The Salvadoran justice system, under the control of President Nayib Bukele, has launched a series of mass trials against more than 80,000 people detained since the implementation of the state of exception in March 2022. This Friday, a San Salvador court initiated the final phase of proceedings against 58 individuals accused of belonging to a Mara Salvatrucha (MS-13) cell known as Hollywood Locos Salvatruchos, which operated in various parts of the country.
The trial, however, is part of a far broader judicial apparatus in which defendants have been effectively stripped of defense guarantees. Since March 2022, the government has approved the suspension of four constitutional rights, including the right to a defense, which has prevented a large portion of detainees from even meeting their lawyers.
In September 2023, the Legislative Assembly—dominated by the ruling party—approved reforms to the Criminal Code, the Criminal Procedure Code, and the Law Against Organized Crime that allow the Prosecutor’s Office to create “groupings” of hundreds or even thousands of people accused of belonging to the Barrio 18 or MS-13 gangs. In practice, this means a person detained in an area where one of these criminal structures operates can be charged with gang membership without any individualized evidence.
The trials also proceed in blocks. The process initiated this Friday against 58 people is part of a larger proceeding involving more than 3,000 defendants, according to lawyers familiar with the case file who spoke to EL PAÍS. These proceedings began last December, according to two legal sources consulted by this newspaper.
The legal reforms approved in 2023 empower the Prosecutor’s Office to consolidate thousands of people into a single criminal proceeding, keep trials open indefinitely, and hand down sentences in staggered fashion against small groups. This mechanism has overwhelmed even the defense attorneys themselves. “The single open hearings are based on the groupings created by the Prosecutor’s Office, and we only have access to the portion related to our clients. We do not know precisely what they are accused of, and in many cases, everything seems designed to convict them without the defense being able to access the complete case file,” explains a lawyer who requested anonymity for security reasons.
Although the state of exception formally suspends only four constitutional rights, the Bukele administration has pushed through dozens of reforms to secondary laws that have created a landscape of predetermined conviction. In September 2025, the Legislative Assembly amended eight articles of the Law Against Organized Crime, allowing people accused of gang membership to remain in prison for seven years or more without being sentenced.
The president’s message has been unequivocal. “We are not going to release them—not now, not ever,” Bukele declared during his state of the nation address at the start of his seventh year in power, in June of last year.
National and international human rights organizations have documented more than 5,000 arbitrary detentions. The Minister of Justice and Public Security himself, Gustavo Villatoro, acknowledged last October that in nearly four years under the state of exception, some 8,000 people have been released out of a total exceeding 90,000 detained.
That same month, the Attorney General’s Office reported it is prosecuting 590 cases against 82,078 people arrested under the state of exception and has assigned 291 prosecutors to handle these cases—an average of 282 defendants per investigator. Local organizations such as Cristosal, El Salvador’s leading human rights organization, warn that these mass trials will result in unjust convictions.
Inician los juicios masivos contra supuestos pandilleros en El Salvador
La justicia salvadoreña, bajo el control del presidente Nayib Bukele, ha puesto en marcha una serie de juicios masivos contra más de 80.000 personas detenidas desde la instauración del Régimen de Excepción, en marzo de 2022. Este viernes, un tribunal de San Salvador inició la fase final del proceso contra 58 personas acusadas de integrar una célula de la Mara Salvatrucha 13 (MS-13), conocida como Hollywood Locos Salvatruchos, que operaba en distintas zonas del país.
El juicio forma parte, sin embargo, de un entramado judicial mucho más amplio en el que los acusados han quedado prácticamente desprovistos de garantías de defensa. Desde marzo de 2022, el Gobierno aprobó la suspensión de cuatro derechos constitucionales, entre ellos el derecho a la defensa, lo que ha impedido que una gran parte de los detenidos conozca siquiera a su abogado.
En septiembre de 2023, la Asamblea Legislativa —dominada por el oficialismo— aprobó reformas al Código Penal, al Código Procesal Penal y a la Ley Contra el Crimen Organizado que permiten a la Fiscalía realizar “agrupaciones” de cientos o incluso miles de personas acusadas de pertenecer a las pandillas Barrio 18 o MS-13. En la práctica, esto implica que una persona detenida en una zona donde opera una de estas estructuras criminales puede ser imputada por pertenencia a la pandilla, sin necesidad de pruebas individualizadas.
Los juicios se desarrollan, además, por bloques. El proceso iniciado este viernes contra 58 personas está integrado en una causa mayor que involucra a más de 3.000 acusados, según explicaron a EL PAÍS abogados conocedores del expediente. Estos procedimientos comenzaron en diciembre pasado, de acuerdo con dos fuentes jurídicas consultadas por este diario.
Las reformas legales aprobadas en 2023 facultan a la Fiscalía a agrupar a miles de personas en un solo proceso penal, mantener los juicios abiertos de manera indefinida y dictar sentencias de forma escalonada contra pequeños grupos. Esta mecánica ha terminado por desbordar incluso a los propios defensores. “Las audiencias únicas abiertas parten de las agrupaciones hechas por la Fiscalía y nosotros solo tenemos acceso a la parte que corresponde a nuestros defendidos. No sabemos con precisión de qué se les acusa y, en muchos casos, todo parece diseñado para condenarlos sin que la defensa pueda acceder al expediente completo”, explica una abogada que pidió el anonimato por razones de seguridad.
Aunque el Régimen de Excepción suspende formalmente solo cuatro derechos constitucionales, el Gobierno de Bukele ha impulsado decenas de reformas a leyes secundarias que han configurado un escenario de condena anticipada. En septiembre de 2025, la Asamblea Legislativa modificó ocho artículos de la Ley Contra el Crimen Organizado, lo que permite que personas acusadas de pertenecer a pandillas permanezcan siete años o más en prisión sin recibir sentencia.
El mensaje del presidente ha sido inequívoco. “No los vamos a liberar ya, ni nunca”, afirmó Bukele durante su discurso a la nación al iniciar su séptimo año en el poder, en junio del año pasado.
Organismos nacionales e internacionales de derechos humanos han documentado más de 5.000 detenciones arbitrarias. El propio ministro de Justicia y Seguridad Pública, Gustavo Villatoro, reconoció en octubre pasado que, en casi cuatro años de Régimen de Excepción, han sido liberadas cerca de 8.000 personas, de un total superior a las 90.000 detenidas.
La Fiscalía General informó ese mismo mes que procesa 590 causas contra 82.078 personas arrestadas bajo el Régimen de Excepción y que ha asignado 291 fiscales para llevar estos casos, lo que supone una media de 282 personas por investigador. Organizaciones locales como Cristosal, la principal entidad de defensa de derechos humanos en El Salvador, advierten de que estos procesos masivos desembocarán en condenas injustas.

