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Submissive.

Without hesitation or complaints, that is the condition Bukele demanded of his people for the next few years if what they expect from him is to guarantee security and a better economy.

In his unconstitutional inauguration speech as reelected president, the leader who finished his legal term reminded his followers that if the measures adopted in the next few years involve swallowing bitter medicine, turning the other cheek is no longer an option. However, if after that there are still doubts about the consequences of disobedience, Bukele and his propaganda apparatus made sure to leave a clear message: out there, fascist platoons of hundreds of soldiers and policemen parade, ready to apply force.

What Bukele forgot, besides respecting the Constitution and leaving his post on June 1st, is that he governs a citizenry full of rights, not a mass of subjects. He forgot that ensuring a safe country and an economy of opportunities for the people is not a gift for which we must pay him homage, and that it was his obligation from the first day he was elected as a public official thanks to the popular vote in 2019, and for which he had five years of management paid for with our taxes.

But of course, the leader is cunning and knows how to take advantage of the people’s ignorance of the law and their unrecognized rights. In five years, instead of promoting a State that builds, promotes, and strengthens active citizenship, Bukele was busy designing a divine entity that, far from guaranteeing rights, grants miracles in exchange for faith, as if it were a celestial branch on Earth.

Let’s wake up.

Bukele needs more than prayers to reverse the increase in poverty that his government inherits after five years of management. This primarily requires public policy, which is not neutral, carries significant ideological weight, and determines who it affects and who it benefits: because it is not the same to apply adjustment with a higher revenue collection by adding two more points to the VAT that we all pay, from the rich to the poorest, as it is to consent to fiscal incentives for Bitcoin investors who are forgiven tax payments.

It is not the same to expect economic trickle-down with low-innovation jobs and precarious wages as it is to intervene with social policy in the most disadvantaged sectors to promote brilliant minds capable of assuming high value-added, competitive jobs with wages that allow covering a basic food basket.

Disobey.

If Bukele demanded a submissive people, it is because he is willing to continue his authoritarian management style: keeping control institutions co-opted to remove from his path the accountability of his opaque government, imprisoning innocent people even if they may be tortured in jails, persecuting critical voices through a hostile context to the freedoms of those who think differently, and decreeing the permanent suspension of constitutional rights.

In the coming years, this people will need more than submission, illusion, and divine faith placed in the leader from the podium. This time, they will demand material living conditions that allow them to survive beyond the threat of gangs, need to leave informality, access job opportunities, improve their income conditions, and train academically and professionally to compete for a place in the labor market.

Bukele has taken power by force, justifying that five years have not been enough to generate transformations in people’s lives. His unconstitutional investiture, the permanent suspension of rights, and now, also, any measures he may take going forward that negatively impact the lives of everyone, enable us to insurrection and civil disobedience. If the leader expects subjects, what he will find in us for the next few years will be information, rigor, and the pursuit of truth to bring awareness and critical citizenship to these people.

For all these reasons, today we choose to disobey the order to be silent.

Focos TV: https://focostv.com/desobediencia/

Desobediencia

Sumisos.

Sin titubeos ni quejas, esa es la condición que Bukele le exigió a su pueblo para los próximos años si lo que espera de él es que les garantice seguridad y una mejor economía.

En su discurso de investidura inconstitucional como presidente reelecto, el caudillo que finalizó su periodo legal, le recordó a sus creyentes que si las medidas que se adopten en los próximos años implican tragarse la medicina amarga, aturrar la cara dejó de ser una opción. Pero, si después de eso, aún quedan dudas de las consecuencias de desobedecer, Bukele y su aparato de propaganda se encargaron de dejar un mensaje claro: allá afuera desfilan en pelotones fascistas cientos de militares y policías dispuestos a aplicar la fuerza.

Lo que Bukele olvidó, además de respetar la Constitución y dejar su cargo el pasado 1 de junio, es que gobierna a una ciudadanía plena de derechos, y no una masa de súbditos. Olvidó que garantizar a la población un país seguro y una economía de oportunidades no es una dádiva por la cual debamos rendirle pleitesía, y que fue su obligación desde el primer día en el que fue electo como funcionario público gracias al voto popular en 2019, y para lo cual tuvo cinco años de gestión pagados de nuestros impuestos.

Pero claro, el caudillo es astuto y sabe cómo sacar ventaja del desconocimiento de la ley y las garantías de los derechos ignoradas por el pueblo. En cinco años, en lugar de impulsar un Estado que construye, promueve y fortalece una ciudadanía activa, Bukele se encargó de diseñar una entelequia divina que lejos de garantizar derechos, concede milagros a cambio de fe, como si de una sucursal celestial en la tierra se tratara.

Despertemos.

Bukele necesita más que rezar para revertir el incremento de la pobreza que hereda su gobierno luego de cinco años de gestión. Exige principalmente de política pública, que no es neutral, que tiene una importante carga ideológica y determina a quién afecta y a quién beneficia: porque no es lo mismo aplicar el ajuste con una mayor recaudación de ingresos con dos puntos más al IVA que pagamos todos, desde el rico hasta el más pobre, que consentir con incentivos fiscales a inversionistas del bitcoin a los que se les perdona el pago de impuestos.

No es lo mismo esperar que suceda el derrame económico con empleos de baja innovación y salarios precarios que intervenir con política social en los sectores más desfavorecidos para potenciar en ellos mentes brillantes capaces de asumir trabajos de alto valor agregado, competitivos y salarios que permitan cubrir una canasta básica alimentaria.

Desobedecer.

Si Bukele exigió un pueblo sometido, es porque está dispuesto a continuar el estilo de su gestión autoritaria: mantener cooptadas las instituciones de control para sacarse del camino la rendición de cuentas de su gobierno opaco, encarcelar a personas inocentes aún y cuando puedan ser torturadas en las cárceles, perseguir a las voces críticas a través de un contexto hostil a las libertades de quienes piensan diferente, y decretar la suspensión permanente de derechos constitucionales.

En los próximos años, este pueblo necesitará más que sumisión, ilusión y fe divina puesta en el caudillo desde el estrado. Esta vez, exigirá de condiciones materiales de vida que le permitan subsistir más allá de la amenaza de las pandillas, necesitará salir de la informalidad, acceder a oportunidades laborales, mejorar su condición de ingresos y formarse académica y laboralmente para dispustarse un espacio en el mercado laboral.

Bukele se ha tomado el poder por la fuerza justificando que cinco años no han sido suficientes para generar transformaciones en la vida de las personas. Su investidura inconstitucional, la suspensión permanente de derechos y ahora, también, las medidas que pueda tomar en adelante y que impacten negativamente en la vida de todas y todos, nos habilitan a la insurrección y la desobediencia civil.

Si el caudillo espera súbditos lo que encontrará en nosotros para los próximos años será información, rigor y la búsqueda de la verdad para facilitar a este pueblo conciencia y ciudadanía crítica.

Por todo lo anterior, hoy elegimos desobedecer a la orden de callar.

Focos TV: https://focostv.com/desobediencia/