Essay: Bukele, the Savior — Essay: Bukele, el salvador

Feb 17, 2026

Excerpt of Bukele, el rey desnudo, published by Anagrama in 2026. — Extracto de Bukele, el rey desnudo, publicado por Anagrama en enero de 2026.

February 4, 2024. Although the polling stations have just closed and the Supreme Electoral Tribunal has not released results, Bukele has stepped out onto the balcony of the National Palace and, in his exaggerated and grandiloquent fashion, proclaimed himself the winner.

He enters the scene hand-in-hand with his wife, casual, in a khaki long-sleeved T-shirt. Ignoring, as he almost always does, any sense of proportion, he declares:

“El Salvador has broken all records.”

The central square of the capital is packed with hundreds of Salvadorans; some are dressed as Bukele, many carry vuvuzelas. Applause rumbles through the crowd, vuvuzelas blare.

“Today, El Salvador has broken every record, of every democracy, in the entire history of the world.”

The crowd chants: “Bu-ke-le, Bu-ke-le, Bu-ke-le!”

“Not only have we won the presidency of the Republic for a second time with more than 85 percent of the vote, but we have also won the Legislative Assembly with at least 58 of the 60 deputies.”

And the crowd chants: “Sí se pudo, sí se pudo!”

Numbers can deceive

Later, when the results became official, we’ll see that 56 percent of the electoral roll voted in that election, and that Bukele won with 82.66 percent of those votes. He also obtained an unquestionable majority: 54 of the 60 deputies.

The Salvadoran crowd does not know that in 1970s Mexico, José López Portillo, representing the Institutional Revolutionary Party (PRI), won the presidency with 90 percent of the vote. Or that in 1928, in that same country, Álvaro Obregón obtained 100 percent. The crowd also disregards that, although under a different electoral system, in 1984 Ronald Reagan won the presidency of the United States with 97.6 percent of the electoral vote over his opponent and former vice president Walter Mondale; or that Franklin Roosevelt crushed Alfred Landon in 1936 with 98.5 percent of the vote. But what does it matter? Bukele has said what he has said—let the vuvuzelas sound. Denial can be positively jubilant.

“The first time that a country has a single party within a fully democratic system: the entire opposition has been pulverized.”

In choosing to ignore, the crowd forgets that in 1929 the president-elect of Mexico, Álvaro Obregón, was assassinated just one year after his victory, opening the door to the “perfect dictatorship”: the PRI. In choosing to ignore, the crowd forgets that when Portillo won with 90 percent of the vote, it was because there was no other candidate. They forget that when context is shed, numbers can deceive.

Bukele pauses deliberately, queuing the crowd applaud, to let the vuvuzelas sound, as if he were hosting a television show. The crowd is slow, at times, to understand these pauses and there is briefly silence. But the applause always comes.

Lie, decontextualized truth, lie

He launches into a recounting, worthy of an epic tale, of his path to dictatorship. In a speech like this, anything goes. Authoritarian force can be statesmanlike strategy.

“In 2019 we defeated the two-party system that had oppressed us. We turned over a new page, we put an end to the postwar period…”

It is true: Bukele destroyed presidential bipartisanship in 2019, through legitimate elections. Since the Peace Accords were signed in 1992, El Salvador had been governed only by the right, gathered under the Nationalist Republican Alliance (ARENA), or else by the left, monopolized by the Farabundo Martí National Liberation Front (FMLN). Bukele obtained 1,434,856 votes; and his closest contender—a young Salvadoran millionaire from the right—received 857,054. In third place, far behind, was the former guerrilla fighter and former foreign minister Hugo Martínez, with 389,289 votes. Bukele has not only shattered a logic assumed for decades—that only ARENA or FMLN could win the presidency—he swept the field. On the night of that election, the FMLN headquarters were a wake, the mourners clad in the party’s red.

“…But we didn’t have governability. In 2021, you gave us a qualified majority in the Legislative Assembly, which allowed us—the people, together with their representatives—to remove the previous Constitutional Chamber, remove the previous attorney general, approve the Territorial Control Plan, and, in March 2022, approve the state of exception.”

Applause, vuvuzelas, the crowd again breaks into its chant: “Bu-ke-le, Bu-ke-le, Bu-ke-le!” A mother who has dressed her baby as Bukele lifts the child so a camera can capture it.

The last things Bukele said from the balcony of the National Palace were, in this order: truth, decontextualized truth, and lie.

Berlin Review: https://blnreview.de/en/ausgaben/2026-02/oscar-martinez-bukele-el-rey-desnudo-english

Essay: Bukele, el salvador

Óscar Martínez

Es 4 de febrero de 2024 y Bukele, aunque las urnas acaban de cerrarse y el Tribunal Supremo Electoral no ha dado resultados, ha salido al balcón del Palacio Nacional y se ha proclamado ganador. Lo ha hecho a su manera exagerada, grandilocuente.

Se asoma con su esposa de la mano, informal, en camiseta de manga larga color caqui. Y dice, ignorando como casi siempre la mesura:

«El Salvador ha roto todos los récords».

La plaza central de El Salvador, en el punto cero de la capital, está repleta de cientos de salvadoreños, algunos disfrazados de Bukele, muchos con vuvuzelas. Suenan las vuvuzelas, suenan los aplausos.

«Este día, El Salvador ha roto todos los récords de todas las democracias en toda la historia del mundo».

La plaza corea: «¡Bu ke le, Bu ke le, Bu ke le!».

«Y no solo hemos ganado la presidencia de la República por segunda vez con más del 85 % de los votos, sino que hemos ganado la Asamblea Legislativa con 58 de los 60 diputados como mínimo.»

Y la plaza corea: «¡Sí se pudo, sí se pudo!».

Los numeritos pueden engañar

Tiempo después, cuando los resultados fueron oficiales, sabríamos que en esas elecciones votó el 56 % del padrón electoral y que Bukele ganó con el 82,66 % de esos votos. Además, obtuvo la incuestionable mayoría de 54 de los 60 diputados.

La plaza salvadoreña no sabe que, en el México de los setenta, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con José López Portillo, ganó la presidencia con el 90 % de los votos. O que, en 1928, en ese mismo país vecino, Álvaro Obregón obtuvo el 100 % de los votos. La plaza ignora también que, aunque fuera en un sistema electoral distinto, en 1984, Ronald Reagan ganó la presidencia de Estados Unidos con el 97,6 % de los votos electorales por sobre su competidor y exvicepresidente Walter Mondale; o que Franklin Roosevelt destruyó electoralmente en 1936 a Alfred Landon, con el 98,5 % de votos. ¿Qué importa? Bukele acaba de decir lo que acaba de decir, que suenen las vuvuzelas. A veces, la ignorancia es festiva.

«Sería la primera vez que en un país exista un partido único en un sistema plenamente democrático. Toda la oposición junta quedó pulverizada.»

Por ignorar, la plaza ignora que en 1929 el presidente electo de México, Álvaro Obregón, fue asesinado, tan solo un año después de su triunfo, y que con ello dio rienda suelta a la creación del partido de la dictadura perfecta: el PRI. Por ignorar, la plaza también ignora que cuando Portillo ganó con el 90 % de los votos fue porque no hubo otro candidato, y que los logros, si se cuentan así, con numeritos y sin contexto, engañan.

Bukele suele hacer pausas medidas para que la plaza aplauda, para que las vuvuzelas suenen, como si presentara un show televisivo. A veces, la plaza tarda en entender la pausa y hay un breve silencio antes del aplauso, que siempre llega.

Verdad, verdad sin contexto, mentira

Bukele se lanza a describir, como si fuera una gesta épica, su camino a la dictadura. En un discurso cabe todo, y lo que fueron golpes autoritarios pueden presentarse como estrategias de estadista.

«En 2019 vencimos el bipartidismo que nos tenía sometidos, pasamos página, pusimos fin a la posguerra…»

Es cierto: Bukele destruyó el bipartidismo presidencial en 2019, en unas elecciones legítimas. Desde que en 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz, en El Salvador solo había gobernado la derecha reunida en el ARENA, o la izquierda monopolizada por el FMLN. Bukele obtuvo 1.434.856 votos, y su más cercano contendiente, un joven millonario salvadoreño de la derecha, consiguió 857.054. En tercera posición, y a mucha distancia, salió el exguerrillero y excanciller salvadoreño, Hugo Martínez, con apenas 389.289 votos. Bukele no solo destruyó una lógica asumida por décadas en el país –que la presidencia solo podían ganarla ARENA o el FMLN– sino que arrasó. La noche de aquellas elecciones, la sede del FMLN parecía la sala de un velorio donde todos vestían de rojo.

«… pero no teníamos gobernabilidad. En 2021, ustedes nos dieron mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, con lo que conseguimos, el pueblo con sus representantes, sacar a la Sala de lo Constitucional anterior, sacar al fiscal anterior, aprobar el Plan Control Territorial y, en marzo de 2022, aprobar el régimen de excepción.»

Aplausos, vuvuzelas, la plaza vuelve a corear: «¡Bu ke le, Bu ke le, Bu ke le!». Una madre que ha disfrazado a su bebé de Bukele lo alza para que alguna cámara lo capte.

Lo último dicho por Bukele desde el balcón del Palacio Nacional ha sido, en este orden, verdad, verdad sin contexto y mentira.

Berlin Review: https://blnreview.de/es/ausgaben/2026-02/oscar-martinez-bukele-el-rey-desnudo