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Some agents take advantage of their level of power within the police force to commit abuses and crimes that destroy entire families. A case showing this reality occurred in a canton in El Tamarindo, La Unión. 

Four police officers sexually assaulted and raped several women in a community. One of them, whom we will call Sonia, became pregnant due to the rape. After the assault, Sonia had to go into hiding to avoid being located by her aggressors, following the complaint she filed with the Attorney General’s Office and the General Inspectorate of Public Security. 

Gangs besieged the community where Sonia lived, and criminal groups harassed the families, but then the police began to harass them as well until they became her aggressors. The police raped several women, including Sonia. 

While fleeing from her aggressors, she received psychological therapy, as the damage was severe. Sonia is no longer in the country. Those who were supposed to protect her ensured that she was forcibly displaced. 

Along with her, other women from the same community were harassed by the police. Those who did not give in to the harassment are now imprisoned. The police themselves accuse them of crimes they have not committed. 

Another case is that of Norma, who is in prison for having recorded and denounced the harassment of her daughter by a policeman. The incident occurred when the officers were searching for her house. One of them began to grope Norma’s daughter, who decided to record the police officer’s action.

Having reported the case, Norma’s bravery unleashed a chase by the aggressor police officers. Finally, a patrol car intercepted the bus on which Norma was riding. Her relatives considered her missing. Her assailants accused her of drug trafficking. She will soon face a public hearing for a crime she did not commit. This case is being heard by the Salvadoran Women’s Institute, ISDEMU.

Victims and witnesses are at greater risk 

After more than 300 police supernumeraries were dismissed and the agreement between the Executive Technical Unit of the Justice sector, UTE, and the National Civil Police ended, the houses where victims and witnesses were sheltered have been evicted, according to three different sources consulted by YSUCA.

There were cases in which entire families were sheltered, but in recent weeks this mechanism has changed, leaving victims and witnesses at greater risk. 

A source with close knowledge of the functioning of the protection mechanisms assures that some victims and witnesses are no longer in shelters but in places where they do not need the protection. In the case of entire families, the men and parents have been sent to areas other than safe houses, but the wives and children have been returned to their homes. They have divided the families, despite the risk of returning to the areas from which they left due to insecurity. 

The Executive Technical Unit of the Justice Sector, UTE, established an agreement with the National Civil Police to guarantee the Victim and Witness Protection Program. But there were UTE employees who abused their positions and supernumeraries who were supposed to protect victims and became victimizers. The are several cases, but the most remembered is the one that occurred in 2015 of three sisters harassed and assaulted by PNC supernumeraries. The case was documented by the organization Cristosal.

Soldiers intimidate communities and force inhabitants to flee their homes.

Cases of aggression by security forces against citizens are not new in El Salvador. However, with the exception regime, the abuses of power are more evident. 

With the argument of capturing gang members, police and soldiers imprison Salvadorans with no links to criminal structures. The same officials have confirmed that some 3,000 people have been released.

The arbitrary detentions have led entire families to abandon their homes in the San Luis El Maneadero canton of Zacatecoluca, in the department of La Paz.  One of the inhabitants reported to Radio YSUCA that several families had been forcibly displaced for fear of the soldiers who have set up a camp in the San Luis El Maneadero School Center. Three people have been captured without belonging to gangs. They are peasants, members of a cooperative, says Antonio Flores, father of one arrested. 

For Don Antonio, uncertainty arrived in the canton last week with a «truckload» of soldiers. Before gang members harassed them, now it is the military, says Antonio.

Antonio’s words are a clear example of what Father Rodolfo Cardenal describes in one of his opinion articles. «The popular voice observes that just as they put up with the gang members before, now they must suffer Bukele’s repressive forces. The vacuum left by those has been filled by soldiers and police, who violate their liberties, rights, property, and dignity with similar brutality.»  

He adds in another of his articles that «the ruling party repeats that the «common» and «honest» citizens should not be afraid. But by not specifying what it means by «common» and «honest,» only the naïve and the unsuspecting can feel safe.» 

YSUCA: https://ysuca.org.sv/2023/01/abuso-y-represion-ciudadanos-acosados-por-policias-y-militares/

Abuso y represión: ciudadanos acosados por policías y militares

Algunos agentes aprovechan su nivel de poder dentro de la corporación policial para cometer abusos y delitos que destruyen a familias completas. Un caso que muestra esta realidad ocurrió en un cantón del municipio de El Tamarindo, La Unión. 

Cuatro policías agredieron y violaron sexualmente a varias mujeres de una comunidad. Una de ellas, a quien llamaremos Sonia, quedó embarazada, producto de la violación. A partir de la agresión, Sonia  tuvo que esconderse para no ser localizada por sus agresores, luego de la denuncia que interpuso en la Fiscalía General de la República y la Inspectoría General de Seguridad Pública. 

La comunidad donde vivía Sonia era asediada por las pandillas, las familias eran acosadas por los grupos criminales, pero luego la policía comenzó a acosarlos también, hasta volverse sus agresores. Los policías violaron a varias mujeres, entre ellas Sonia. 

A la vez que huía de sus agresores, recibía terapias psicológicas, pues el daño es grave. Sonia ya no está en el país. Quienes debían protegerla se encargaron de que se desplazara de manera forzada. 

Junto a ella, otras mujeres de la misma comunidad fueron acosadas por los policías. Quienes no cedieron a los acosos, ahora están encarceladas. Los mismos policías se encargan de acusarlas de delitos que no han cometido. 

Otro caso es el de Norma, quien guarda prisión por haber grabado y denunciado el acoso de un policía hacia su hija. El hecho ocurrió cuando los agentes realizaban un cateo en su casa. Uno de ellos comenzó a manosear a la hija de Norma, quien decidió grabar la acción del policía.

La valentía de Norma, al haber denunciado el caso, desató la persecución de parte de los policías agresores. Finalmente una patrulla  interceptó el bus en el que se conducía Norma. Sus familiares la daban por desaparecida. Sus agresores la acusaron de tráfico de drogas. Pronto enfrentará la vista pública por un delito que no cometió. Este caso lo conoce el Instituto Salvadoreño de la Mujer, ISDEMU.

Víctimas y testigos en mayor riesgo 

Luego de que más de 300 supernumerarios de la Policía fueran despedidos y finalizara el convenio entre la Unidad Técnica Ejecutiva del sector Justicia, UTE y la Policía Nacional Civil, las casas donde estaban resguardadas las víctimas y testigos han sido desalojadas, aseguran tres distintas fuentes consultadas por YSUCA.

Había casos en que las familias completas estaban en resguardo, pero  en las últimas semanas ese mecanismo ha cambiado, dejando en mayor  riesgo a víctimas y testigos. 

Una fuente que conoce de cerca el funcionamiento de los mecanismos de protección asegura que algunas víctimas y testigos ya no están en casas de resguardo, sino en lugares donde no tienen la protección que necesitan. En el caso de familias completas, a los hombres, padres de familia los han enviado a otros lugares que no son casas de resguardo, pero a las esposas e hijos los han regresado a sus viviendas. Han dividido a las familias, pese al riesgo que representa volver a las zonas de donde se marcharon por inseguridad. 

La Unidad Técnica Ejecutiva del Sector de Justicia, UTE, estableció un convenio con la Policía Nacional Civil con el fin de garantizar el Programa de Protección de Víctimas y Testigos. Pero hubo empleados de la UTE que abusaron de sus cargos y supernumerarios que, se suponía daban protección a las víctimas, se convirtieron también en victimarios. Los casos son varios, pero el más recordado es el que ocurrió en 2015 de tres hermanas acosadas y agredidas por supernumerarios de la PNC. El caso fue documentado por la organización Cristosal.

Soldados amedrentan a comunidades y obligan a sus habitantes a huir de sus casas

Los casos de agresiones de cuerpos de seguridad hacia los ciudadanos no es nuevo en El Salvador. Sin embargo, con el régimen de excepción los abusos de poder son más evidentes. 

Con el argumento de capturar a pandilleros, los policías y soldados están apresando a salvadoreños que no tienen ningún vínculo con estructuras criminales. Los mismos funcionarios han confirmado que unas 3 mil personas han sido liberadas.

Las detenciones arbitrarias han llevado a que familias completas estén abandonando sus casas en el cantón San Luis El Maneadero, de Zacatecoluca, departamento de La Paz.  Uno de los habitantes denunció a Radio YSUCA que varias familias se han desplazado  de manera forzada por temor a los soldados que han instalado un campamento en el Centro Escolar San Luis El Maneadero. Tres personas han sido capturadas sin pertenecer a pandillas. Son campesinos, integrantes de una cooperativa, dice Antonio Flores, padre de una de las capturadas. 

Para don Antonio, la incertidumbre llegó al cantón, desde la semana pasada con la llegada de una “camionada” de soldados. Antes los acosaban los pandilleros, ahora son los militares, dice Antonio.

Las palabras de don Antonio son el claro ejemplo de lo que describe el padre Rodolfo Cardenal en uno de sus artículos de opinión. “La voz popular observa que así como antes aguantaron a los pandilleros, ahora deben sufrir a las fuerzas represivas de Bukele. El vacío dejado por aquellos ha sido llenado por soldados y policías, que violentan con brutalidad similar sus libertades, sus derechos, su propiedad y su dignidad”.  

Agrega en otro de sus artículos que “el oficialismo repite que la ciudadanía”común” y”honrada” no debe temer. Pero al no especificar qué entiende por “común” y “honrado”, solo los ingenuos y los desprevenidos pueden sentirse a salvo”. 

YSUCA: https://ysuca.org.sv/2023/01/abuso-y-represion-ciudadanos-acosados-por-policias-y-militares/