el argumento se queda en las apariencias. El minifundio de las laderas es un fenómeno generalizado desde que la plantación de café, de caña de azúcar y de algodón despojó a los campesinos de la tierra agrícola y los empujó a la tierra marginal, poco apta para la agricultura de subsistencia. La agroexportación no les dejó otra opción.

Otra consecuencia de la concentración de la tierra fértil por la plantación fue la emigración masiva a los suburbios de las ciudades grandes. Aquí tampoco abundaba el empleo formal, pero sí el trabajo informal. Muchos de estos marginados, sobre todo las mujeres, se dedicaron al comercio informal en los antiguos centros de esas ciudades. En la actualidad, la creciente gentrificación de esos espacios los ha vuelto a expulsar. La marginalidad urbana ofreció también la oportunidad de malvivir de la delincuencia, que alcanzó dimensiones insospechadas con la llegada de las pandillas.

Los campesinos no ocuparon las laderas y emigraron a los suburbios urbanos, ni los marginados invadieron sus centros por capricho. No les dejaron alternativa. Tampoco se alimentan de maíz y frijoles por gusto. La dieta balanceada recomendada por el hermano de Bukele no está a su alcance. Los grandes favorecidos por estos desplazamientos siempre han sido una minoría, pero el daño humano y medioambiental causado es incalculable. No solo los campesinos han depredado el medioambiente, también y en mucho mayor medida la plantación. Acaparó y sobrexplotó unos recursos escasos para una población en expansión. El insecticida y los fertilizantes empleados para aumentar su producción dejaron como secuela deficiencia renal crónica en sus trabajadores.

Destanteado por el alcance de la protesta en vísperas de elecciones, el oficialismo es incapaz de comprender las nocivas consecuencias humanas y medioambientales de la agroexportación. Seducido por una nueva modalidad de desarrollo económico, el oficialismo repite el patrón de los agroexportadores del pasado. Persigue y expulsa a las masas marginadas que se refugiaron en la informalidad sin ofrecerles alternativas reales para vivir dignamente. Su marginalidad lo incomoda y le estorba por ser la otra cara de ese modelo. Los marginados afean, ensucian y degradan los espacios destinados a ser exhibidos como éxitos del modelo de Bukele.

En El Espino o el Valle El Ángel se actualiza la exclusión de las mayorías en beneficio de inversionistas deseosos de encontrar nuevas fuentes para aumentar la rentabilidad de sus capitales. El argumento es el mismo de la plantación. El estrés hídrico, las sequias y las inundaciones se ensañarán, tal como suele ocurrir, con las mayorías vulnerables. Todo en nombre del desarrollo, la modernidad y la acumulación acelerada de capital.

La solución propuesta por el hermano de Bukele es tan inconsistente como el análisis. En efecto, en primer lugar, pide concentrar la tierra e introducir tecnología para “sembrar bosques de comida”. Pero para eso necesita una reforma agraria, medida que descarta, quizás por ser de un pasado supuestamente superado. En cualquier caso, omite mencionar que en siete años ninguna dependencia gubernamental ha promovido la agricultura y la ganadería nacional. Tal vez por eso, en segundo lugar, se resigna a seguir importando la inmensa mayoría de los alimentos, lo cual hace al país aún más dependiente del exterior.

La polémica evidencia la consolidación de la desigualdad y la exclusión social. Cada vez es más claro la existencia de dos países muy diferentes. La discusión sobre El Espino delimita claramente sus fronteras. Los menos concentran los medios para llevar una vida cómoda y despreocupada, mientras que los demás son descartables. Ideal sería que desaparecieran y así dejaran de estorbar. En El Salvador de Bukele no tienen posibilidades para vivir dignamente.

Sin embargo, en los tiempos prelectorales que corren, el oficialismo visita sus “territorios” cargado de pequeños obsequios, necesarios porque falta de todo, pero insuficientes, dado que la precariedad es estructural. Busca congraciarse con sus habitantes, pues sus votos para mantener la ficción democrática.

Rodolfo Cardenal

Director

Centro Monseñor Romero

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA)

San Salvador, El Salvador

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/opinion/la-polemica-de-el-espino/78884/2026/