Journalist Carlos Dada has been forced to run El Faro from exile — El Salvador’s preeminent investigative newspaper and one of the world’s digital journalism pioneers when he co-founded it with fellow reporters in 1998. His experience of harassment at the hands of the Nayib Bukele government offers sobering lessons for an increasingly authoritarian world.
The award-winning journalist was chosen to deliver this Monday’s annual lecture at the Reuters Institute for the Study of Journalism at the University of Oxford, the event at which every March a leading figure in international journalism reflects on the pressing challenges of the moment. Dada titled his talk “Journalism as Resistance.” Here is the full text of the speech, translated into Spanish.
A significant portion of Dada’s address focused on the popular success of politically charged messages riddled with falsehoods that spread across social media, pitted against the painstaking journalistic work of verifying and publishing the facts.
“Dictators like Bukele need lies to survive. We all know that playbook. What makes Bukele different is his ability to turn those lies into a successful narrative that instantly goes viral on social media platforms,” Dada said during his speech.
The journalist cited a 2025 poll in Chile in which half the Chilean population named Bukele as the politician they most admired — a phenomenon increasingly common in Latin American countries far removed from El Salvador and largely disconnected from its reality. “How do you explain that a worker on the outskirts of Santiago keeps Bukele so top of mind? Because Bukele’s propaganda shows up on his phone every single day,” Dada explained, pointing to “cinematic” videos about gangs or of Bukele lecturing soldiers and police officers “with studio lighting.”
“Were it not for journalism and human rights organizations, his propaganda would go unchallenged,” Dada explained. He has personally endured surveillance extending to the infiltration of his phone with the Israeli spyware Pegasus, as has much of the El Faro staff. “The pursuit of truth has become a subversive activity.”
Harassment and Espionage
In February 2020, nine months after taking office, Bukele stormed into the Legislative Assembly surrounded by combat-ready soldiers and armed police officers and threatened to dissolve it. El Faro’s editorial at the time was headlined “Dictatorial Ways,” and Bukele launched a campaign against the newspaper, its journalists, and its advertisers — an offensive denounced by human rights organizations and by both Democrats and Republicans in the United States Congress. El Faro continued its work and exposed cases of corruption while the government’s harassment persisted, including through so-called troll farms on social media.
The newspaper was forced to relocate its corporate domicile to Costa Rica in 2023, and reporters facing threats of arrest and other reprisals have gradually had to leave the country. It is an experience that mirrors that of other media outlets and journalists in Nicaragua, Guatemala, and Venezuela.
While they were still holding the line in their own country, El Faro journalists began noticing “suspicious people” outside their homes, and the surveillance escalated to a drone that flew through a window of Dada’s house. The phones of more than two dozen journalists were hacked for over a year using Pegasus spyware developed by the Israeli defense firm NSO Group, against which El Faro has a lawsuit still pending. “When we made it public, we lost the majority of our sources — essential to the practice of journalism, especially under autocratic and opaque regimes,” Dada recalled in his Oxford address. “It was the definitive proof that the price of practicing journalism had risen significantly.”
El Faro continues to operate and publish investigations into Bukele’s pacts with gangs, torture in prisons, and the erosion of democracy.
This stands in stark contrast to the claims made just days ago in Madrid by Salvadoran Vice President Félix Ulloa regarding these very matters, in a series of interviews in which, according to Dada, “he was lying” because “he was perfectly aware of the evidence.” Bukele’s second-in-command also met with the leader of the Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. The abuses Dada described have also been extensively documented by Amnesty International, Human Rights Watch, and other international organizations.
The Salvadoran journalist acknowledged the limits of journalistic work in a society that embraces authoritarianism. “Even so, what we do remains worthwhile. If only to leave a record for future generations so they can better understand what the hell happened in our times,” Dada said. “That way, the lies will not be all that remains.”
Carlos Dada, director de ‘El Faro’: “Lo que hace a Bukele diferente es su capacidad para convertir mentiras en un relato viral”
El periodista Carlos Dada se ha visto obligado a dirigir desde el exilio El Faro, el gran periódico de investigación de El Salvador y uno de los pioneros digitales en el mundo cuando lo fundó con otros reporteros en 1998. Su experiencia de acoso por parte del Gobierno de Nayib Bukele ofrece algunas lecciones para un mundo cada vez más autoritario.
El premiado periodista fue el encargado de impartir este lunes la conferencia anual del Instituto Reuters para el estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford, la cita en la que cada marzo un referente del periodismo internacional reflexiona sobre los retos del momento. Dada tituló su charla “”Journalism as Resistance“ (periodismo como resistencia). Aquí el texto del discurso completo, traducido en español.
Parte del discurso de Dada se centró en el éxito popular de mensajes políticos difundidos en redes y plagados de falsedades frente al trabajo periodístico concienzudo para comprobar y publicar los hechos.
“Los dictadores como Bukele necesitan mentiras para sobrevivir. Todos conocemos ese manual. Lo que hace a Bukele diferente es su capacidad para convertir esas mentiras en un relato exitoso que se vuelve viral de inmediato en las plataformas de redes sociales”, dijo Dada durante su discurso.
El periodista citó una encuesta de 2025 en Chile según la cual la mitad de la población chilena nombraba a Bukele como el político que más admiraba, algo cada vez más frecuente en países latinoamericanos alejados de El Salvador y poco conectados con su experiencia. “¿Cómo explicas que un obrero de las afueras de Santiago tenga a Bukele tan presente? Porque la propaganda de Bukele aparece todos los días en su teléfono”, explicó Dada, que señaló vídeos “cinematográficos” sobre pandillas o de Bukele aleccionando a soldados y policías “con iluminación de estudio”.
“Si no fuera por el periodismo y organizaciones de derechos humanos, su propaganda no sería cuestionada”, explicó Dada, que ha sufrido personalmente hasta el espionaje con la tecnología israelí Pegasus en su móvil igual que buena parte del equipo de El Faro. “La búsqueda de la verdad se ha convertido en una actividad subversiva”.
Acoso y espionaje
En febrero de 2020, nueve meses después de tomar posesión, Bukele entró en el Parlamento rodeado de soldados y policías armados y vestidos para el combate amenazó con disolverlo. El editorial de El Faro entonces se tituló “Maneras de dictador”, y Bukele lanzó una campaña contra el periódico, sus periodistas y sus anunciantes, que fue denunciada por organizaciones de derechos humanos y en el Congreso de Estados Unidos por demócratas y republicanos. El Faro siguió trabajando y reveló casos de corrupción mientras el acoso del Gobierno continuaba, también a través de las llamadas granjas de trols en redes.
El periódico tuvo que trasladar en 2023 la residencia de la empresa a Costa Rica, y poco a poco han tenido que salir del país reporteros objeto de amenazas de detención y otras represalias. Es una experiencia parecida a la de otros medios y otros periodistas en Nicaragua, Guatemala y Venezuela.
Cuando todavía resistían en su país, los periodistas de El Faro empezaron a notar “gente rara” delante de sus casas, y la vigilancia llegó hasta un dron que entró por la ventana de la casa de Dada. Los móviles de más de una veintena de periodistas fueron hackeados durante más de un año con la tecnología Pegasus, de la empresa de defensa israelí NSO Group, contra la que El Faro tiene un proceso judicial todavía en curso. “Cuando lo hicimos público, perdimos la mayoría de nuestras fuentes, esenciales para la práctica del periodismo, y especialmente bajo regímenes autocráticos y opacos”, recordó Dada en su discurso en Oxford. “Fue la prueba definitiva de que el precio de practicar el periodismo había subido de manera significativa”.
El Faro sigue trabajando y publicando investigaciones, sobre los pactos de Bukele con las pandillas, las torturas en las cárceles o la erosión de la democracia.
Esto contrasta con lo que afirmó en referencia a estos asuntos hace sólo unos días en Madrid el vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, en varias entrevistas en las que, según Dada, “estaba mintiendo” porque “era muy consciente de la evidencia”. El número dos de Bukele también se reunió con el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. Los abusos de los que habló Dada también los han documentado extensamente Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras organizaciones internacionales.
El periodista salvadoreño reconoció los límites del trabajo periodístico en una sociedad que abraza el autoritarismo. “Aun así, lo que hacemos sigue mereciendo la pena. Aunque solo sea para dejar el testimonio a las generaciones futuras para que entiendan mejor qué demonios pasó en nuestros tiempos”, dijo Dada. “Así no quedarán las mentiras”.
