El Salvador’s Latest Regression Met with Silence from Watchdog — El último retroceso de El Salvador se topa con el silencio del organismo de vigilancia

Aug 8, 2025

The Organization of American States (OAS) is experiencing a chilling effect under Trump. — La Organización de los Estados Americanos (OEA) experimenta un efecto inhibidor durante la Administración Trump.

Trump Grants Bukele Carte Blanche

Nayib Bukele’s concentration of power in El Salvador is a familiar story by now. Since taking office in 2019, the Salvadoran president has suspended due process rights in the name of fighting crime, carrying out mass arrests of people said to be suspected gang members and jailing critics.

Still, Bukele’s popularity has remained high, in large part because homicide rates have dropped during his tenure. His legislative majority in 2021 moved to swap out most judges in El Salvador’s top court, which then ruled that Bukele could run for a second term despite a constitutional ban on consecutive reelection. He was reelected last year.

On July 31, the legislature took a dramatic step toward potentially prolonging Bukele’s rule, approving a constitutional reform to scrap presidential term limits entirely. The reform also lengthens presidential terms from five to six years and allows candidates to win elections with just a plurality—rather than a majority—of votes, eliminating the need for a runoff.

Most democracies around the world have term limits for their presidents. The Latin American countries that have removed them in recent years—Venezuela through a referendum and Nicaragua through the court, both in 2009—became deeply autocratic.

When Venezuela held the plebiscite to get rid of term limits, it was criticized by some pro-democracy watchdogs. The Inter-American Commission on Human Rights (IACHR), which is part of the Organization of American States (OAS), would eventually issue an opinion saying that abolishing term limits poses a risk to democracy. In recent years, the IACHR has become quick to issue statements of concern after major episodes of democratic backsliding in the region.

El Salvador “is going down the same path as Venezuela,” Juanita Goebertus, a director at the Human Rights Watch, posted on social media last week. “It starts with a leader who uses their popularity to concentrate power, and then it finishes in a dictatorship.”

The OAS and IACHR have been unusually quiet, however. Member countries’ wariness of antagonizing U.S. President Donald Trump has produced a chilling effect at the OAS, said a senior diplomat familiar with the organization, who spoke to Foreign Policy on the condition of anonymity to discuss a sensitive subject.

The Trump administration has relied on Bukele to accept and detain deportees in a notorious megaprison. The White House this week endorsed El Salvador’s reform, calling it “democratically based and constitutionally sound.” In the past, Washington has condemned extended presidential terms in the region.

Separately, the Washington Post reported on Wednesday that the U.S. State Department is preparing to sharply reverse its recent criticism of El Salvador’s human rights record in an upcoming report. A draft seen by the Post stated that there are “no credible reports of significant human rights abuses” in the country.

The United States funds around half of the OAS and is currently reviewing its support, fueling speculation that Trump might leave the organization entirely. The potential end of U.S. backing for the OAS “is being held over the organization’s head like the sword of Damocles,” the diplomat said. Some OAS member states, such as Canada and Mexico, are also still trying to talk Trump down from tariffs.

In addition to the organization’s silence on El Salvador, the OAS has recently held back from denouncing Trump’s threats against Brazil over its prosecution of former President Jair Bolsonaro, a Trump ally.

On Wednesday, the OAS issued a declaration voicing its commitment to fight climate change. But a handful of countries held back from co-sponsoring—including Brazil, which is hosting the United Nations’ annual climate conference later this year. Most countries from the hemisphere signed on as co-sponsors.

The United States added a footnote to the declaration, calling it “fundamentally flawed” and encouraging the OAS to “focus its time, attention, and resources on matters that all member states can support.”

A potential U.S. exit from the OAS doesn’t just worry diplomats from Latin America and the Caribbean. Frank Mora, a former U.S. ambassador to the body, wrote in Americas Quarterly last week that such a move would make “the U.S. deaf to the hemisphere’s conversations and blind to its crises, while inviting others to write the script”—an implicit nod to China.

Foreign Policy: https://foreignpolicy.com/2025/08/08/el-salvador-bukele-term-limits-democracy-oas-trump-deportations/

El último retroceso de El Salvador se topa con el silencio del organismo de vigilancia

Trump otorga carta blanca a Bukele

La concentración de poder de Nayib Bukele en El Salvador es, a estas alturas, una historia conocida. Desde que asumió la Presidencia en 2019, el mandatario salvadoreño ha suspendido garantías del debido proceso en nombre de la lucha contra el crimen, ha realizado detenciones masivas de personas señaladas como presuntos pandilleros y ha encarcelado a críticos.

Con todo, la popularidad de Bukele se ha mantenido alta, en gran medida porque las tasas de homicidio han caído durante su mandato. En 2021, su mayoría legislativa procedió a sustituir a la mayoría de los magistrados del máximo tribunal de El Salvador, que luego falló que Bukele podía presentarse a un segundo mandato pese a la prohibición constitucional de la reelección consecutiva. Fue reelegido el año pasado.

El 31 de julio, la Asamblea Legislativa dio un paso drástico hacia la posible prolongación del dominio de Bukele al aprobar una reforma constitucional que suprime por completo los límites a los mandatos presidenciales. La reforma también prolonga los periodos presidenciales de cinco a seis años y permite que los candidatos ganen las elecciones con solo una pluralidad —en lugar de una mayoría— de votos, eliminando la necesidad de una segunda vuelta.

La mayoría de las democracias del mundo establecen límites de mandato para sus presidentes. Los países latinoamericanos que los han eliminado en los últimos años —Venezuela, mediante referendo, y Nicaragua, por vía judicial, ambos en 2009— derivaron en regímenes profundamente autocráticos.

Cuando Venezuela celebró el plebiscito para eliminar los límites de mandato, recibió críticas de algunos organismos prodemocracia. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que forma parte de la OEA, terminaría emitiendo un pronunciamiento según el cual abolir los límites de mandato entraña un riesgo para la democracia. En los últimos años, la CIDH se ha vuelto ágil a la hora de emitir comunicados de preocupación tras episodios importantes de retroceso democrático en la región.

El Salvador “va por el mismo camino de Venezuela”, publicó en redes sociales la semana pasada Juanita Goebertus, directora de Human Rights Watch. “Empieza con un líder que se vale de su popularidad para concentrar poder, y luego termina en una dictadura”.

La OEA y la CIDH, sin embargo, han guardado un silencio inusitado. El recelo de los países miembros a contrariar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha producido un efecto inhibidor en la OEA, afirmó un alto diplomático familiarizado con la organización, que habló con Foreign Policy bajo condición de anonimato para abordar un tema sensible.

La Administración Trump se ha apoyado en Bukele para aceptar y detener a deportados en una megacárcel tristemente célebre. Esta semana, la Casa Blanca respaldó la reforma salvadoreña, calificándola de “democráticamente fundamentada y constitucionalmente sólida”. En el pasado, Washington ha condenado la prolongación de los mandatos presidenciales en la región.

Por otra parte, el Washington Post informó el miércoles que el Departamento de Estado de Estados Unidos se prepara para revertir drásticamente sus críticas recientes al historial de derechos humanos de El Salvador en un próximo informe. Un borrador visto por el Post afirmaba que “no hay informes creíbles de violaciones graves de derechos humanos” en el país.

Estados Unidos financia alrededor de la mitad del presupuesto de la OEA y actualmente está revisando su apoyo, lo que alimenta la especulación de que Trump podría retirarse por completo de la organización. El posible fin del respaldo estadounidense a la OEA “pende sobre la organización como la espada de Damocles”, dijo el diplomático. Algunos Estados miembros de la OEA, como Canadá y México, también siguen intentando disuadir a Trump de imponer aranceles.

Además del silencio de la organización sobre El Salvador, la OEA se ha abstenido recientemente de denunciar las amenazas de Trump contra Brasil a raíz del enjuiciamiento del expresidente Jair Bolsonaro, aliado de Trump.

El miércoles, la OEA emitió una declaración en la que manifestó su compromiso de combatir el cambio climático. Pero un puñado de países evitó copatrocinarla —entre ellos Brasil, que albergará la conferencia anual sobre el clima de las Naciones Unidas más adelante este año—. La mayoría de los países del hemisferio sí se sumaron como copatrocinadores.

Estados Unidos añadió una nota al pie a la declaración, calificándola de “fundamentalmente defectuosa” e instando a la OEA a “centrar su tiempo, atención y recursos en asuntos que todos los Estados miembros puedan respaldar”.

Una posible salida de Estados Unidos de la OEA no solo inquieta a los diplomáticos de América Latina y el Caribe. Frank Mora, exembajador estadounidense ante el organismo, escribió la semana pasada en Americas Quarterly que tal decisión volvería “a Estados Unidos sordo a las conversaciones del hemisferio y ciego ante sus crisis, a la vez que invitaría a otros a escribir el guion”, una alusión implícita a China.

Foreign Policy: https://foreignpolicy.com/2025/08/08/el-salvador-bukele-term-limits-democracy-oas-trump-deportations/