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Turning the country into a regional technological hub is attractive but unrealistic. The foundations for this do not exist, as the country’s educational level does not meet the minimum necessary standards. El Salvador ranks 79th out of 81 possible in the latest measurement of the Programme for International Student Assessment (PISA). None of the thirteen Latin American countries evaluated exceed the average of the 38 richest countries, and all show better performance in reading than in mathematics and science. Three out of four students perform poorly in mathematics, meaning they do not possess the basic competencies of the discipline. Although performance in reading is better, half do not understand what they read.

All disciplines are important, but none so much as mathematics, which is key to accessing scientific and technological professions. Additionally, proficiency in mathematics improves learning in other disciplines. In other words, the country does not have the critical mass with the competencies and skills indispensable for building the technological hub that Bukele dreams of.

While the study attributes the pronounced drop in student performance in all countries to COVID—the most serious disruption since World War II—the pandemic did not significantly widen the gap between the performance of the poor and the rich. In most countries, the learning of the latter stalled as much as that of the former. Therefore, the report confirms the high inequality in learning. On average, 88 percent of the poorest students in the region perform poorly in mathematics, compared to 55 percent of the richest.

In general, an additional year of schooling represents an annual salary increase of about 10 percent. Lost learning means lower wages for several years. The drop in performance implies leaving studies before high school or not acquiring the skills necessary to succeed in higher education. These data indicate that scientific and technological professions, whose demand is growing and therefore with more employment opportunities and better remuneration, are not within reach for a good part of the youth.

In theory, the country’s educational delay should act as a spur to push for reforms that raise students’ academic performance. Overcoming the delay involves dramatically increasing investment in education, but it is much more than that, since money can be spent on preserving old strategies, and because too often resources do not reach the schools and students who need them most. The mass distribution of tablets and computers has not made much difference. International evidence has shown that improving the training and motivation of teachers is much more effective in raising the level of student education.

Bukele prefers to spend on the cult of his persona and on the militarization of the country. Transforming it into a regional technological hub requires changing his priorities. It is also required to meet the new expectations that Washington has assigned to him. Bukele has been called upon to erect a digital wall against the influence of China and Russia in the region and to contain migration. Apparently, the sizable IMF loan to save the nation’s crumbling finances is linked to those two tasks. In any case, the results will not be immediate. Given the current educational level, planning must be medium and long term. Bukele has already wasted the first five years on the military and personal cult. In the best case scenario, he will need several re-elections to place the last stone of his project.

Another so far insurmountable obstacle is the excessive and unjustified confidence of the ministers of education, including those of Bukele. He cannot, therefore, shield himself by saying that the educational delay is the work of the usual mismanagement. These officials have refused to adopt state policies of medium and long term, supported by social and political consensus. The uncontrollable urge for protagonism has led them to cancel the progress of their predecessor and to start anew, instead of evaluating what has been achieved, overcoming failures, and moving forward. Each new official thinks their approaches are unique, and thus, administrations pass, spending money and time, and education remains prostrate.

The misunderstood protagonism of these officials has closed opportunities for countless generations of young people. It is not strange, then, that they emigrate or have sought an alternative in organized crime. Bukele’s attitude is no different from that of the usual ministers of education, except that his misgovernment comprises social, economic, political, and cultural areas.

* Rodolfo Cardenal, director of the Monsignor Romero Center.

UCA: https://noticias.uca.edu.sv/articulos/sueno-inalcanzable

Sueño inalcanzable

Convertir el país en un centro tecnológico regional es atractivo, pero irreal. Las bases para ello no existen, porque el nivel educativo del país no tiene la altura mínima necesaria. El Salvador ocupa la posición 79 de 81 posibles en la última medición del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA). Ninguno de los trece países latinoamericanos evaluados supera el promedio de los 38 más ricos y todos muestran un mejor desempeño en lectura que en matemáticas y ciencias. Tres de cada cuatro estudiantes  tienen un bajo rendimiento en matemáticas, es decir, no poseen las competencias básicas de dicha disciplina. Aunque el desempeño en lectura es superior, la mitad no comprende lo que lee.

Todas las disciplinas son importantes, pero ninguna como las matemáticas, clave para acceder a las profesiones científicas y tecnológicas. Adicionalmente, la destreza en matemáticas mejora el aprendizaje de otras disciplinas. Dicho de otra manera, el país no dispone de la masa crítica con las competencias y las habilidades indispensables para construir el centro tecnológico con el que Bukele sueña.

Si bien el estudio atribuye al covid —la perturbación más grave desde la Segunda Guerra Mundial— la pronunciada caída en el desempeño de los estudiantes de todos los países, la pandemia no amplió demasiado la brecha entre el rendimiento de los pobres y los ricos. En la mayoría de los países, el aprendizaje de estos últimos se estancó tanto como el de aquellos. Por tanto, el informe confirma la elevada desigualdad en los aprendizajes. En promedio, el 88 por ciento de los estudiantes más pobres de la región tiene un bajo desempeño en matemáticas, comparado con el 55 por ciento de los más ricos.

En general, un año adicional de escolarización representa un aumento anual de cerca del 10 por ciento del salario. El aprendizaje perdido significa salarios bajos durante varios años. La caída en el desempeño implica abandonar los estudios antes del bachillerato o no adquirir las habilidades necesarias para tener éxito en la educación superior. Estos datos indican que las profesiones científicas y tecnológicas, cuya demanda es creciente y, por tanto, con más posibilidades de empleo y mejor remuneración, no están al alcance de buena parte de la juventud.

En teoría, el retraso educativo del país debiera actuar como acicate para impulsar reformas que eleven el rendimiento académico de los estudiantes. La superación del atraso pasa por aumentar dramáticamente la inversión en educación, pero es mucho más que eso, ya que el dinero puede ser empleado en conservar viejas estrategias, y porque con demasiada frecuencia los recursos no llegan a las escuelas y los estudiantes que más los necesitan. La distribución masiva de tabletas y computadoras no ha hecho mucha diferencia. La evidencia internacional ha demostrado que mejorar la capacitación y la motivación de los docentes es mucho más eficaz para elevar el nivel de formación de los estudiantes.

Bukele prefiere gastar en el culto a su persona y en la militarización del país. Transformarlo en un centro tecnológico regional exige cambiar sus prioridades. También lo requiere satisfacer las nuevas expectativas que Washington le ha asignado. Bukele ha sido llamado a levantar un muro digital contra la influencia de China y Rusia en la región y a contener la emigración. Aparentemente, el voluminoso préstamo del FMI para salvar las derruidas finanzas nacionales está vinculado con esos dos cometidos. En cualquier caso, los resultados no serán inmediatos. Dado el nivel educativo actual, la planificación debe ser de mediano y largo plazo. Bukele ya ha desperdiciado los cinco primeros años en militares y el culto personal. En el mejor de los casos, necesitará varias reelecciones para colocar la última piedra de su proyecto.

Otro obstáculo hasta ahora insuperable es la confianza desmedida e injustificada de los ministros de educación, incluidos los de Bukele. No puede, pues, escudarse en que el retraso educativo es obra de los desmanes de los de siempre. Estos funcionarios se han negado a adoptar políticas de Estado de mediano y largo plazo, respaldadas por un consenso social y político. El afán irrefrenable de protagonismo los ha llevado a anular los avances de su antecesor y a empezar de nuevo, en lugar de evaluar lo logrado, superar los fallos y avanzar. Cada nuevo funcionario piensa que sus planteamientos son únicos, y así, pasan las administraciones, gastan el dinero y el tiempo, y la educación sigue postrada.

El mal entendido protagonismo de estos funcionarios ha cerrado posibilidades a incontables generaciones de jóvenes. No es extraño, entonces, que emigren o hayan buscado una alternativa en el crimen organizado. La actitud de Bukele no es diferente a la de los ministros de educación de siempre, excepto que su desgobierno comprende las áreas sociales, económicas, políticas y culturales.

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

UCA: https://noticias.uca.edu.sv/articulos/sueno-inalcanzable