An Attractive but Sinister Model — Un modelo atractivo, pero siniestro

Jan 10, 2026

The Bukele model is less robust than it seems. Its endurance hinges on clinging to amassed power. The model is a permanent state of exception. Thus, the Bukeles prize loyalty over competence. They excel at promotion and promises, yet evince scant capacity for execution. Unable to envision the medium or long term, they improvise reactively, ever vigilant against imperiling their rule. — El modelo de Bukele no es tan sólido como parece. Su vigencia depende de la conservación del poder acumulado. El modelo es un régimen de excepción permanente. Por eso, los Bukele priorizan la lealtad sobre la competencia. Son convincentes en la promoción y la promesa, pero han demostrado poca capacidad para la ejecución. Incapaces de proyectar a mediano y largo plazo, improvisan sobre la marcha, siempre cuidando de no poner en peligro su poder.

The Bukele model is as alluring as it is inimitable. Autocrats admire it and envy it. They yearn to replicate it in their own countries. Yet imitation proves far more arduous than it appears. It demands more than mere political will: the dismantling of democratic institutions and the imposition of dictatorship. If pursued resolutely, the enterprise remains feasible even in nations with entrenched democratic foundations, such as Costa Rica, Chile, or the United States. A vibrant economy, however, cannot thrive absent democratic safeguards.

The justifications proffered for emulating the Bukele model ring hollow. Its advocates invoke spiraling crime and immigration. They conflate common delinquency with organized crime, and immigration with anarchy. Without evidence, they ascribe their countries’ ills to these phenomena, ignoring their structural roots. Autocratic leaders amplify the perils of crime and immigration to stoke voter fear, for they lack any genuine plan to combat economic stagnation and sociopolitical frustration.

In any event, the Bukele model is neither politically nor ethically sound. It is undoubtedly seductive, yet profoundly deceptive. It fixates on rupturing with the past, presuming the inherited present obsolete and irredeemable, supplanted by an entirely novel order—untainted by ancient vices or foreign dominion, endowed with superior identity and morality. Cryptocurrencies and tech multinationals herald what lies ahead.

The Bukele model suffers from a cognitive distortion that spirals into catastrophic pessimism. This mindset pervades a multibillionaire elite tethered to emerging technologies. These magnates feel besieged by foes that ignite unbearable anxieties. They aspire to forge a tech-driven society free of regulations or oversight. Accordingly, they unleash artificial intelligence with blind faith. Bukele has surrendered public education and health to them. Social responsibility is, to them, an intolerable encumbrance.

What tech multinationals and libertarians omit is that these experiments yield them windfall profits. In practice, the venture is as totalitarian as the order they claim to flee. They spurn external meddling in their enterprises yet cheer imperialist adventures in Venezuela. Consistency eludes them.

This disoriented, befuddled elite proclaims El Salvador under Bukele a secure haven from the world’s threats and horrors. They have grounds to deem it ideal. The glowing signal that Bukele was their anointed came with bitcoin’s legalization. They are persuaded that Bukele’s El Salvador offers an unrivaled sanctuary to expand their ventures and fortunes with unfettered liberty. For now, it beckons as the perfect soil to take root.

The wildest notions find an echo in Bukele or one of his siblings, depending on the scheme. They have flung open the nation’s doors, brokered connections, proffered footholds to establish and peddle services and wares, and granted every conceivable boon—even tailoring laws for cryptocurrencies, investments, and public health, drafted to measure by some of these foreign magnates.

It remains unclear whether they exploit Bukele to test their outlandish visions and swell their millions, or whether he leverages them to fulfill his grand delusions. The tycoons profit if their trials succeed. Should they fall short, they decamp to fresher pastures. Some arrived lured by the dictatorship’s siren songs. Upon realizing the seduction, they vanished as swiftly as they came. Should the Bukeles falter, they lose nothing: the squandered resources are the country’s, not theirs, safely sequestered abroad.

The Bukele model is less robust than it seems. Its endurance hinges on clinging to amassed power. The model is a permanent state of exception. Thus, the Bukeles prize loyalty over competence. They excel at promotion and promises, yet evince scant capacity for execution. Unable to envision the medium or long term, they improvise reactively, ever vigilant against imperiling their rule.

The upshot of this authoritarian drift is the entrenchment of neoliberal capitalism’s most feral variant, empowering the elect to multiply their wealth at breakneck speed. The model scorns the masses. It promises scant uplift to their lot. The excluded multitudes must content themselves with venerating the Bukeles’ triumphs, while thanking them for the ceaseless spectacle—however devoid of beans and tortillas.

* Rodolfo Cardenal, director of the Centro Monseñor Romero (Monsignor Romero Center).

UCA: https://noticias.uca.edu.sv/articulos/un-modelo-atractivo-pero-siniestro

Un modelo atractivo, pero siniestro

El modelo Bukele es tan atractivo como inimitable. Los autocráticos lo admiran y lo envidian. Quisieran reproducirlo en sus países. Pero la imitación no es tan sencilla como parece. No es solo una cuestión de voluntad política. Implica desmontar la institucionalidad democrática e implantar una dictadura. Puestos a ello, la empresa no es imposible, incluso en países donde esa institucionalidad es sólida como Costa Rica, Chile o Estados Unidos. Lo que no es viable es una actividad económica vigorosa sin garantías democráticas.

Por otro lado, las razones esgrimidas para imitar el modelo de Bukele son falsas. Sus promotores alegan el descontrol de la delincuencia y la inmigración. Asimilan la delincuencia común con el crimen organizado y la inmigración con el caos. Sin fundamento les atribuyen el origen de los males de sus países, obviando su origen estructural. Los líderes autocráticos dramatizan el impacto de la delincuencia y la inmigración para explotar el miedo del electorado, porque carecen de propuesta para enfrentar el estancamiento económico y la frustración sociopolítica.

En cualquier caso, el modelo de Bukele no es política y éticamente sano. Es, sin duda, atractivo, pero engañoso. Se empeña en romper con el pasado, porque imagina que el presente heredado es obsoleto e irrecuperable, y que puede reemplazarlo por otro totalmente nuevo, libre de los vicios antiguos y de la dominación de terceros, y dotado de una identidad y una moral superiores. Las criptomonedas y las multinacionales tecnológicas son las primeras señales de lo que estaría por llegar.

El modelo de Bukele adolece de una distorsión cognitiva, que deriva en espirales de pesimismo catastrofista. Una tendencia compartida por una elite multimillonaria vinculada a las tecnologías emergentes. Estos magnates se sienten acorralados por enemigos, que les provocan ansiedades insoportables. Aspiran a construir una sociedad basada en la tecnología sin regulaciones ni control alguno. En consecuencia, tienden a dejar en libertad a la inteligencia artificial, en la que confían ciegamente. Bukele les ha entregado la educación y la salud públicas. La responsabilidad social es un estorbo insoportable.

Lo que las multinacionales tecnológicas y los libertarios no dicen es que estos experimentos les reportan ganancias abultadas. En la práctica, el proyecto es tan totalitario como aquel del que dicen querer escapar. Rechazan la intervención externa en sus negocios, pero aplauden la aventura imperialista en Venezuela. La consistencia no es su fuerte.

Esta elite, desorientada y confundida, afirma haber encontrado en El Salvador de Bukele un lugar seguro para escapar de las amenazas y las atrocidades del mundo actual. Tiene razones para pensar que ha dado con el sitio ideal. La señal luminosa que les indicó que Bukele era el elegido fue la legalización del bitcoin. Está convencida de que El Salvador de Bukele es un refugio inmejorable para desarrollar sus negocios y agrandar su riqueza con total libertad. Por el momento, se les antoja como el lugar idóneo para echar raíces.

Las ideas más descabelladas encuentran eco en Bukele o en alguno de sus hermanos, dependiendo de qué se trate. Estos les han abierto las puertas del país, les han facilitado contactos, les han ofrecido oportunidades para establecerse y vender sus servicios y productos, y les han dado toda clase de facilidades, incluso legales como en los casos de las criptomonedas, la inversión y la salud pública, cuyas leyes fueron elaboradas  a la medida por algunos de estos magnates extranjeros.

No es claro si estos utilizan a Bukele para poner a prueba sus ideas extravagantes y aumentar sus millones, o si aquel se vale de estos para realizar sus sueños de grandeza. Los magnates ganan si sus experimentos son exitosos. Si no satisfacen sus expectativas, abandonan el país y buscan otro sitio. Algunos llegaron atraídos por los cantos de sirena de la dictadura. Cuando descubrieron que habían sido seducidos, se fueron así como llegaron. Si los Bukele fracasan, tampoco perderán, porque los recursos empeñados no son los suyos, que están a buen recaudo, sino los del país.

El modelo de Bukele no es tan sólido como parece. Su vigencia depende de la conservación del poder acumulado. El modelo es un régimen de excepción permanente. Por eso, los Bukele priorizan la lealtad sobre la competencia. Son convincentes en la promoción y la promesa, pero han demostrado poca capacidad para la ejecución. Incapaces de proyectar a mediano y largo plazo, improvisan sobre la marcha, siempre cuidando de no poner en peligro su poder.

El resultado de la deriva autoritaria es la implantación de una de las versiones más salvajes del capitalismo neoliberal, que facilita a los escogidos multiplicar aceleradamente su riqueza. El modelo no está diseñado para las masas. Difícilmente mejorará su nivel de vida actual. Las masas excluidas deben conformarse con admirar el triunfo de los Bukele, mientras les agradecen la diversión inagotable que les proporcionan, aun cuando viene sin frijoles y tortillas.

 * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

UCA: https://noticias.uca.edu.sv/articulos/un-modelo-atractivo-pero-siniestro