Another astonishing announcement from a stage styled like Trump’s Oval Office overshadowed the security crisis. Amid gold accents on a black background, plush leather armchairs, and indirect lighting, DoctorSV made its debut hand in hand with one of the tech multinationals. Digital medicine entered the scene precisely as the public health system falters due to shortages of personnel, equipment, instruments, and medications. DoctorSV positioned itself as “a leap forward,” unique in the whole wide world.
The platform, powered by Google’s artificial intelligence, can ease the heavy burden of outpatient consultations by triaging patients with minor ailments from those requiring a specialist. Thus far, this marks the positive contribution of the innovation. DoctorSV does not replace a consultation with a physician at a health center, hospital, or social security facility. Government sources acknowledged this sotto voce after the platform’s presentation.
Google’s expectations for its creation warrant a measure of skepticism. El Salvador is no pioneer in digital medicine. In the region, three countries already possess it, and beyond, others adopted it long ago. Thus, the novelty is not as exceptional as the tech multinational claims. Its enthusiasm rings hollow. It is underwritten by 500 million dollars.
To assert that DoctorSV will foster equality by delivering high-quality universal service to the poor and rich alike transcends mere enthusiasm. Inequality in access to health care stems directly from inequality in the distribution of national wealth, the root of all disparities. Moreover, the platform’s universality is dubious. Connectivity demands a “smart” device, internet access, and a specific vocabulary. Impoverished sectors lack such devices and internet, much like many schools on the periphery. The idiomatic flourishes of those most in need of care are so rich and flexible that it is doubtful the multinational’s database has captured them.
The anguished mother from Morazán, alluded to in the presentation, serves as a prime example. DoctorSV’s creators overlook the precarious living conditions in the country’s most deprived areas. Google’s health access will not surmount them. Bridging the chasm between rich and poor does not rank among governmental priorities.
DoctorSV’s priority is not the people’s health but its privatization—a hallmark of neoliberal capitalism. Once diagnosed, the platform will direct the user to a clinical laboratory or simply issue a prescription. Tests and medications will be supplied by an extensive network of private labs and pharmacies, given the state’s incapacity. The chief beneficiaries of this “leap forward” will thus be the members of that network. Google, beyond the initial subsidy, will enrich its database with Salvadoran users, from whom it demands more information than necessary.
The lengthy presentation of DoctorSV omitted the estimated cost of privatizing clinical tests and medications, or the source of their funding. If the public health system currently cannot serve a limited number of patients, it remains unclear how—or by what virtue—it will attend to the entire population. In the best case, DoctorSV users will obtain an accurate diagnosis but must bear the cost of tests and drugs, as state resources are finite.
Equating artificial intelligence with human beings is misguided, for it can never supplant personal interaction. It is merely a tool at human disposal. Pope Leo XIV has just warned health managers of the risks of “perversely” manipulating people by classifying them according to diseases, treatments, and costs, “turning them into objects, data, statistics.” The reification of artificial intelligence, the pope continues, dehumanizes the sick by denying them “human treatment, the caress, the recognition… in their fragility and dignity.”
Exaggerating DoctorSV’s virtues fuels the vanity of its sponsors and creators, and incidentally renders it palatable to public opinion. Google framed it as a contribution to scientific progress, to which one must add, in all honesty, that it will also swell its profits.
They take for granted that, with DoctorSV, the country has made a colossal leap, something no one else has achieved. In truth, the platform has only begun its journey. They reprise the bitcoin hype, another leap that fell short. Wishes must not be confused with reality.
* Rodolfo Cardenal, director of the Centro Monseñor Romero.
UCA: https://noticias.uca.edu.sv/articulos/doctorsv-un-salto-incierto
DoctorSV: un salto incierto
Otro anuncio asombroso desde un escenario estilo despacho oval de Trump desplazó la crisis de seguridad. Entre dorados en fondo negro, cómodos sillones de cuero y luz indirecta, DoctorSV hizo su aparición de la mano de una de las multinacionales tecnológicas. La medicina digital entró en escena justamente cuando el sistema público de salud decae por falta de personal, de equipo, de instrumental y de medicamentos. DoctorSV se presentó como “un salto hacia adelante”, único en el mundo mundial.
La plataforma, potenciada por la inteligencia artificial de Google, puede aliviar la pesada carga de la consulta externa, al discriminar a pacientes con dolencias leves de aquellos que deben pasar por el especialista. Hasta aquí el aporte positivo de la innovación. El DoctorSV no sustituye la consulta con un médico en el centro de salud, el hospital o el seguro social. Así lo reconocieron fuentes gubernamentales en voz baja después de la presentación de la plataforma.
Las expectativas de Google sobre su creación deben ser tomadas con cierto escepticismo. El Salvador no es pionero en medicina digital. En la región, tres países ya la tienen y, más allá, otros la adoptaron hace tiempo. Así, pues, la novedad no es tan excepcional como asegura la multinacional tecnológica. Su entusiasmo no parece genuino. Está subvencionado por 500 millones de dólares.
Afirmar que DoctorSV creará igualdad al brindar un servicio universal de alta calidad tanto a pobres como a ricos, ya no es simple entusiasmo. La desigualdad en el acceso a la salud es consecuencia directa de la desigualdad en la distribución de la riqueza nacional, la raíz de todas las desigualdades. Por otro lado, la universalidad de la plataforma es cuestionable. La conexión exige un dispositivo “inteligente”, acceso a internet y un vocabulario específico. Los sectores empobrecidos no disponen de esos dispositivos, ni de internet, al igual que muchas escuelas de la periferia. Los giros idiomáticos de los más necesitados de atención son tan ricos y flexibles que es dudoso que hayan sido registrados por la base de datos de la multinacional.
La madre angustiada de Morazán, a la que se aludió en la presentación, es un buen ejemplo. Los creadores del DoctorSV no consideran las precarias condiciones de vida de los habitantes de las zonas más deprimidas del país. El acceso a la salud de Google no las superará. En las prioridades gubernamentales no figura cerrar el abismo que separa a los ricos de los pobres.
La prioridad del DoctorSV no es la salud del pueblo, sino su privatización, una medida típica del capitalismo neoliberal. Hecho el diagnóstico, la plataforma enviará al usuario al laboratorio clínico o le expedirá sin más una receta. Los exámenes y los medicamentos serán proveídos por una nutrida red de laboratorios y farmacias privadas, dado que el Estado no tiene esa capacidad. Los grandes favorecidos del “salto hacia adelante” serán, por tanto, los integrantes de esa red. Google, además de la subvención inicial, enriquecerá su base de datos con los usuarios salvadoreños, a quienes les pide más información de la necesaria.
La larga presentación del DoctorSV no informó sobre el costo estimado de la privatización de los exámenes clínicos y los medicamentos ni de donde provendrá su financiamiento. Si en la actualidad el sistema público de salud no puede atender a una limitada cantidad de pacientes, no es claro cómo, o en virtud de qué, atenderá a toda la población. En el mejor de los casos, los usuarios del DoctorSV obtendrán un diagnóstico correcto, pero tendrán que asumir el costo de los exámenes y los medicamentos, porque los recursos del Estado son limitados.
Identificar la inteligencia artificial con el ser humano es equívoco, porque nunca reemplazará la interacción personal. No es más que una herramienta a disposición de seres humanos. El papa León XIV acaba de alertar a los gerentes de la salud sobre los riesgos de manipular “perversamente” a las personas, al clasificarlas según sus enfermedades, tratamientos y costos, “convirtiéndolas en objetos, en datos, en estadísticas”. La cosificación de la inteligencia artificial, continúa el papa, deshumaniza al enfermo al negarle “el trato humano, la caricia, el reconocimiento… en su fragilidad y su dignidad”.
La exageración de las virtualidades del DoctorSV alimenta la vanidad de sus patrocinadores y creadores, y, de paso, la hace aceptable a la opinión pública. Google lo presentó como una contribución al avance de la ciencia, a lo cual cabe agregar, por honestidad, que también engrosará sus ganancias.
Dan por hecho que, con el DoctorSV, el país dio un colosal salto, algo que nadie más ha logrado. En realidad, la plataforma solo ha comenzado su andadura. Repiten la expectativa del bitcoin, otro salto que no llegó lejos. Los deseos no deben confundirse con la realidad.
* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
UCA: https://noticias.uca.edu.sv/articulos/doctorsv-un-salto-incierto

