By Thomas Graham
The draconian mass incarceration policy of El Salvador’s president, Nayib Bukele, may have led to crimes against humanity, according to a new study by legal experts.
By locking up 1.4% of the population without due process, Bukele turned El Salvador from one of Latin America’s most violent countries into one of its least violent – but at the cost of human rights and the rule of law.
The report, compiled by an international group of experts assembled by a group of international human rights organisations, documents the arbitrary imprisonment, torture, murder and forced disappearances that have taken place under the state of exception that began four years ago, describing them as “the result of a policy known and promoted by the highest levels of government”.
Given these widespread and systematic attacks on the civilian population, the authors conclude there are “reasonable grounds” to believe that crimes against humanity are being committed, urging the United Nations to create an international mission to investigate.
“The state must protect citizens from organised crime – but with the law, and with respect for human rights,” said Santiago Canton, co-author of the report and general secretary of the International Commission of Jurists.
El Salvador has been in a state of exception since 2022, when Bukele suspended constitutional rights and unleashed security forces to take on MS-13 and Barrio 18, gangs that brutalised Salvadorian society for decades.
Roughly 90,000 people have been arrested since then. Most are being held in pretrial detention, in grim conditions. Human rights organisations believe thousands without any ties to gangs have been swept up and have documented more than 400 deaths in custody.
Many are in the Terrorism Confinement Centre (Cecot), a showpiece mega-prison built by Bukele specifically for gang members – and also where the Trump administration paid to hold more than 252 Venezuelan migrants it expelled, who have since spoken of the abuse and torture they faced before being sent back to Venezuela as part of a prisoner swap.
Bukele’s mass arrests broke the gangs’ territorial grip, brought homicides down and gave most Salvadorians a kind of freedom they hadn’t known for years. In 2024, they voted to give him an unconstitutional second consecutive term.
The “Bukele model” and its promise of security and popularity have won him admirers among leaders in Latin America and beyond.
“It has had a huge impact,” said Canton. “Governments – mostly the new right that we are seeing, but also some from the left – are using it as an example. Go to any country that has elections and Bukele is there on the streets.”
In Chile, the incoming president, José Antonio Kast, recently described El Salvador as “a lighthouse in a world roiled by organised crime”.
But Bukele has at the same time dismantled checks and balances on his power, firing judges who oppose him, changing the electoral system in his favour, and persecuting critics in civil society and the press, many of whom are now in exile.
That includes Cristosal, a leading human rights organisation in Central America, which relocated to Guatemala last July after its chief anti-corruption investigator, Ruth López, was arrested.
Almost a year later, López remains in prison – along with another 85 political prisoners, according to Cristosal.
Meanwhile, El Salvador’s congress, which is almost entirely dominated by Bukele’s party, has scrapped presidential term limits, paving the way for Bukele to seek indefinite re-election.
“It took us decades to build democracy in all these countries,” said Canton. “And the Bukele model that these Latin American politicians are lauding ultimately implies its destruction.”
The Guardian: https://www.theguardian.com/world/2026/mar/11/el-salvador-mass-incarceration-crimes-against-humanity-study
La política de arrestos masivos de El Salvador podría haber derivado en crímenes de lesa humanidad, revela un estudio
Por Thomas Graham
La draconiana política de encarcelamiento masivo del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, podría haber derivado en crímenes de lesa humanidad, según un nuevo estudio elaborado por expertos legales.
Al encerrar al 1.4 % de la población sin el debido proceso, Bukele transformó a El Salvador de uno de los países más violentos de América Latina en uno de los menos violentos, pero a costa de los derechos humanos y el Estado de derecho.
El informe, elaborado por un grupo internacional de expertos convocado por un conjunto de organizaciones internacionales de derechos humanos, documenta el encarcelamiento arbitrario, la tortura, los asesinatos y las desapariciones forzadas que han tenido lugar bajo el régimen de excepción que comenzó hace cuatro años, y los describe como “el resultado de una política conocida y promovida desde los más altos niveles del gobierno”.
Ante estos ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil, los autores concluyen que existen “motivos razonables” para creer que se están cometiendo crímenes de lesa humanidad, e instan a las Naciones Unidas a crear una misión internacional para investigar.
“El Estado debe proteger a los ciudadanos del crimen organizado, pero con la ley y con respeto a los derechos humanos”, dijo Santiago Canton, coautor del informe y secretario general de la Comisión Internacional de Juristas.
El Salvador ha estado bajo un régimen de excepción desde 2022, cuando Bukele suspendió los derechos constitucionales y desató a las fuerzas de seguridad para enfrentarse a la MS-13 y Barrio 18, pandillas que brutalizaron a la sociedad salvadoreña durante décadas.
Aproximadamente 90.000 personas han sido arrestadas desde entonces. La mayoría se encuentra en prisión preventiva, en condiciones deplorables. Las organizaciones de derechos humanos creen que miles de personas sin ningún vínculo con las pandillas han sido capturadas en las redadas, y han documentado más de 400 muertes bajo custodia.
Muchos se encuentran en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), una megaprisión emblemática construida por Bukele específicamente para pandilleros, y también el lugar donde el gobierno de Trump pagó para recluir a más de 252 migrantes venezolanos que había expulsado, quienes desde entonces han hablado de los abusos y torturas que sufrieron antes de ser devueltos a Venezuela como parte de un intercambio de prisioneros.
Los arrestos masivos de Bukele rompieron el control territorial de las pandillas, redujeron los homicidios y le dieron a la mayoría de los salvadoreños una especie de libertad que no habían conocido en años. En 2024, votaron para otorgarle un segundo mandato consecutivo inconstitucional.
El “modelo Bukele” y su promesa de seguridad y popularidad le han ganado admiradores entre líderes de América Latina y otras partes del mundo.
“Ha tenido un impacto enorme”, señaló Canton. “Los gobiernos —principalmente la nueva derecha que estamos viendo, pero también algunos de izquierda— lo están usando como ejemplo. Vaya a cualquier país que tenga elecciones y Bukele está ahí en las calles”.
En Chile, el presidente entrante, José Antonio Kast, describió recientemente a El Salvador como “un faro en un mundo convulsionado por el crimen organizado”.
Pero, al mismo tiempo, Bukele ha desmantelado los frenos y contrapesos a su poder, destituyendo a jueces que se le oponen, modificando el sistema electoral a su favor y persiguiendo a críticos de la sociedad civil y la prensa, muchos de los cuales se encuentran ahora en el exilio.
Eso incluye a Cristosal, una destacada organización de derechos humanos en Centroamérica, que se trasladó a Guatemala en julio pasado después de que su principal investigadora anticorrupción, Ruth López, fuera arrestada.
Casi un año después, López permanece en prisión, junto con otros 85 presos políticos, según Cristosal.
Mientras tanto, el congreso de El Salvador, dominado casi en su totalidad por el partido de Bukele, ha eliminado los límites de los mandatos presidenciales, allanando el camino para que Bukele busque la reelección indefinida.
“Nos tomó décadas construir la democracia en todos estos países”, dijo Canton. “Y el modelo Bukele que estos políticos latinoamericanos están alabando implica, en última instancia, su destrucción”.
The Guardian: https://www.theguardian.com/world/2026/mar/11/el-salvador-mass-incarceration-crimes-against-humanity-study
