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In December 2019, Salvadoran President Nayib Bukele received an ‘honorary’ doctorate from the Beijing Foreign Studies University during his official visit to the People’s Republic of China and the promise of a gigantic cooperation that would transform the country he governs.

As promised, El Salvador would get a national library, a new stadium, coastal infrastructure, and a water treatment plant that would remove arsenic and boron from a volcanic lake to get water to the people who need it.

In downtown San Salvador, where Chinese workers work day and night to install the foundations of the new glass library that will replace the building that was demolished, life around the construction site coexists among street vendors seeking to survive in the informal trade.

Three years after all the promises made by China to El Salvador, the only one completed is an amusement park built by the sea in the Port of La Libertad, a little more than 40 kilometers south of the capital. The recreational park offers a Ferris wheel and mechanical games as part of the support for the Surf City project, which Bukele is developing on the Salvadoran coast.

The creation of the surf city was one of the first bets of the administration of the so-called millennial president because the orographic nature of the Salvadoran coast allows its waves to have an attractive length for foreign tourists.

In May of last year, the Salvadoran Legislative Assembly ratified with 66 votes of the 84 deputies the framework agreement for the «Economic and Technical Assistance between the Government of the People’s Republic of China and the Government of the Republic of El Salvador.»

When reading the document published by both the Chinese Embassy and the Congress does not specify the details of the amount that the works will cost. However, President Bukele wrote on his Twitter account that it was an agreement for «500 million dollars in non-refundable public investment and without conditions».

Last October, the Agency for International Economic Cooperation of the Chinese Ministry of Commerce signed an Execution Agreement with the National Administration of Aqueducts and Sewerage (ANDA). The Chinese news agency and the official press reported the event.

ANDA is the state company responsible for making water drinkable. The project is one of the Chinese promises that raised eyebrows: to use Lake Ilopango, the largest lake in the country, as a resource to provide service to the population that lacks it.

Ricardo Navarro, an environmentalist who studied engineering and won the Goldman Environmental Prize in 1995, is one of the voices opposing the Chinese initiative.

«Instead of thinking about bringing new technology to purify the water of Lake Ilopango, we should take care of the existing water,» said the scientist, who founded the Salvadoran Center for Appropriate Technology (CESTA) and promotes the use of renewable energies in this Central American country, to Expediente Público.

The construction of the new National Stadium, whose start construction was announced last September, has been indefinitely delayed. There is no known date for the start of construction, and no machinery can be seen in the designated area.

However, Fullerton University professor, Ricardo Valencia, affirms that «to the Salvadoran president’s bad luck, getting closer to Beijing could cost him the affection of a faction of the same Republican Party that looks with fear at Chinese influence in Latin America. El Salvador’s mediocre foreign policy puts the country in a no man’s land: Bukele is no one’s ally, but they distrust him,» Valencia wrote.

Expediente Público: https://www.expedientepublico.org/bukele-se-traga-el-cuento-chino-de-millonarias-inversiones/

Bukele se traga el “cuento chino” de millonarias inversiones en El Salvador que nunca llegan

En diciembre de 2019 el presidente salvadoreño Nayib Bukele recibió un doctorado ‘honoris causa’ por la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing durante su visita oficial a la República Popular de China y la promesa de una gigantesca cooperación que transformaría el país que gobierna.

Según lo prometido, El Salvador obtendría una biblioteca nacional, un nuevo estadio, infraestructura en el litoral y una planta potabilizadora que eliminará el arsénico y el boro de un lago volcánico para lograr que el agua llegue a la población que lo necesita.

En el centro de San Salvador, donde trabajadores chinos trabajan día y noche en la instalación de los cimientos de la nueva biblioteca de cristal que reemplazará al edificio que fue demolido, la vida en torno a las obras coexiste entre vendedores callejeros que buscan sobrevivir en el comercio informal.

Tres años después de todas las promesas que ofreció China a El Salvador, la única concluida es un parque de atracciones construido junto al mar en el Puerto de La Libertad, a poco más de 40 kilómetros al sur de la capital. El parque recreativo ofrece una noria y juegos mecánicos como parte del respaldo al proyecto Surf City, que Bukele desarrolla en el litoral salvadoreño.

La creación de la ciudad del surf fue una de las primeras apuesta de la administración del llamado presidente millennial porque la naturaleza orográfica de la costa salvadoreña permite que sus olas tengan una longitud atractiva para los turistas extranjeros.

En mayo del año pasado, la Asamblea Legislativa salvadoreña ratificó con 66 votos de los 84 diputados el convenio marco para la asistencia “Económica y Técnica entre el Gobierno de la República Popular China y el Gobierno de la República de El Salvador”.

Al leer el documento que publicó tanto la Embajada de China como el Congreso, no precisan los detalles del monto que costarán las obras aunque el presidente Bukele escribió en su cuenta de Twitter que se trató de un acuerdo de “500 millones de dólares en inversión pública no reembolsable y sin condiciones”.

En octubre pasado, la Agencia para Cooperación Económica Internacional del Ministerio de Comercio de China suscribió un Acuerdo de Ejecución con la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA). El evento fue difundido por la agencia china de noticias y la prensa oficialista.

La ANDA es la empresa estatal responsable de potabilizar el agua y el proyecto es una de las promesas chinas que arqueó las cejas: utilizar el lago de Ilopango, el más grande del país, como recurso para llevar el servicio a población que carece del mismo.

Ricardo Navarro, un ambientalista que estudió ingeniería y mereció el premio ecologista Goldman en 1995, es una de las voces que adversa la iniciativa china.

“En vez de estar pensando en traer nueva tecnología para purificar el agua del lago de Ilopango, hay que cuidar el agua que hay”, analizó ante Expediente Público el científico que fundó el Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA) y promueve el uso de energías renovables en este país centroamericano.

La construcción del nuevo Estadio Nacional, cuyo inicio de obras se anunció para septiembre pasado, se ha atrasado indefinidamente. No se conoce fecha de inicio de la construcción y no se observa ninguna maquinaria en la zona designada.

Sin embargo, el profesor de la Universidad Fullerton, Ricardo Valencia, afirma que “para mala suerte del mandatario salvadoreño, acercarse a Beijing podría costarle el cariño de una facción del mismo partido Republicano que mira con miedo la influencia china en Latinoamérica. La mediocre política exterior de El Salvador coloca al país en una tierra de nadie: Bukele no es aliado de nadie, pero desconfían de él”, escribió Valencia.

Expediente Público: https://www.expedientepublico.org/bukele-se-traga-el-cuento-chino-de-millonarias-inversiones/