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The severity of the deficiencies in El Salvador’s territories has been a marginal issue in the national public debate regarding the agendas and problems of the country’s most dynamic cities located in San Salvador, La Libertad, Santa Ana, San Miguel, or Sonsonate. The emphasis on the urban development of these metropolitan areas has led to a centralization of public and private investment and has fueled the displacement of economically active populations to large cities, because there are no opportunities for development in their places of origin.

The phenomenon is not new and is not unique to El Salvador and is due to the inability of societies and governments to plan decentralized development that brings the State closer to providing quality public services. But it also responds to a reduced private investment through jobs that promote capacity building, innovation, technology, and competitive wages.

The persistence of a wide gap of inequality and poverty in rural territories, after five years, compared to living conditions in cities, is a symptom of failure in management that acts more like a vote machine and less as a social protection system in the face of vulnerability of the most disadvantaged. After five years, what the current government has shown is that the State’s arm in these territories is an armed one that mobilizes to distribute welfare in exchange for votes or to instill fear, persecution, and human rights violations through the state of exception. In both scenarios, Bukele wins through propaganda, while hundreds of thousands suffer from a lack of quality education, drinking water services, and respect for their constitutional rights.

Despite controlling decisions in the State without any resistance, the President of the Republic, his cabinet, and deputies have not only been unable to expand the public policy base to contain the risks of poverty, but have also decided to backtrack on the development of the territories. Their strategy of decimating the management power of municipalities, in light of the results across the country, has left communities more abandoned. Those same populations that are not reached by the microphones or spotlights of government propaganda say so. The promises of the Municipal Works Directorate in sensitive areas of the country have remained just that: promises.

Thus, while the President of the Republic shows on his social networks the cut of meat or lobster he will taste on any given day, three out of every 10 families in El Salvador go to bed without having the ability to cover, as if it were a luxury, their basic food basket, a source of caloric energy, the engine of their mobility and work for subsistence.

But the president is not interested in airing that among his community of followers. The poverty and exclusion on which his government management rests represent an important nuance in his communication strategy aimed at artificially making him look like a leader surrounded by luxuries, while there, inland, far from the city lights and buildings, there is a country where 42.9% of its rural population is poor.

Telling society about the expressions of these realities ignored by the government algorithm is a central focus for Focos in the coming years. That’s why, along with Radio Izcanal, Bálsamo, Segundo Montes, Tehuacán, Víctoria, Sensunat, Mangle, and Sumpul, we have formed an alliance that seeks to denounce inequality and human rights violations wherever Bukele’s spotlights don’t reach. With Territories, a collaborative journalism initiative, urban journalists and journalists from deep El Salvador have exchanged knowledge and strengthened our capacities to carry journalism and expand the reach of our megaphones to tell stories of scarcity, persecution, shortages, and exclusion that contradict the official narrative of a country where reality is distorted by the filters of the Presidential House.

In the coming weeks, through all the platforms that make up this alliance, a special series will be broadcast, prioritizing the voices of local protagonists, historically excluded from the government agenda, to understand and comprehend in its broad dimension the legacy of inequality of the political regime that Bukele has established in El Salvador.

With this coverage, we not only aim to generate debate and questioning among urban and rural audiences about the reality of their country but also to promote critical thinking, which allows for recognition and defense of our rights that, far from being guaranteed, are being snatched away without much attention from society, while we are distracted watching the president’s meat cut, private jet, or new glasses on his social networks.

Focos TV: https://focostv.com/territorios-el-salvador-mas-alla-del-algoritmo-del-presidente/

Territorios, El Salvador más allá del algoritmo del presidente

La gravedad de las carencias en los territorios de El Salvador ha sido un asunto marginal en el debate público nacional respecto a las agendas y problemáticas de las urbes más dinámicas del país ubicadas en San Salvador, La Libertad, Santa Ana, San Miguel o Sonsonate. El énfasis en el desarrollo urbano de estas áreas metropolitanas ha conducido a una centralización de la inversión pública y privada, y ha potenciado el desplazamiento de poblaciones económicamente activas hacia las grandes ciudades, porque en sus lugares de origen no hay oportunidades para el desarrollo.

El fenómeno no es nuevo ni es propio de El Salvador y responde a la incapacidad de las sociedades y gobiernos de planificar un desarrollo descentralizado que acerque al Estado para proveer servicios públicos de calidad. Pero también responde a una reducida inversión privada a través de empleos que promuevan la formación de capacidades, innovación, tecnología y salarios competitivos.

Que en los territorios rurales persista, después de cinco años, una amplia brecha de desigualdad y pobreza respecto a las condiciones de vida en las urbes es síntoma de un fracaso en una gestión que actúa más como una maquinaria de votos y menos como sistema de protección social ante la vulnerabilidad de los más desfavorecidos. Al cabo de cinco años, lo que ha demostrado el gobierno actual es que el brazo del Estado en esos territorios es uno armado que se moviliza para repartir asistencialismo a cambio de votos o para infundir miedo, persecución y violación a los derechos humanos a través del régimen de excepción.  En ambos escenarios, Bukele gana a través de la propaganda, mientras cientos de miles resienten la falta de educación de calidad, de servicios de agua potable y de respeto a sus derechos constitucionales. 

A pesar de controlar las decisiones en el Estado sin ninguna resistencia, el presidente de la República, su gabinete y diputados, no solo han sido incapaces de ampliar el piso de política pública para la contención de los riesgos de la pobreza, sino que, además, han decidido retroceder en el desarrollo de los territorios. Su apuesta por diezmar de poder de gestión a las alcaldías, a la luz de los resultados a lo largo y ancho del país, ha dejado más abandonadas a las comunidades. Lo dicen esas mismas poblaciones a las que no llegan los micrófonos ni los reflectores de la propaganda gubernamental. Las promesas de la Dirección de Obras Municipales, en zonas sensibles del país, se han quedado en eso: promesas.  

Así, mientras el presidente de la República expone en sus redes sociales el corte de carne o la langosta que degustará en un día cualquiera, tres de cada 10 familias en El Salvador van a la cama sin tener la capacidad de cubrir, como si de un lujo se tratara, su canasta básica alimentaria, fuente de energía calórica, motor de su capacidad de movilización y trabajo para la subsistencia. 

Pero eso al presidente no le interesa ventilar entre su comunidad de seguidores. La pobreza y exclusión sobre la que descansa su gestión gubernamental representa un matiz importante en su estrategia comunicacional orientada en hacerlo lucir artificialmente como un mandatario rodeado de lujos, mientras allá, al interior, lejos de las luces y edificios de la ciudad, hay un país en el que 42.9% de su población rural es pobre.

Contarle a la sociedad  las expresiones de esas realidades ignoradas por el algoritmo gubernamental es una apuesta central para Focos en los años por venir. Por eso, junto con Radio Izcanal, Bálsamo, Segundo Montes, Tehuacán, Víctoria, Sensunat, Mangle y Sumpul conformamos una alianza que busca denunciar la desigualdad y la violación a los derechos humanos allá dónde no llegan los reflectores de Bukele. Con Territorios, una apuesta de periodismo colaborativo, periodistas de las urbas y periodistas de El Salvador profundo hemos intercambiado conocimientos y fortalecido nuestras capacidades para llevar periodismo y ampliar el alcance de nuestros megáfonos para contar historias de escasez, persecución, desabastecimiento y exclusión que contradicen la narrativa oficial de un país en el que la realidad está distorsionada por los filtros de Casa Presidencial.

En las próximas semanas, a través de todas las plataformas que conforman esta alianza, se transmitirá un especial por capítulos  en donde priorizaremos las voces de los protagonistas locales, históricamente excluidos de la agenda gubernamental, para entender y comprender en su amplia dimensión el legado de desigualdad del régimen político que ha instaurado Bukele en El Salvador.

Con esta cobertura pretendemos  no solo generar debate y cuestionamientos entre las audiencias urbanas y rurales sobre la realidad de su país, sino también fomentar un pensamiento crítico, que permita un reconocimiento y defensa de nuestros derechos que, lejos de ser garantizados, están siendo arrebatados sin mayor atención de la sociedad, mientras estamos distraídos viendo el corte de carne, el jet privado o las nuevas gafas del presidente en sus redes sociales.

Focos TV: https://focostv.com/territorios-el-salvador-mas-alla-del-algoritmo-del-presidente/