Power and Moral Blindness — Poder y ceguera moral

Apr 28, 2026

A society subjected to abusive intimidation tends to seek refuge in simplifications, repeated sayings, and authority figures who promise security, even if those promises are illusory or destructive. — Una sociedad sometida a intimidación abusiva tiende a buscar refugio en simplificaciones, dichos que se repiten y figuras de autoridad que prometen seguridad, aunque esas promesas sean ilusorias o destructivas.

Dietrich Bonhoeffer was captured in 1943, the same year Hitler marked his first decade in power. Around that anniversary, he had circulated among his friends a treatise titled “After Ten Years.” It was a retrospective look at what had happened to Germany, the church, the institutions, and people’s moral conscience.

Bonhoeffer wondered why Germans and their institutions had not resisted Hitler’s evident anti-democratic actions. If they were an educated people, how was it possible that they had so enthusiastically embraced hatred and authoritarianism in support of a compulsive liar? How can one explain that people with completed university studies, and even doctorates, displayed such blind fanaticism that it had turned them into Nazi leaders? Why did the German population show such blindness in the face of inhumanity and atrocities?

For Bonhoeffer, this was not a problem of ignorance, but an ethical one that arose, under certain conditions, through the influence of power. He called that condition “stupidity.” But he did not use the term in an offensive sense, nor to refer to a lack of intelligence, but to a moral inability to reason critically, combined with a dangerous tendency to accept dogmas, orders, or beliefs without questioning them. The problem was moral and not intellectual, which made it much more dangerous.

Bonhoeffer wrote: “Stupidity is a more dangerous enemy of the good than evil.” Because evil can be unmasked and confronted; however, moral incapacity does not respond to logic, arguments, or evidence. An evil person can act rationally in pursuit of their objectives, but a morally nullified person acts without understanding the consequences of their actions, convinced of their righteousness.

This reflection addresses moral incapacity as a collective phenomenon closely linked to the power of propaganda and to the loss of critical autonomy. When a group or an individual submits to power, they tend to relinquish their critical capacity, not because they lack it, but because they stop using it. Stupidity flourishes under authoritarian power structures and manifests itself both in individuals and in entire societies, where power uses propaganda, intimidation, and emotional manipulation to establish uncritical conformity.

This loss of moral sensitivity is chiefly collective. An isolated person may show greater critical capacity, but, in a group, social dynamics and environmental pressures tend to reduce that capacity. This phenomenon can be seen in mass movements, where individuals’ behavior is homogenized and decisions are made more by imitation or impulse than by reflection.

Moral deficiency is not corrected with logical arguments or evidence. “Stupid people,” Bonhoeffer says, “are not interested in the truth; they are trapped in an ideological bubble that rejects any information that contradicts their worldview.”

Although Bonhoeffer wrote in another time, the spread of disinformation and polarization on today’s social media could be considered new forms of collective stupidity. Ethical weakness reduces the complexity of the world to simplistic formulas. Everything is reduced to us against them, good against evil, or truth against lies, with no room for nuance or doubt. Those who consume without questioning what is presented to them as truth end up acting as instruments of power. Here ignorance is not innocent: it is complicit.

Stupidity is not an inevitable condition, but overcoming it requires deep ethical and educational work. The key is to form people who are decidedly honest. True education fosters critical thinking and ethical responsibility. People must learn to question norms, ideologies, and authority figures when necessary. This requires active citizenship, committed to truth and justice. In the face of collective immorality, Bonhoeffer advocates communities based on solid Christian values, where truth and responsibility are central, and where each person is guided by respect for human dignity and not by advertising slogans.

Senior Pastor of Misión Cristiana Elim.

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/opinion/poder-y-ceguera-moral/72598/2026/

Poder y ceguera moral

Por Mario Vega

Dietrich Bonhoeffer fue capturado en 1943, el mismo año en que Hitler cumplía su primera década en el poder. Cerca de esa efeméride, había hecho circular entre sus amigos un tratado titulado «Diez años después». Se trataba de una mirada retrospectiva de lo que había sucedido con Alemania, la iglesia, las instituciones y la conciencia moral de la gente.

Bonhoeffer se preguntaba por qué los alemanes y sus instituciones no habían resistido las evidentes acciones antidemocráticas de Hitler. Si eran un pueblo educado, ¿cómo era posible que hubieran abrazado con tanto entusiasmo el odio y el autoritarismo en apoyo de un mentiroso compulsivo? ¿Cómo explicar que personas con estudios universitarios completos, e incluso con doctorados, mostraran un fanatismo tan ciego que las había convertido en jerarcas nazis? ¿Por qué la población alemana mostraba tanta ceguera frente a la inhumanidad y las atrocidades?

Para Bonhoeffer, no se trataba de un problema de ignorancia, sino de uno ético que surgía, bajo ciertas condiciones, por la influencia del poder. A esa condición la llamó «estupidez». Pero él no usaba ese término en un sentido ofensivo, ni tampoco para referirse a la falta de inteligencia, sino a una incapacidad moral para razonar críticamente, combinada con una peligrosa tendencia a aceptar dogmas, órdenes o creencias sin cuestionarlos. El problema era moral y no intelectual, lo cual lo volvía mucho más peligroso.

Bonhoeffer escribió: «La estupidez es un enemigo más peligroso para el bien que la maldad». Porque el mal puede ser desenmascarado y enfrentado; sin embargo, la incapacidad moral no responde a la lógica, a los argumentos ni a la evidencia. Una persona malvada puede actuar de manera racional en busca de sus objetivos, pero una persona moralmente anulada actúa sin comprender las consecuencias de sus acciones, convencida de su rectitud.

Esta reflexión aborda la incapacidad moral como un fenómeno colectivo estrechamente vinculado al poder de la propaganda y a la pérdida de la autonomía crítica. Cuando un grupo o un individuo se somete al poder, tiende a renunciar a su capacidad crítica, no porque carezca de ella, sino porque deja de utilizarla. La estupidez florece bajo estructuras de poder autoritario y se manifiesta tanto en individuos como en sociedades enteras, donde el poder utiliza propaganda, intimidación y manipulación emocional para instaurar un conformismo acrítico.

Esta pérdida de la sensibilidad moral es principalmente colectiva. Una persona aislada puede mostrar mayor capacidad crítica, pero, en grupo, las dinámicas sociales y las presiones del entorno tienden a reducir esa capacidad. Este fenómeno puede observarse en movimientos de masas, donde el comportamiento de los individuos se homogeniza y las decisiones se toman más por imitación o impulso que por reflexión.

La carencia moral no se corrige con argumentos lógicos ni con evidencia. «Las personas estúpidas», dice Bonhoeffer, «no están interesadas en la verdad; están atrapadas en una burbuja ideológica que rechaza cualquier información que contradiga su visión del mundo».

Aunque Bonhoeffer escribió en otro tiempo, la propagación de la desinformación y la polarización en las redes sociales de hoy podrían considerarse nuevas formas de estupidez colectiva. La debilidad ética reduce la complejidad del mundo a fórmulas simplistas. Todo se reduce a nosotros contra ellos, bien contra mal o verdad contra mentira, sin espacio para matices o dudas. Quienes consumen sin cuestionar lo que se les presenta como verdad terminan actuando como instrumentos del poder. Aquí la ignorancia no es inocente: es cómplice.

La estupidez no es una condición inevitable, pero su superación requiere un trabajo ético y educativo profundo. La clave está en formar personas que sean decididamente honestas. La verdadera educación fomenta el pensamiento crítico y la responsabilidad ética. Las personas deben aprender a cuestionar las normas, las ideologías y las figuras de autoridad cuando sea necesario. Para ello se requiere una ciudadanía activa, comprometida con la verdad y la justicia. Frente a la inmoralidad colectiva, Bonhoeffer aboga por comunidades basadas en valores cristianos sólidos, donde la verdad y la responsabilidad sean centrales, y donde cada persona sea guiada por el respeto a la dignidad humana y no por consignas publicitarias.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim.

El Diario de Hoy: https://www.eldiariodehoy.com/opinion/poder-y-ceguera-moral/72598/2026/