The Attorney General’s Office of El Salvador announced on Monday the capture of former Legislative Assembly President and former San Salvador Mayor Norman Quijano, who was convicted in absentia for negotiating with gangs over the results of the 2014 presidential elections. Quijano is one of the highest-ranking opposition leaders sentenced for pacts with criminal structures and is considered a political rival by President Nayib Bukele.
Quijano was sentenced in April 2024 to 13 years in prison for illicit association and procedural fraud. According to the Attorney General’s Office, the former leader, along with other heads of the right-wing party ARENA, negotiated the payment of 100,000 dollars to the Mara Salvatrucha (MS-13) and Barrio 18 gangs in exchange for swaying the population to vote for his party. Despite these pacts, the elections were won by the FMLN, to which President Bukele belonged at the time. Prosecutors maintain that the FMLN also negotiated with the gangs, albeit for a larger sum—250,000 dollars—which reportedly paved the way for the victory of former President Salvador Sánchez Cerén.
In a message published on X (formerly Twitter), the Attorney General’s Office released a video showing Quijano, 79, disembarking from a plane and subsequently being handcuffed while an agent reads him his rights. Authorities indicated he was captured in the United States and extradited at the request of the Salvadoran government. The newspaper USA Today reported in May 2025 that Quijano had been detained while seeking political asylum.
The former ARENA leader had been a fugitive since October 2021, when he fled the country just hours before the Legislative Assembly, controlled by the ruling party, ordered the removal of the parliamentary immunity he held due to his seat in the Central American Parliament (Parlacen)—an institution frequently cited as a haven for politicians accused of corruption.
Bukele celebrated the capture with a message on his X account: “A message for all those fleeing justice,” he wrote. Since coming to power, the president has sought the extradition of various opposition leaders facing corruption charges or accused of pacts with gangs, including former President Mauricio Funes. Condemned for the embezzlement of 351 million dollars, Funes died in January 2025 in Nicaragua, where he had been living under asylum.
Quijano became a recurring target of presidential rhetoric during Bukele’s 2019 campaign. The president cited him on numerous occasions as a symbol of impunity and as justification for his security policy, which was initially shrouded in secrecy. “They negotiated with the blood of the people. There is proof they financed terrorist acts,” Bukele wrote just four months after taking office, demanding Quijano’s resignation and the prosecution of those involved for violating the Counter-Terrorism Law. Since then, the president has publicly pressed for his capture.
Double Standard
The official narrative, however, has been questioned for its double standard. While Bukele has denounced previous governments’ pacts with gangs, he has avoided singling out or pursuing officials within his own circle, such as Osiris Luna, Director of Penal Centers, and Carlos Marroquín. Both have been identified by the United States Department of Justice as having negotiated prison privileges in exchange for electoral support from the same criminal structures.
The close relationship between Bukele and U.S. President Donald Trump has facilitated several cooperative gestures. Throughout 2025, the United States handed over at least three MS-13 leaders prosecuted in New York courts to El Salvador; their testimony could potentially implicate officials in the current government.
In October of last year, three other former officials, a former NGO employee, and a journalist were convicted in El Salvador for negotiating with gangs. For now, authorities have not specified whether Quijano will be sent to the Terrorism Confinement Center (Cecot), the mega-prison built to house gang members.
Bukele apresa al expresidente del Congreso salvadoreño por negociar con pandillas
La Fiscalía General de El Salvador anunció este lunes la captura del expresidente de la Asamblea Legislativa y exalcalde de San Salvador, Norman Quijano, condenado en ausencia por haber negociado con pandillas los resultados de las elecciones presidenciales de 2014. Quijano es uno de los dirigentes de mayor rango de la oposición sentenciados por pactos con estructuras criminales y considerado un rival político por el presidente Nayib Bukele.
Quijano fue condenado en abril de 2024 a 13 años de prisión por los delitos de agrupaciones ilícitas y fraude procesal. Según la Fiscalía, el exdirigente, junto con otros líderes del partido derechista ARENA, negoció la entrega de 100.000 dólares a las pandillas MS-13 y Barrio 18 a cambio de influir en el voto de la población a favor de su partido. Pese a esos pactos, las elecciones fueron ganadas por el FMLN, al que entonces pertenecía el hoy presidente Bukele. Las investigaciones fiscales sostienen que ese partido también negoció con las pandillas, aunque por una suma mayor —250.000 dólares—, lo que habría facilitado la victoria del expresidente Salvador Sánchez Cerén.
En un mensaje publicado en X (antes Twitter), la Fiscalía difundió un video en el que se ve a Quijano, de 79 años, descendiendo de un avión y luego esposado mientras un agente le lee sus derechos. Las autoridades indicaron que fue capturado en Estados Unidos y extraditado a petición del Gobierno salvadoreño. El diario USA Today informó en mayo de 2025 de que Quijano había sido detenido mientras solicitaba asilo político.
El exlíder de ARENA permanecía prófugo desde octubre de 2021, cuando huyó del país pocas horas antes de que la Asamblea Legislativa, controlada por el oficialismo, ordenara retirarle la inmunidad parlamentaria que conservaba por su escaño en el Parlamento Centroamericano (Parlacen), una instancia señalada con frecuencia como refugio de políticos acusados de corrupción.
Bukele celebró la captura con un mensaje en su cuenta de X: “Un mensaje para todos los que huyen de la justicia”, escribió. Desde su llegada al poder, el mandatario ha buscado la extradición de varios dirigentes opositores procesados por corrupción o pactos con pandillas, entre ellos el expresidente Mauricio Funes, condenado por la malversación de 351 millones de dólares, quien murió en enero de 2025 en Nicaragua, donde permanecía asilado.
Quijano se convirtió en un blanco recurrente del discurso presidencial desde la campaña de Bukele en 2019. El mandatario lo citó en numerosas ocasiones como símbolo de la impunidad y como justificación de su política de seguridad, inicialmente rodeada de secretismo. “Negociaron con la sangre del pueblo. Hay pruebas de que financiaron actos terroristas”, escribió Bukele apenas cuatro meses después de asumir el poder, al exigir la renuncia de Quijano y el procesamiento de los involucrados por violación de la Ley Antiterrorista. Desde entonces, el presidente ha insistido públicamente en su captura.
Doble rasero
El discurso oficial, sin embargo, ha sido cuestionado por su doble rasero. Mientras Bukele ha denunciado los pactos de gobiernos anteriores con las pandillas, ha evitado señalar o perseguir a funcionarios de su entorno, como Osiris Luna, director de Centros Penales, y Carlos Marroquín, señalados por la Fiscalía de Estados Unidos por negociar beneficios penitenciarios a cambio de apoyo electoral de las mismas estructuras criminales.
La estrecha relación entre Bukele y el presidente estadounidense, Donald Trump, ha facilitado varios gestos de cooperación. A lo largo de 2025, Estados Unidos entregó a El Salvador al menos a tres líderes de la MS-13 procesados en tribunales de Nueva York, cuyas declaraciones podrían comprometer a funcionarios del actual Gobierno.
En octubre del año pasado, otros tres exfuncionarios, un extrabajador de una ONG y un periodista fueron condenados en El Salvador por negociar con pandillas. Por ahora, las autoridades no han precisado si Quijano será enviado al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), la megacárcel construida para albergar a miembros de las pandillas.
