The Trump administration’s move four months ago to send more than 230 Venezuelan migrants to a maximum-security prison in El Salvador known as CECOT took a staggering toll, not only on the men themselves but also on their families. The men were released to Venezuela on July 18 as part of a prisoner swap without much explanation, and they and their relatives have begun sharing the details of their ordeal.
Juan José Ramos Ramos describes the physical torture he says he endured during his incarceration at CECOT as his mother, Lina Ramos, explains the emotional agony of not knowing whether she’d ever see her son again. Andry Blanco Bonilla and his mother, Carmen Bonilla, still struggle to make sense of how they could have been caught up in something like this when Blanco didn’t have a criminal record and, in fact, had a deportation order to be sent back to his home country. Wilmer Vega Sandia, who had migrated to the United States to find work that would help him pay for his mother’s cancer treatment, says he prayed every day of his incarceration that he’d make it home in time to hold her in his arms.
Without providing evidence, the U.S. government branded them all Tren de Aragua gang members, the “worst of the worst,” “sick animals” and “monsters.” Our reporting, a first-of-its-kind, case-by-case examination, shows how the government knew a majority of them had not been convicted of a crime in the U.S. — and only a few had serious convictions such as assault and gun possession. We found a dozen or so had criminal records abroad and included those in our comprehensive database, too.
Nearly half, 118 of the more than 230 men, including Ramos, came to the U.S. legally and were deported in the middle of their immigration cases. He entered the U.S. with a CBP One appointment, a program the Biden administration used to try to bring order to the soaring numbers of migrants attempting to enter the country.
At least 166 of the more than 230 men had tattoos, including Blanco, Ramos and Vega. Our investigation found that the government relied heavily on tattoos to tie the men to the Venezuelan gang, even though Tren de Aragua experts say tattoos are not reliable indicators of gang affiliation.
A handful of the men, including Vega, had been granted voluntary departures by an immigration judge, which means they had agreed to pay their way home to Venezuela. Instead, they were deported to El Salvador.
Pro Publica: https://www.propublica.org/article/venezuelans-cecot-el-salvador-trump-families-video
“Una pesadilla americana”: Tres hombres deportados al CECOT y sus familiares relatan el calvario que vivieron durante meses
La decisión del gobierno de Trump, hace cuatro meses, de enviar a más de 230 migrantes venezolanos a una prisión de máxima seguridad en El Salvador, conocida como el CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo), dejó un impacto devastador no solo en los propios detenidos, sino también en sus familias. El pasado 18 de julio los hombres fueron liberados y enviados a Venezuela como parte de un intercambio de prisioneros, sin que las autoridades brindaran mayores explicaciones. Ahora, ellos y sus familias relatan los detalles de lo que vivieron.
Juan José Ramos Ramos describe las torturas físicas que, según él, sufrió durante su encierro en el CECOT, mientras que su madre, Lina Ramos, cuenta la agonía emocional de no saber si volvería a ver a su hijo con vida. Andry Blanco Bonilla y su madre, Carmen Bonilla, aún intentan comprender cómo pudieron verse envueltos en algo así, cuando Blanco no tenía antecedentes penales y, de hecho, ya tenía una orden de deportación para regresar a Venezuela. Wilmer Vega Sandia, quien había emigrado a Estados Unidos para poder costear el tratamiento contra el cáncer que padece su madre, dice que rezó todos los días durante su encarcelamiento para poder volver a casa a tiempo y abrazarla.
Sin presentar pruebas, el gobierno estadounidense etiquetó a todos como miembros de la pandilla Tren de Aragua y los describió como “lo peor de lo peor”, “animales enfermos” y “monstruos”. Nuestra investigación —un análisis inédito y detallado caso por caso— revela que las autoridades sabían que la mayoría de estos hombres no habían sido condenados por ningún delito en Estados Unidos. Solo unos pocos tenían antecedentes por delitos graves como agresión o portación de armas. Una docena de ellos tenían antecedentes en el extranjero y también fueron incluidos en nuestra base de datos.
Cerca de la mitad, 118 de los más de 230 hombres, incluyendo a Ramos, ingresaron legalmente a Estados Unidos y fueron deportados mientras sus casos migratorios aún estaban en proceso. Ramos, por ejemplo, ingresó al país con una cita del programa CBP One, una iniciativa que la administración Biden implementó para intentar ordenar el creciente flujo de migrantes en la frontera sur.
Al menos 166 de los 230 detenidos tenían tatuajes, entre ellos Blanco, Ramos y Vega. Nuestra investigación encontró que el gobierno se basó en gran medida en sus tatuajes para vincularlos con el Tren de Aragua, a pesar de que expertos afirman que los tatuajes no son un indicio confiable de afiliación a esta pandilla venezolana.
Algunos de estos hombres, como Vega, habían recibido permisos de salida voluntaria por parte de jueces de inmigración, lo que significa que estaban dispuestos a costear su regreso a Venezuela. Sin embargo, fueron enviados a El Salvador.
Pro Publica Español: https://www.propublica.org/article/venezuelans-cecot-el-salvador-trump-familias-video


