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Nayib Bukele dealt a mortal blow to Salvadoran democracy last week by announcing his intention to run for reelection, despite the fact that the Constitution expressly forbids it. The decision deepens the decline of democracy in El Salvador under a president who aspires to remain in power until 2029 and whose enormous popularity has not been diminished by the systematic breakdown of all the country’s institutions.

Bukele’s arrival to the presidency was greeted with a halo of optimism as the now 41-year-old seemed to promote the modernization of El Salvador. He launched a crusade against gangs that considerably reduced violence and set himself up as a guru of using cryptocurrencies. Still, over time he has done nothing but apply the manual of the perfect cacique: attacks on institutions, contempt for the opposition, persecution of the press and critical voices, and the continuous invention of enemies, especially foreigners.

Bukele has given numerous signs that his lust for power is the only thing that moves him. He demonstrated this in 2020 when he presented himself in Congress surrounded by military personnel to force the deputies to approve his security budget. He showed it again when he took advantage of his majority in Congress to push through a reform that allowed him to change Constitutional judges, expel magistrates or dismiss the Attorney General despite his position being in force. All these were nothing more than necessary steps to reach the point where nothing and nobody will be able to stop his intention to perpetuate himself in power.

El País: https://elpais.com/opinion/2022-09-21/la-quiebra-de-el-salvador.html

La quiebra de El Salvador 

Nayib Bukele asestó la pasada semana un golpe mortal a la democracia salvadoreña al anunciar su intención de postularse para ser reelegido, pese a que la Constitución lo prohíbe expresamente. La decisión profundiza el declive de la democracia en El Salvador bajo un presidente que aspira a mantenerse en el poder hasta 2029 y cuya enorme popularidad no se ha visto mermada por el sistemático quebranto de todas las instituciones del país.

La llegada a la presidencia de Bukele fue recibida con un halo de optimismo en la medida en que el mandatario, hoy de 41 años, parecía promover la modernización de El Salvador. Lanzó una cruzada contra las pandillas que redujo considerablemente la violencia y se erigió en una suerte de gurú del uso de las criptomonedas, pero con el tiempo no ha hecho sino aplicar el manual del perfecto cacique: ataques a las instituciones, desprecio de la oposición, persecución a la prensa y las voces críticas y la continua invención de enemigos, especialmente extranjeros.

Bukele ha dado numerosas muestras de que lo único que le mueve son sus ansias de poder. Así lo demostró en 2020, cuando se presentó en el Congreso rodeado de militares para obligar a los diputados a aprobar su presupuesto en seguridad. Lo volvió a demostrar cuando se aprovechó de la mayoría en el Congreso para impulsar una reforma que permitía cambiar a los jueces del Constitucional, expulsar a magistrados o cesar al fiscal general pese a que su cargo estaba en vigor. Todo ello no eran más que pasos necesarios para llegar al punto en que nada ni nadie va a lograr frenar su intención de perpetuarse en el poder.

El País: https://elpais.com/opinion/2022-09-21/la-quiebra-de-el-salvador.html