Renting a house or apartment has become, for many Salvadorans, a goal as difficult as — or even harder than — buying a home of their own.
On platforms like Marketplace, one of the main digital spaces where Salvadorans check rental prices, listings for apartments and rooms abound. However, many of these options are out of reach because of their cost. Furthermore, for many users, the prices do not match the conditions or sizes of the properties being offered.
Although prices vary by location, listings show cramped spaces between 20 and 30 square meters, shared rooms, or apartments with few utilities included, advertised at prices that just a few years ago would have covered much larger or fully equipped homes.
Many of these spaces are no longer simply advertised as “rooms” or “small apartments,” but rather under terms like “loft,” “studio,” or “mini-apartment” — concepts associated with a new, modern urban lifestyle.
Listings on Marketplace include, for example, a room for $350 in the Layco neighborhood; a furnished studio for $425 in La Miralvalle; and a mini-apartment for $500 with utilities included in Los Planes de Renderos. In Santa Tecla, a mini-apartment is listed for $440 all-inclusive, and another in Antiguo Cuscatlán goes for $450.
Most of these small apartments consist solely of a bedroom, a bathroom, and a makeshift area that serves as a kitchen, living room, or dining space. Many lack private or even shared parking. Some include basic utilities like water, electricity, and internet in the rental price, and most require an upfront deposit for contracts of six months to a year.
For Adela Murillo, the rent she pays for her studio apartment is much lower than what she would pay for a full apartment or a house.
“Rents for houses in this country have gone up way too much. They run between $900 and $1,200, plus security fees. On a base salary, that’s a lot of money for a person living alone,” she said.
By contrast, the studio she pays over $400 for is already furnished and close to her job in Antiguo Cuscatlán.
But for Carmen Morales, who lives in the western part of the country, the cost of renting an apartment became unsustainable. Before 2021, she paid $250 for a full apartment, but after that year, her rent started going up, leaving her no choice but to rent a room.
However, after losing her steady job, she decided to move back home because her income was no longer stable enough to afford housing in San Salvador. “I decided to come back because, without a steady job, it’s impossible to rent — everything is super expensive,” she said.
Homes divided to generate more income
Part of this supply comes from large homes that have been modified or subdivided by their owners to generate more income. In many cases, family homes have been adapted to create multiple independent rental spaces, especially in high-demand urban areas.
These apartments are typically rented by university students from outside San Salvador who have decided to move to avoid long commutes. They are also sought after by young newlyweds or young people looking to move out of their parents’ homes. However, the rent usually exceeds what they can afford.
This challenge is not limited to housing. High rental costs are also starting to impact small businesses and entrepreneurs, who face steep prices for commercial spaces, small offices, or makeshift spaces in urban areas. In some cases, rent costs represent an unsustainable burden for family businesses.
For that reason, many small business owners are teaming up to share a rental space so they can display their products without exceeding their operating costs.
Housing — both for purchase and for rent — has become one of the biggest concerns for Salvadorans in recent years. The growing perception of safety has driven up home and rental prices across the country. At the same time, El Salvador is experiencing a real estate boom marked by new high-cost developments, purchased primarily by the diaspora and investors.
“Rento una habitación por $500”: el desafío de los jóvenes salvadoreños para alquilar vivienda en San Salvador
Por Karen Molina
Rentar una casa o un apartamento se ha convertido, para muchos salvadoreños, en una meta tan difícil, o incluso más, que adquirir una vivienda propia.
En plataformas como Marketplace, uno de los principales espacios digitales donde los salvadoreños consultan precios de alquiler, abundan las ofertas de apartamentos y habitaciones; sin embargo, gran parte de estas opciones resultan inaccesibles por su costo. Para muchos usuarios, además, los precios no corresponden a las condiciones o dimensiones de los inmuebles ofertados.
Aunque los valores varían según la ubicación, las publicaciones muestran espacios reducidos de entre 20 y 30 metros cuadrados, habitaciones compartidas o apartamentos con pocos servicios incluidos, anunciados a precios que hace algunos años correspondían a viviendas mucho más amplias o completas.
Muchos de estos espacios ya no se anuncian simplemente como “cuartos” o “apartamentos pequeños”, sino bajo términos como “loft”, “monoambiente” o “mini apartamento”, conceptos asociados a un nuevo estilo de vida urbano y moderno.
Entre las ofertas que se pueden ver en Marketplace está, por ejemplo, una habitación por $350 en la colonia Layco, en La Miralvalle se ofrece un estudio por $425 ya amueblado y en Los Planes de Renderos se ofrece un mini apartamento a $500 con los servicios incluidos. En Santa Tecla, se ofrece un mini apartamento por $440 con todo incluido y otro por $450 en Antiguo Cuscatlán.
La mayoría de estos pequeños apartamentos constan únicamente de una habitación, un baño y una zona improvisada que funciona como cocina, sala o comedor. Muchos no cuentan con parqueo privado ni compartido. Algunos incluyen en el precio del alquiler el pago de servicios básicos como agua, energía eléctrica e internet, y la mayoría exige un depósito como adelanto para contratos de seis meses a un año.
Para Adela Murillo, el precio que paga por el apartamento estudio en el que vive es mucho más bajo que el de un apartamento completo o una casa.
“El alquiler de las casas en este país ha aumentado demasiado. Andan entre $900 y $1,200 más el pago de la vigilancia. Para tener un sueldo base, es mucha plata para una persona que vive sola”, afirmó.
En cambio el estudio por el que paga más de $400 ya está amueblado y queda cerca de su trabajo, en Antiguo Cuscatlán.
Pero para Carmen Morales, que vive en el occidente del país, el precio por alquilar un apartamento comenzó a ser insostenible. Antes de 2021 pagaba $250 por un apartamento completo, pero después de ese año, comenzaron a subirle el alquiler y no tuvo otra opción que alquilar una habitación.
Sin embargo, luego de perder su trabajo fijo, decidió regresar a su casa pues sus ingresos ya no eran lo suficientemente estables como para costear una vivienda en San Salvador. “Decidí venirme porque, sin un empleo fijo, es imposible poder alquilar porque todo está súper caro”, afirmó.
Casas divididas para generar más ingresos
Parte de esta oferta surge de viviendas grandes que han sido modificadas o subdivididas por sus propietarios para generar mayores ingresos. En muchos casos, casas familiares han sido adaptadas para crear varios espacios independientes destinados al alquiler, especialmente en zonas urbanas con alta demanda.
Estos apartamentos suelen ser alquilados por estudiantes universitarios que viven fuera de San Salvador y que han decidido mudarse para evitar largos tiempos de traslado. También son buscados por parejas jóvenes recién casadas o por jóvenes que buscan independizarse de sus padres. Sin embargo, su precio suele exceder los ingresos que estos pueden pagar.
Esta dificultad no se limita a la vivienda. Los altos costos de alquiler también comienzan a impactar a pequeños negocios y emprendedores, que enfrentan precios elevados por locales comerciales, oficinas pequeñas o espacios improvisados en zonas urbanas. En algunos casos, los costos de renta representan una carga difícil de sostener para negocios familiares.
Por esa razón, muchos pequeños empresarios se asocian para alquilar un local entre ellos y así poder exhibir sus productos, sin que esto rebase sus costos operativos.
La vivienda, tanto para compra como para alquiler, se ha convertido en uno de los temas de mayor preocupación para los salvadoreños en los últimos años. La creciente percepción de seguridad ha impulsado el aumento en los precios de las viviendas y los alquileres en el país. Al mismo tiempo, El Salvador vive un boom inmobiliario marcado por nuevas construcciones de alto costo, adquiridas principalmente por la diáspora y por inversionistas.
