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“We are going to completely remove tariffs on 20 products (from the basic food basket) for one year,” Nayib Bukele assured on March 10, 2022. The president on leave pointed out that this decision would benefit the pockets of the Salvadoran population.

According to Bukele, the measure would help maintain and reduce the price and increase “competition.” Days later, the deputies of the Legislative Assembly passed the Transitory Law to Combat Inflation of Basic Product Prices, which removed Import Tariff Rights (DAI) for the listed foods. This continues in effect at least until March 2024. Did the reality turn out as the president predicted?

The answer, at least in the case of corn, is no, as the cuts were not passed on to the prices paid by the end consumer and did help importers have higher profit margins.

The measure came into effect on March 12, 2022. To verify its effects, El Diario de Hoy conducted an exercise based on official corn import data from the Central Reserve Bank (BCR) and the monthly averages of quintal corn prices for wholesale consumers in Salvadoran markets, published by the Ministry of Agriculture and Livestock (MAG).

The average price of each imported quintal of corn was compared to the average price at which it was sold in El Salvador. The selected period was 14 months before the measure came into effect, from January 2021 to February 2022, and the months with available data in which it has been active, from March 2022 to August 2023.

The figures showed that the gap between the two values (the import value and the sale value in El Salvador) grew from the effective date. In the period before its activation, the difference between both values fluctuated between 30 cents and $6.2.

From March 2023 onwards, that gap began to grow and registered a minimum difference of $8.7. The maximum distance was marked in August 2023, when it reached $14.

To get an idea of the importance of that figure, one must bear in mind that, in that month, the domestic value was 30 dollars, meaning that there was an increase of 46% between the cost of importing and what the end consumer bought in the market.

“The big winner is the importer”

“We have said it from the beginning, since these measures were announced, removing tariffs on food imports does not solve the problem. It aggravates it,” comments Luis Treminio, president of the Salvadoran Chamber of Small and Medium Agricultural Producers Association (CAMPO), which brings together tens of thousands of landworkers in El Salvador.

For him, the numbers of this sample make it clear that, as it is not possible to control the prices at which importers sell in the country, it is very likely that this saving is not being passed on to the population. “The big winner is the importer, to the detriment of the producer,” concludes Treminio.

Indeed, importers’ margins have grown. To get closer to this number, the average price of the imported quintal must be multiplied by the number that has entered the country. And the figures grow because the volume of imported corn from other countries has also increased.

For example, the maximum margin of the first period studied (from January 2021 until the measure came into effect), corresponding to January 2022, was $9.62 million. In those 14 months, the total gap was $51.2 million.

After the effective date, everything skyrocketed. For example, in March 2022, margins exceeded $25 million, almost half of what was recorded in the previous 14 months.

In the 18 months since the measure was approved until the available data (from March 2022 to August 2023), the total margin between the cost of imports and the average price at which a quintal is sold in Salvadoran markets was $301.59 million.

In the 14 months before the measure, El Salvador imported a little less than 1 million quintals per month on average.

Since it came into effect, that average skyrocketed to 1.75 million quintals of corn per month. The month with the highest import of this basic grain was the first in which the tariff elimination was active, March of 2022, when 2.9 million tons entered.

How did prices behave? The measure was not effective in controlling increases, as values ​​rose from a maximum of $21.80 (February 2022) in the previous months, to a record of $31 (September 2022) while the measure has been in force. Prices have remained high, above $30.

The other affected parties are the producers

María Guzmán has been a farmer since 2009 in the municipality of Mercedes Umaña. She has personally experienced the storms of reaping profits from the land. She has also personally experienced what it is like to lose everything due to lack of rain.

This year, she has had to invest a lot of money. Convinced that climate change has become the number 1 enemy of a farmer, she has opted to use an irrigation system. This multiplies her costs, as she has had to add products such as gasoline for the plant to agricultural inputs and seeds. But that is a guarantee for her to, at least, harvest something.

However, all this effort sometimes is not worth it, when she has to sell the product of her labor and finds that the price offered does not cover her costs.

“It is very hard; you just want to leave everything. It’s cheaper to buy food elsewhere. And what they offer you for your corn is very little, as it is cheaper for them to import it from other countries,” laments Guzmán.

For her, a local farmer having to compete against imported products is “unfair competition,” as most of the grain abroad is subsidized by their governments.


Quitar los aranceles al maíz no controló los precios y aumentó las ganancias de los importadores

“Vamos a quitar los aranceles completamente a 20 productos (de la canasta básica) por un año”, aseguró Nayib Bukele el 10 de marzo del 2022. El mandatario en licencia señaló que, con esta decisión, se beneficiaría el bolsillo de la población salvadoreña.

Según Bukele, la medida ayudaría a mantener y reducir el precio y aumentaría “la competencia”. Días después, los diputados de la Asamblea Legislativa aprobaron la Ley Transitoria de Combate a la Inflación de Precios de Productos Básicos, que quitaba los Derechos Arancelarios a la Importación (DAI) a los alimentos enlistados. Esta sigue en vigencia al menos hasta marzo de 2024. ¿La realidad fue como la vaticinó el presidente?

La respuesta, al menos en el caso del maíz, es no, pues los recortes no se trasladaron a los precios que paga el consumidor final y sí ayudaron a que los importadores tuvieran mayores márgenes de ganancia.

La medida entró en vigencia el 12 de marzo de 2022. Para verificar sus efectos, El Diario de Hoy hizo un ejercicio a partir de los datos oficiales de importaciones de maíz del Banco Central de Reserva (BCR) y los promedios mensuales de los precios del quintal de maíz a consumidores mayoristas en los mercados de El Salvador, publicados por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Se comparó el precio promedio de la importación de cada quintal de maíz con el precio promedio con el que se estaba vendiendo en El Salvador. El periodo elegido fueron 14 meses antes de la entrada en vigencia de la medida, es decir, de enero de 2021 a febrero de 2022, y los meses para los que se cuenta con datos en los que ha estado activa, de marzo de 2022 a agosto de 2023.

Lo que se pudo comprobar a través de los números es que la brecha entre los dos valores (el de la importación y el de la venta en El Salvador) creció a partir de la entrada en vigencia. En el periodo anterior a su activación, la diferencia entre ambos valores osciló entre los 30 centavos de dólar y los $6.2.

A partir de marzo de 2023, esa brecha comenzó a crecer y registró como número mínimo de diferencia los $8.7. La máxima distancia la marcó agosto de 2023, cuando fue de $14.

Para hacerse una idea de lo importante de esa cifra, hay que pensar que, ese mes, el valor dentro del país fue de 30 dólares, es decir que se registró un aumento del 46% entre lo que costaba importarlo versus lo que compraba el consumidor final en el mercado.

“El gran beneficiado es el importador”

“Lo hemos dicho desde el principio, desde que se anunciaron esas medidas, quitarle aranceles a la importación de alimentos no resuelve el problema. Lo agrava”, comenta Luis Treminio, presidente de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO), que aglutina a decenas de miles de trabajadores de la tierra en El Salvador.

Para él, los números de esta muestra dejan claro que, debido a que no es posible controlar a qué precios venden los importadores en el país, es muy probable que no se esté trasladando ese ahorro a la población. “El gran beneficiado es el importador, en desmedro del productor”, sentencia Treminio.

En efecto, los márgenes obtenidos por los importadores han crecido. Para acercarse a este número, hay que multiplicar el precio promedio del quintal importado por el número que ha entrado al país. Y las cifras crecen porque también ha aumentado el volumen de lo trasladado en maíz desde otros países.

Por ejemplo, el margen máximo del primer periodo estudiado (desde enero de 2021 hasta antes de que entrara en vigencia la medida), correspondiente al mes de enero de 2022, fue de $9.62 millones. En esos 14 meses, la brecha total fue de $51.2 millones.

Después de la entrada en vigencia, todo se disparó. Por ejemplo, en marzo de 2022, los márgenes superaron los $25 millones, casi la mitad de todo lo que se registró en los 14 meses anteriores.

En los 18 meses desde que se aprobó la medida hasta que se tienen datos (de marzo de 2022 a agosto de 2023), el total del margen entre el costo de lo importado y el precio promedio al que se vende un quintal en los mercados salvadoreños fue de $301.59 millones.

En los 14 meses antes de la medida, El Salvador importó un poco menos de 1 millón de quintales mensuales en promedio.

Desde que entró en vigencia, esa media se disparó a 1.75 millones de quintales mensuales de maíz. El mes en el que más se importó este grano básico fue el primero en que estuvo activa la eliminación del arancel, marzo de 2022, cuando entraron 2.9 millones.

¿Cómo se comportaron los precios? La medida no fue efectiva para controlar los incrementos, pues se pasó de un máximo de $21.80 (febrero de 2022) en los meses anteriores, a registrar un récord de $31 dólares (septiembre de 2022) mientras ha estado vigente la medida. Los precios se han quedado allá arriba, por encima de los $30.

Los otros afectados son los productores

María Guzmán es agricultora desde 2009 en el municipio de Mercedes Umaña. Ha sentido en carne propia las tormentas de sacarle réditos a la tierra. En carne propia, también, ha experimentado qué es perderlo todo por falta de lluvia.

Este año, ha tenido que invertir mucho dinero. Convencida de que el cambio climático se ha vuelto el enemigo número 1 de un agricultor, ha optado por hacer uso de un sistema de riego. Esto multiplica sus costos, pues a los insumos agrícolas y a las semillas ha tenido que sumar productos como gasolina para la planta. Pero eso es un seguro para, al menos, sacar algo.

Tanto esfuerzo, sin embargo, a veces no vale la pena, cuando debe ir a vender el producto del sudor de su frente y encuentra que, lo que le ofrecen, no cubre sus costos.

“Es bien fregado, a uno le entran las ganas de abandonarlo todo. Sale más barato comprar la comida por otro lado. Y lo que le ofrecen a uno por su maíz es bien poco, pues les sale barato traerlo de otro país”, lamenta Guzmán.

Para ella, que un agricultor local tenga que competir contra producto importado es “competencia desleal”, pues la mayor parte del grano en el extranjero es subsidiado por sus gobiernos.