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In 2023, 25.1% of households were living in multidimensional poverty, according to the Multiple Purpose Household Survey 2023, carried out by the National Statistics Office (ONEC) of the Central Reserve Bank (BCR), which has been published on the official website of the institution but has not been presented by the authorities.

The research, among many other things, determines the number of households and people living in poverty, but this is measured in two ways. The most common and well-known is monetary poverty, which contrasts household income with the cost of the basic food basket.

Then there is multidimensional poverty, which determines household well-being in 20 indicators distributed across five dimensions: education; housing conditions; work and social security; health, basic services, and food security; and quality of the environment, which includes public safety.

According to the EHPM 2023, monetary poverty affected 27.2% of households and 30.4% of people. Multidimensional poverty, on the other hand, affected 25.1%. The institution does not disclose the number of people living in multidimensional poverty. It is not clear whether there were technical difficulties in determining the data or if it was simply censored from the report.

LA PRENSA GRÁFICA contacted the communication team of the Central Reserve Bank and requested to speak with someone from the institution to resolve this and other issues. The request was taken, but at the closing of this article, there was still no response.

The data, in any case, show that monetary poverty has increased in the last two years and is at its highest level since 2017. Multidimensional poverty, on the other hand, has shown a steady reduction since 2014, the year it began to be measured. The data suggest that improvements in the quality of the environment, which includes public safety, are making a difference.

The 2023 report states that El Salvador improved its position in nine indicators; worsened in another nine, while two remained the same. It should be noted that if a household has deprivations in seven or more indicators, it is considered multidimensionally poor.

When looking at the indicators by dimension, the country improved or remained steady in almost all education-related ones: school absenteeism, educational lag, inadequate early care, low adult education. On the other hand, the country worsened in almost all housing indicators. The remaining dimensions appear with mixed results: improvements and increases almost equally.

The data show, however, a peculiarity with the quality of habitat or environment dimension, as out of its four indicators, it improves in two and worsens in two. In one of them, however, it improves significantly: restrictions due to insecurity. In 2022, 30.7% of household members did not engage in any of the following activities due to insecurity: going out at night, letting children go out to play, leaving the house unattended, setting up a business, or moving freely. In 2023, the percentage dropped to 15.3%. There is a 15.4-point improvement.

The same research shows, however, that between 2022 and 2023 there was an increase in the incidence of crime and offenses. In 2022, 6.4% of households were affected by any of the following crimes: injuries, extortion, kidnapping, theft, fraud, threats, or sexual attacks. In 2023, the figure increased by 6.9%.

This information, collected by the same Government, suggests that the reduction in homicides and the capture of gang members has improved the feeling of security, but the total crime incidence remains just below that recorded in 2019 (7.6%).

The feeling of improvement in the security environment, however, is not something that has only happened in the last year or since the state of exception began.

Ten years ago, when poverty was investigated with a multidimensional approach, 54.4% of families refrained from engaging in some activities due to insecurity.

In 2015, one of the years with the highest number of homicides recorded in the country, the figure of families refraining from carrying out some activities out of fear rose to 58.3%. In simpler terms, almost six out of 10 families lived in fear.

Then, starting in 2016, this indicator began to improve and has done so for the last eight years. The figures show that there have been three years with significant improvements. The first was in 2017 (-8.3 points), followed by 2022 (-5.7 points) and 2023 (-15.4 points).

In the data series, there is also a notable improvement of 6.8 in 2020, but it was partially reversed in 2021. The information suggests that this improvement was due to the quarantines carried out to combat the COVID-19 pandemic throughout that year.

The Government report also reveals the major structural challenges faced by Salvadoran society. One of them is low adult education, as 74.9% of households have at least one adult with an education level lower than the minimum expected for their age range.

Next is the lack of access to social security: in 68.8% of households, there is someone who is working but is not a primary beneficiary of health insurance (including ISSS) or contributor of the pension savings system.

And a third major challenge is job instability, as 62.9% of households have people who have a job but with periods of forced inactivity longer than a month in the year, do not work full-time, or if they do, they earn less than the minimum wage established by law.

LPG: https://www.laprensagrafica.com/elsalvador/El-25–de-los-hogares-salvadorenos-vive-en-pobreza-multidimensional-20240708-0086.html

El 25 % de los hogares salvadoreños vive en pobreza multidimensional

En 2023, el 25.1 % de los hogares vivía en pobreza multidimensional, según la Encuesta de Hogares del Propósito Múltiples 2023, realizada por la Oficina Nacional de Estadística (ONEC) del Banco Central de Reserva (BCR), la cual ha sido publicada en el sitio oficial de la institución, pero que no ha sido presentada por las autoridades.

La investigación, entre muchas otras cosas, determina la cantidad de hogares y de personas que viven en pobreza, pero esta es medida de dos maneras. Las más común y conocida es la llamada pobreza monetaria, la cual contrasta los ingresos de los hogares con el costo de la canasta básica alimentaria.

Luego está la pobreza multidimensional, la cual determina el bienestar de los hogares en 20 indicadores distribuidos en cinco dimensiones: educación; condiciones de vivienda; trabajo y seguridad social; salud, servicios básicos y seguridad alimentaria, y calidad del entorno, lo cual incluye seguridad pública.

La pobreza monetaria, según la EHPM 2023, afectaba a 27.2 % de los hogares y al 30.4 % de las personas. La pobreza multidimensional, por otra parte, afectaba al 25.1 %. La institución no revela la cantidad de personas que viven en pobreza multidimensional. No está claro si hubo dificultades técnicas para determinar el dato o solo si solo fue censurado del informe.

LA PRENSA GRÁFICA contactó al equipo de comunicaciones del Banco Central de Reserva y solicitó hablar con alguien de la institución para resolver esa y otras dudas. La petición fue tomada, pero al cierre de esta nota aún no había una respuesta.

Los datos, en todo caso, muestran que la pobreza monetaria ha aumentado en los últimos dos años y está en su nivel más alto desde 2017. La pobreza multidimensional, por otra parte, muestra una reducción constante desde 2014, año en que se comenzó a medir. Los datos sugieren que las mejoras en la calidad del entorno, lo cual incluye seguridad pública, está haciendo la diferencia a favor.

El reporte de 2023 consigna que El Salvador mejoró su posición en nueve indicadores; empeoró en otros nueve, mientras que dos siguieron iguales. Hay que tomar en cuenta que si un hogar presenta privaciones en siete o más indicadores, se considera pobre multidimensional.

Al observar los indicadores por dimensión, el país mejoró o se mantuvo en casi todos los relacionados a educación: inasistencia escolar, rezago educativo, cuido temprano inadecuado, baja educación de adultos. En el otro extremo, el país empeoró en casi todos los indicadores de vivienda. El resto de dimensiones aparecen con resultados mixtos: mejoras y aumento casi a partes iguales.

Los datos muestran, sin embargo, una particularidad con la dimensión calidad de hábitat o del entorno, ya que de sus cuatro indicadores, mejora en dos y empeora en dos. En uno de ellos, sin embargo, mejora muchísimo: restricciones debidas a la inseguridad. En 2022, el 30.7 % de los miembros del hogar no realizaron alguna de las siguientes acciones por la inseguridad: salir de noche, dejar que los niños y las niñas salgan a jugar, dejar sola la casa, poner un negocio o transitar con libertad. En 2023, el porcentaje bajó a 15.3 %. Hay 15.4 puntos de mejora.

La misma investigación muestra, sin embargo, que entre 2022 y 2023 hubo un aumento en la incidencia de crimen y delito. En 2022, el 6.4 % de los hogares fueron afectados por algunos de los siguientes delitos: lesiones, extorsiones, secuestro, robo, hurto, estafa, amenazas o ataques sexuales. En 2023, la cifra aumentó 6.9 %.

Esta información, recolectada por el mismo Gobierno, sugiere que la reducción de los homicidios y la captura de pandilleros ha mejorado la sensación de seguridad, pero la incidencia delictiva total sigue apenas debajo de la registrada en 2019 (7.6 %).

La sensación de mejora en el ambiente de seguridad, sin embargo, no es algo que haya pasado solo en el último año o desde que comenzó el régimen de excepción.

Hace 10 años, cuando se comenzó a investigar la pobreza con un enfoque multidimensional, el 54.4 % de las familias se abstenían de realizar algunas actividades por la inseguridad.

En 2015, uno de los años con más homicidios registrado en el país, la cifra de familias que se abstenían de realizar algunas actividades por miedo subió a 58.3 %. En términos más simples, casi seis de cada 10 familias vivían con temor.

Luego, a partir de 2016, este indicador comenzó a mejorar y lo ha hecho por los últimos ocho años. Las cifras muestran que ha habido tres años con mejoras significativas. El primero fue en 2017( -8.3 puntos), luego 2022 (-5.7 puntos) y 2023 (-15.4 puntos).

En la serie de datos también hay una mejora notable de 6.8 en 2020, pero se revirtió en parte en 2021. La información sugiere que esa mejora se debió a las cuarentenas realizas para combatir la pandemia de covid-19 a lo largo de ese año.

El informe del Gobierno también permite observar dónde están los mayores desafíos estructurales de la sociedad salvadoreña. Uno de ellos es la baja educación de adultos, ya que en el 74.9 % de los hogares hay al menos un adulto con un nivel educativo inferior al mínimo esperado para su rango de edad.

Luego, está la falta de acceso a la seguridad social: en el 68.8 % de los hogares hay alguna persona laboralmente activa que no es beneficiaria ni cotizante de un seguro de salud (incluye al ISSS) ni es cotizante o beneficiaria del sistema de ahorro para pensiones.

Y un tercer gran desafío es la inestabilidad en el trabajo, ya que en el 62.9 % de los hogares hay personas que tiene un trabajo, pero con períodos de inactividad forzosa superiores a un mes en el año, no trabajan a tiempo completo o si lo hacen pero ganan menos del salario mínimo establecido por la ley.

LPG: https://www.laprensagrafica.com/elsalvador/El-25–de-los-hogares-salvadorenos-vive-en-pobreza-multidimensional-20240708-0086.html