The Message from a Prisoner of Conscience— El mensaje de un preso de conciencia

Jul 7, 2025

The words of Hebrews 13:3 describe our moment perfectly: “Remember those in prison as though you were fellow prisoners.” So long as even one pastor is incarcerated for his faith, the entire church is summoned not to keep silent. May the voice of conscience, born of the gospel, find us speaking out for justice. — Se han dado las condiciones en las que las palabras de Hebreos 13:3 se aplican perfectamente a nosotros: «Acuérdense de los presos, como si ustedes fueran sus compañeros de cárcel». Mientras haya un solo pastor encarcelado por su fe, la iglesia entera está convocada a no permanecer en silencio. Que nos halle la voz de la conciencia, nacida del evangelio, alzándose por la justicia.

It is not the same to be an ordinary prisoner as to be a prisoner of conscience. A prisoner of conscience is an individual unjustly detained for peacefully exercising fundamental rights such as freedom of expression, religion, or assembly. Before someone can be declared a prisoner of conscience, his judicial file must undergo a meticulous expert review. If that scrutiny confirms that he committed no crime and acted peacefully on the basis of personal conviction and ethics, he may be classified as a prisoner of conscience.

Amnesty International, a global and independent organization, carried out such a review in the case of Pastor José Ángel Pérez and on 1 July declared him a prisoner of conscience. The designation confirms that Pastor Ángel is detained solely because he lives and preaches a faith that refuses to abandon his congregation in their anguish and suffering. He is our brother, a prisoner of conscience.

His plight mirrors that of others. Wang Yi, a Reformed pastor in China, is serving nine years in prison for proclaiming in his sermons that Jesus is Lord, not the State. Even behind bars he refuses to bow to the idols of political power. Likewise, Iranian pastor Youcef Nadarkhani has been imprisoned repeatedly for converting from Islam to Christianity. None of them resorted to violence or conspired against any government. Their offense was to uphold their faith with integrity in authoritarian settings that demand absolute control over human thought. El Salvador, too, has its prisoners of conscience, among them attorneys Alejandro Henríquez and Ruth López, also recognized as such by Amnesty International.

Another quintessential prisoner of conscience was Martin Luther King Jr., the Baptist pastor arrested on several occasions for refusing to obey unjust laws that stripped Black people of their dignity. In his famous “Letter from Birmingham Jail,” he challenged not only judges and politicians but also the comfortable, lukewarm churches that prefer the peace of the status quo to the risks of the cross. Luther King’s letter still reverberates in our country now that we have a pastor persecuted for supporting and defending his community and for refusing to remain silent in the face of injustice. Even if idolatrous or complacent evangelicals choose not to see their brother, the reality is that we are living in a time when the pulpit has become a trench for the conscience.

Pastor Ángel Pérez bears witness to a faith that does not avert its gaze from the sufferings of his congregation. Like the prophets, he stands before the throne to proclaim, “Thus says the Lord.” Sadly, far too many churches have abandoned that prophetic tradition. They have taken refuge in a comfortable, risk-free spirituality, more concerned with institutional growth than with their neighbor’s suffering. That blindness is no accident; it is the fruit of a theology that has split faith from justice, soul from body, heaven from earth.

From his confinement, Pastor Ángel calls us to reclaim a Christian conscience committed to human rights, justice, and the freedom of all. This is not about partisan loyalties or ideologies; it is about the very heart of the gospel: defending the oppressed, speaking for the voiceless, denouncing falsehood even when the cost is high. Neither Jesus nor Paul was executed for preaching about heaven, but for announcing a kingdom that came to confront sin, deceit, cruelty, and corruption. They, too, were prisoners of conscience.

How can the church respond to abuse of power? By raising its voice, acting in solidarity, praying, accompanying, informing, denouncing—there are many ways the evangelical community can remain faithful to the gospel that calls us to side with human dignity. The words of Hebrews 13:3 describe our moment perfectly: “Remember those in prison as though you were fellow prisoners.” So long as even one pastor is incarcerated for his faith, the entire church is summoned not to keep silent. May the voice of conscience, born of the gospel, find us speaking out for justice.

Senior Pastor, Misión Cristiana Elim 

EDH: https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/mensaje-de-presos-conciencia-capturas/1229151/2025/

El mensaje de un preso de conciencia

No es lo mismo un preso cualquiera que un preso de conciencia. Un preso de conciencia es una persona detenida injustamente por ejercer pacíficamente sus derechos fundamentales, como la libertad de expresión, religión o reunión. Para que una persona sea declarada un preso de conciencia es necesario que su expediente judicial sea examinado de manera experta y detenida. Si se verifica que la persona no ha cometido ningún delito y que actuó pacíficamente sobre la base de sus convicciones y ética personales, puede ser catalogado como preso de conciencia.

Esta verificación fue realizada por Amnistía Internacional, una organización global e independiente, en el caso del pastor José Ángel Pérez declarándolo, el pasado 1 de julio, preso de conciencia. Con esta declaratoria se confirma que el pastor Ángel se encuentra detenido solamente por vivir y predicar una fe que se niega a abandonar a su congregación en sus angustias y sufrimientos. Es un hermano nuestro, preso de conciencia.

Igual que él, existen otros casos como el de Wang Yi, pastor reformado en China, sentenciado a nueve años de prisión por afirmar en sus sermones que Jesús es el Señor, no el Estado. Aun en prisión, se niega a doblegarse ante los ídolos del poder político. De igual manera, Youcef Nadarkhani, pastor iraní, que ha sido encarcelado repetidas veces por su conversión del islam al cristianismo. Ninguno de ellos usó la violencia ni conspiró contra ningún gobierno. Su delito fue sostener su fe con integridad en un ambiente autoritario que reclama el control absoluto sobre el pensamiento humano. En El Salvador también hay otros presos de conciencia como los abogados Alejandro Henríquez y Ruth López, declarados así también por Amnistía Internacional.

Otro ejemplo de prisionero de conciencia lo constituyó Martin Luther King, pastor bautista, que fue arrestado en varias ocasiones por negarse a obedecer leyes injustas que negaban la dignidad de las personas negras. En su famosa «Carta desde la cárcel de Birmingham», no solo interpelaba a los jueces y políticos, sino a las iglesias cómodas, tibias, que eligen la paz del estatus quo antes que los riesgos de la cruz. La carta de Luther King resuena hasta nuestro país ahora, cuando tenemos a un pastor perseguido por apoyar y defender a su comunidad y por no callar ante la injusticia. Aunque los evangélicos idólatras o acomodados prefieran no ver a su hermano, el hecho es que vivimos condiciones cuando el púlpito se ha convertido en trinchera de la conciencia.

El pastor Ángel Pérez es testigo de una fe que no desvía la mirada de los sufrimientos de su congregación. Como los profetas, se planta frente al trono para asegurar: «¡Así dice el Señor!». Lastimosamente, demasiadas iglesias han abandonado esa tradición profética. Se han refugiado en una espiritualidad cómoda, sin riesgo, más preocupada por su crecimiento institucional que por el sufrimiento del prójimo. Esa ceguera no es accidental, es el fruto de una teología que separó la fe de la justicia, el alma del cuerpo, el cielo de la tierra.

Pero desde su encierro, el pastor Ángel nos llama a recuperar una conciencia cristiana comprometida con los derechos humanos, la justicia y la libertad de todos. No se trata de partidismos ni de ideologías, sino del corazón mismo del evangelio: defender al oprimido, hablar por los que no tienen voz, denunciar la mentira, incluso cuando sea costoso. Ni Jesús ni Pablo fueron ajusticiados por predicar sobre el cielo, sino por anunciar un reino que había llegado para confrontar el pecado, la mentira, la crueldad, la corrupción. Ellos también fueron presos de conciencia.

¿Cómo puede la iglesia actuar ante el abuso de poder? Puede levantar la voz, actuar en solidaridad, orar, acompañar, informar, denunciar: hay muchas formas en que la comunidad evangélica puede mostrar fidelidad al evangelio que nos llama a tomar partido por la dignidad humana. Se han dado las condiciones en las que las palabras de Hebreos 13:3 se aplican perfectamente a nosotros: «Acuérdense de los presos, como si ustedes fueran sus compañeros de cárcel».  Mientras haya un solo pastor encarcelado por su fe, la iglesia entera está convocada a no permanecer en silencio. Que nos halle la voz de la conciencia, nacida del evangelio, alzándose por la justicia.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim

EDH: https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/mensaje-de-presos-conciencia-capturas/1229151/2025/