The latest report from the Salvadoran organization Legal Humanitarian Aid (SJH) documents 470 deaths among detainees during the 45-month state of exception spearheaded by Nayib Bukele. The investigation concludes that “a high percentage of people who entered the penitentiary system healthy did not last even a month in prison before perishing, indicating they may have been murdered.”
The 32-page document reveals that 94% of the deceased were not gang members. Among them are evangelical pastors, unionists, taxi drivers, and four minors, including a newborn. This figure is triple the 153 deaths in state custody reported by the organization Cristosal in 2023. In both instances, family members reported identifying bodies showing signs of torture.
SJH compiled testimonies from relatives and cross-referenced them with its own investigation over nearly four years. Since the inception of the state of exception, human rights organizations have denounced arbitrary detentions, torture, and prison homicides. Both Cristosal and SJH left El Salvador in 2025 following the government’s crackdown on critics and the opposition.
The extraordinary measure, initially conceived to last 30 days, has been extended for 45 months—nearly four of the six years of Bukele’s term. Beyond pursuing gang members, it has been used to imprison critical voices such as lawyer Ruth López, constitutional scholar Enrique Anaya, and activists detained for protesting outside the presidential residence.
The report details that 31.8% of the deceased died violently, while a similar number lost their lives due to a lack of medical care for chronic illnesses. In many instances, the cause of death was recorded as “pending investigation,” a classification SJH argues is a tactic to avoid counting them as homicides.
Of the 470 cases, 294 individuals died after emergency hospital admission, and 143 died within their cells. Approximately 75 inmates died before serving four months in prison. The organization estimates the actual death toll could rise to 1,300, with bodies buried in mass graves without family notification.
The deceased include four evangelical pastors in their 50s, three unionists from various sectors, and women as old as 74. The report highlights the case of a newborn whose birth was induced prematurely due to the torture her pregnant mother endured in prison, as well as a four-year-old girl who died of pneumonia contracted while incarcerated.
Izalco, the Invisible Prison
The majority of deaths (40.9%) were recorded at the Izalco medium-security prison, followed by the La Esperanza center, known as Mariona (18.9%). The notorious CECOT, converted into a government propaganda symbol open to international media, registers scant fatalities. Access to Izalco, however, is barred to the local press.
Organizations such as Human Rights Watch have documented reports of torture at Izalco, a prison that has become the epicenter of penitentiary repression, far from the media spotlight the Executive shines on the CECOT.
Pastores, sindicalistas y menores, entre los 470 muertos en prisiones bajo el régimen de Bukele
El último informe de la organización salvadoreña Socorro Jurídico Humanitario (SJH) documenta 470 muertes de personas detenidas durante los 45 meses de régimen de excepción impulsado por Nayib Bukele. La investigación concluye que “un alto porcentaje de personas que entraron al sistema penitenciario sanos no duraron ni un mes presos y perecieron; lo cual indica que pudieron haber sido asesinados”.
El documento, de 32 páginas, revela que el 94% de los fallecidos no eran pandilleros. Entre ellos figuran pastores evangélicos, sindicalistas, taxistas y cuatro menores de edad, incluida una recién nacida. La cifra triplica los 153 decesos bajo custodia estatal reportados por la organización Cristosal en 2023. En ambos casos, familiares denunciaron haber identificado cuerpos con señales de tortura.
SJH recopiló testimonios de allegados y los contrastó con su propia investigación a lo largo de casi cuatro años. Desde el inicio del régimen de excepción, organismos de derechos humanos han denunciado detenciones arbitrarias, torturas y homicidios en prisión. Tanto Cristosal como SJH abandonaron El Salvador en 2025 tras la ofensiva del Gobierno contra críticos y opositores.
La medida extraordinaria, concebida inicialmente para 30 días, se ha prolongado durante 45 meses, casi cuatro de los seis años de mandato de Bukele. Además de perseguir a pandilleros, ha servido para encarcelar a voces críticas como la abogada Ruth López, el constitucionalista Enrique Anaya y activistas detenidos por protestar frente a la residencia presidencial.
El informe detalla que el 31,8% de los fallecidos murió de forma violenta, mientras otro número similar perdió la vida por falta de atención médica a enfermedades crónicas. En muchos casos, las causas de muerte fueron registradas como “sobreaveriguar”, lo que, según SJH, busca evitar que se contabilicen como homicidios.
De los 470 casos, 294 personas murieron tras ser ingresadas de emergencia en hospitales y 143 dentro de las celdas. Unos 75 reos fallecieron antes de cumplir cuatro meses en prisión. La organización estima que el número real de muertes podría ascender a 1.300, con cuerpos enterrados en fosas comunes sin notificación a las familias.
Entre los fallecidos figuran cuatro pastores evangélicos de unos 50 años, tres sindicalistas de distintos sectores y mujeres de hasta 74 años. El informe destaca el caso de una recién nacida cuyo parto se adelantó por las torturas sufridas por su madre embarazada en prisión, y el de una niña de cuatro años que murió de neumonía tras contagiarse en la cárcel.
Izalco, la prisión invisible
La mayoría de muertes (40,9%) se registraron en el penal de mediana seguridad de Izalco, seguido por el centro La Esperanza, conocido como Mariona (18,9%). El célebre CECOT, convertido en símbolo propagandístico del Gobierno y abierto a medios internacionales, apenas concentra los fallecimientos. El acceso a Izalco, en cambio, está prohibido para la prensa local.
Organizaciones como Human Rights Watch han documentado denuncias de torturas en Izalco, una cárcel que se ha convertido en el epicentro de la represión penitenciaria, lejos de los focos mediáticos que el Ejecutivo dirige hacia el CECOT.

