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The express reform approved by the 2021-2024 legislature in its last plenary session, which will be ratified sooner rather than later, stands as a new way to attack freedom of expression and the press in El Salvador.

Since September 2021, a package of about 200 reforms has been waiting, which appears to be more than an effort to update the Constitution – it aims to achieve a desire for constituent power by means of procedural exemptions, without going through the democratic filters and processes that this requires.

Among the proposed reforms are two that go against Inter-American standards for the protection of freedom of expression in terms of mandatory membership for journalists and prior censorship.

The package of amendments includes the change to Article 62 of the Salvadoran Magna Carta, which would make membership in professional associations mandatory for all professions, without distinguishing journalism.

“The practice of university professions is of social interest; to be able to practice these professions, authorization and control from Professional Associations as Public Law Corporations is required,” says the proposal.

In 1985, the Inter-American Court of Human Rights (IACHR) established in advisory opinion OC-5/85 that “the public order reasons that are valid to justify mandatory membership for other professions cannot be invoked in the case of journalism.”

These reasons, the Court argued, “lead to permanently limiting, to the detriment of non-members, the right to fully use the faculties recognized for all human beings by Article 13 of the Convention.”

Said article of the American Convention on Human Rights, which El Salvador has ratified and is consequently part of Salvadoran regulations, recognizes that “everyone has the right to freedom of thought and expression” and “this right includes the freedom to seek, receive, and disseminate information and ideas of all kinds, without consideration of borders.”

OC-5/85 emphasizes that “journalism is the primary and main manifestation of freedom of expression of thought and, for that reason, cannot be conceived merely as providing a service to the public.”

It emphasizes that “the professional journalist is, and cannot be, anything other than a person who has decided to exercise freedom of expression continuously, stably, and remunerated.”

Consequently, establishing limitations on the practice of journalism from a professional association, which would likely serve the interests of the ruling party, as is the case with the Institute for Access to Public Information (IAIP), is a direct attack on freedom of expression.

The Inter-American Commission on Human Rights (IACHR) has stated in its Declaration of Principles on Freedom of Expression that “journalistic activity should be governed by ethical conduct, which in no case can be imposed by States.”

The bukelismo reform also aims for Article 53 of the Constitution to state that “the media must collaborate with the State in promoting education and culture, in the terms established by law.”

This ambiguous and vague wording lends itself to enabling prior censorship, which is prohibited by the Constitution itself, as well as immediate presidential reelection.

The IACHR has maintained that “prior censorship, interference, or direct or indirect pressure on any expression, opinion, or information disseminated through any means of oral, written, artistic, visual, or electronic communication must be prohibited by law.”

Recent history provides us with enough elements to assert that these two reform proposals would be the spearhead for a crusade against independent journalism because constant attacks on social media, police surveillance, espionage, stigmatization, and attempts to criminalize (all documented by APES) do not satisfy the desire to control everything, including opinions.

Infodemia: https://infodemia.com.sv/la-reforma-expres-de-la-constitucion-otra-via-para-atacar-la-libertad-de-prensa

La reforma exprés de la Constitución, otra vía para atacar la libertad de prensa

La reforma exprés aprobada por la legislatura 2021-2024 en su última sesión plenaria, y que será ratificada más temprano que tarde, se erige como una nueva vía para atacar la libertad de expresión y prensa en El Salvador.

Aguarda desde septiembre de 2021 un paquete de unas 200 reformas, que más que un esfuerzo de actualización de la Constitución aparenta ser la consecución de un deseo de poder constituyente a golpe de dispensas de trámite, sin pasar por los filtros y procesos democráticos que esto exige.

Entre las reformas propuestas se encuentran dos reformas contrarias a los estándares interamericanos de protección de la libertad de expresión en lo referente a la colegiación obligatoria de periodistas y a la censura previa.

El paquete de enmiendas incluye el cambio del artículo 62 de la Carta Magna salvadoreña, que volvería obligatoria la colegiación de las profesiones, sin distinción del periodismo.

“El ejercicio de las profesiones universitarias es de interés social; para poder ejercer dichas profesiones se requerirá de la autorización y control de Colegios Profesionales como Corporaciones de Derecho Público”, reza la propuesta. 

En 1985, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) estableció en la opinión consultiva OC-5/85 que “las razones de orden público que son válidas para justificar la colegiación obligatoria de otras profesiones no pueden invocarse en el caso del periodismo”.

Estas razones, sostuvo la Corte, “conducen a limitar de modo permanente, en perjuicio de los no colegiados, el derecho de hacer uso pleno de las facultades que reconoce a todo ser humano el artículo 13 de la Convención”.

Dicho artículo de la Convención Americana de Derechos Humanos, que El Salvador ha ratificado y en consecuencia es parte de la normativa salvadoreña, reconoce que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión” y “este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras”.

La OC-5/85 subraya que “el periodismo es la manifestación primaria y principal de la libertad de expresión del pensamiento y, por esa razón, no puede concebirse meramente como la prestación de un servicio al público”.

Remarca que “el periodista profesional no es, ni puede ser, otra cosa que una persona que ha decidido ejercer la libertad de expresión de modo continuo, estable y remunerado”.

En consecuencia, establecer limitaciones al ejercicio del periodismo desde un colegio, que seguramente estaría al servicio del oficialismo, como es el caso del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), es atacar directamente la libertad de expresión.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha dicho en su Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión que “la actividad periodística debe regirse por conductas éticas, las cuales en ningún caso pueden ser impuestas por los Estados”. 

La reforma del bukelismo también pretende que el artículo 53 de la Constitución dicte que “los medios de comunicación social deben colaborar con el Estado en la promoción de la educación y la cultura, en los términos establecidos por la ley”.

Esta redacción ambigua y vaga, se presta a que se habilite la censura previa, prohibida por la misma Constitución, así como la reelección presidencial inmediata.

La CIDH ha sostenido que “la censura previa, interferencia o presión directa o indirecta sobre cualquier expresión, opinión o información difundida a través de cualquier medio de comunicación oral, escrito, artístico, visual o electrónico, debe estar prohibida por la ley”.

La historia reciente nos da los elementos suficientes para afirmar que estas dos propuestas de reforma serían la punta de lanza para una cruzada contra el periodismo independiente, porque los ataques constantes en redes sociales, los seguimiento policiales, el espionaje, la estigmatización y intentos de criminalización (todos registrados por la APES) no dan saciedad al deseo de controlar todo, incluso las opiniones.

Infodemia: https://infodemia.com.sv/la-reforma-expres-de-la-constitucion-otra-via-para-atacar-la-libertad-de-prensa