Analysis / HIV statistics should not be treated as inventories, but as indicators of health threats — Análisis/Estadísticas sobre VIH no deben tratarse como inventarios, sino como indicadores de amenazas sanitarias

May 22, 2026

Analysis / HIV statistics should not be treated as inventories, but as indicators of health threats
The difference between a modern health system and a backward one lies not in how many bulletins it publishes, but in the scientific depth with which it interprets its data — La diferencia entre un sistema sanitario moderno y uno atrasado no está en cuántos boletines publica, sino en la profundidad científica con la que interpreta sus datos

For years, HIV/AIDS statistics in El Salvador have been presented as if someone were listing inventory rather than interpreting health threats. New cases are announced, departments are compared, and epidemiological headlines are built on raw figures that, technically speaking, often say very little — and epidemiologically, may say something misleading.

Reporting fifty cases in a densely populated department is not the same as reporting twenty in one with a small population and high territorial dispersion. Nor is it scientifically valid to compare San Salvador with Cabañas or Morazán without first adjusting for demographic, age, and social differences. Yet all too often, simple calculator epidemiology continues to be practiced instead of population epidemiology.

The crude rate has an enormous limitation: it measures volume, but not necessarily risk. And in public health, confusing the two can distort national priorities, misallocate resources, and create false perceptions about where the problem is actually concentrated.

Modern epidemiology requires population standardization (which is nothing new). It means comparing populations under equivalent conditions, eliminating the effect of variables like age and sex. Put another way: answering what would happen if every department had exactly the same population structure. Only then does the comparison acquire scientific rigor.

For HIV/AIDS, this is even more important. The disease does not affect all age groups uniformly. There are clear concentrations among young, economically active populations, along with significant differences by sex, migration, urbanization, and access to diagnosis. For this reason, claiming that a department “has more HIV” solely because it reports more absolute cases is a technically poor simplification.

It could happen, for example, that a department with fewer absolute cases actually has a higher standardized rate and, therefore, a greater epidemiological risk. That is where serious public health stops counting the sick and truly begins interpreting phenomena.

El Salvador urgently needs to modernize its epidemiological surveillance and abandon the statistical comfort of isolated crude rates.

First, the Ministry of Health should publish national standardized rates by age and sex for all diseases of epidemiological importance, particularly HIV/AIDS, tuberculosis, maternal mortality, and chronic diseases.

Second, universities and public health training programs must strengthen the teaching of applied biostatistics and analytical epidemiology. An epidemiologist cannot limit themselves to building descriptive tables; they must interpret risk, causality, and population behavior.

Third, budgetary and territorial decisions must be based on adjusted risk and not solely on the absolute number of cases. Epidemiology serves precisely to identify where risk is greatest even when the apparent volume is lower.

Because raw numbers impress; standardized rates explain. And an epidemiologist’s obligation is not to count the sick as if keeping an administrative inventory, but to interpret risk scientifically before reality ends up disproving the statistics.

Physician.

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/noticias/nacionales/analisis-medico-el-salvador-urge-modernizar-su-vigilancia-epidemiologica/76658/2026/

Análisis/Estadísticas sobre VIH no deben tratarse como inventarios, sino como indicadores de amenazas sanitarias

Por Ricardo Lara

Durante años, las estadísticas del VIH-Sida en El Salvador han sido presentadas como quien enumera inventarios y no como quien interpreta amenazas sanitarias. Se anuncian casos nuevos, se comparan departamentos y se construyen titulares epidemiológicos con cifras crudas que, técnicamente, muchas veces dicen poco y epidemiológicamente pueden decir algo equivocado.

No es lo mismo reportar cincuenta casos en un departamento densamente poblado que veinte en uno con baja población y alta dispersión territorial. Tampoco es científicamente válido comparar San Salvador con Cabañas o Morazán sin ajustar previamente las diferencias demográficas, etarias y sociales. Sin embargo, con demasiada frecuencia se continúa haciendo epidemiología de calculadora simple y no epidemiología poblacional.

La tasa cruda tiene una enorme limitación: mide volumen, pero no necesariamente riesgo. Y en salud pública, confundir ambas cosas puede distorsionar prioridades nacionales, dirigir mal los recursos y crear percepciones equivocadas sobre dónde realmente se concentra el problema.

La epidemiología moderna exige estandarización poblacional (que no es nada nuevo). Significa comparar poblaciones bajo condiciones equivalentes, eliminando el efecto de variables como edad y sexo. Dicho de otra manera: responder qué ocurriría si todos los departamentos tuvieran exactamente la misma estructura poblacional. Solo entonces la comparación adquiere rigor científico.

En VIH-Sida esto es todavía más importante. La enfermedad no afecta homogéneamente a todos los grupos etarios. Existen concentraciones claras entre población joven económicamente activa, diferencias importantes por sexo, migración, urbanización y acceso diagnóstico. Por ello, afirmar que un departamento “tiene más VIH” únicamente porque reporta más casos absolutos constituye una simplificación técnicamente pobre.

Podría ocurrir, por ejemplo, que un departamento con menos casos absolutos tenga en realidad una mayor tasa estandarizada y, por lo tanto, un riesgo epidemiológico superior. Allí es donde la salud pública seria deja de contar enfermos y empieza verdaderamente a interpretar fenómenos.

El Salvador necesita urgentemente modernizar su vigilancia epidemiológica y abandonar la comodidad estadística de las tasas crudas aisladas.

Primero, el Ministerio de Salud debería publicar tasas estandarizadas nacionales por edad y sexo para todas las enfermedades de importancia epidemiológica, particularmente VIH-Sida, tuberculosis, mortalidad materna y enfermedades crónicas.

Segundo, las universidades y programas de formación en salud pública deben fortalecer la enseñanza de bioestadística aplicada y epidemiología analítica. Un epidemiólogo no puede limitarse a construir tablas descriptivas; debe interpretar riesgo, causalidad y comportamiento poblacional.

Tercero, las decisiones presupuestarias y territoriales deben basarse en riesgo ajustado y no únicamente en número absoluto de casos. La epidemiología sirve precisamente para identificar dónde el riesgo es mayor aunque el volumen aparente sea menor.

Porque los números crudos impresionan; las tasas estandarizadas explican. Y la obligación de un epidemiólogo no es contar enfermos como quien lleva inventario administrativo, sino interpretar científicamente el riesgo antes de que la realidad termine desmintiendo las estadísticas.

Médico.

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/noticias/nacionales/analisis-medico-el-salvador-urge-modernizar-su-vigilancia-epidemiologica/76658/2026/