Seleccionar página

It has been more than a month since Douglas Dagoberto Coreto, formerly known as ‘Graffiti’ in the Mara Salvatrucha (MS13), has not gone out to preach the Gospel with his megaphone on the streets of Sonsonate. On the night of April 8, during the thirteenth day of the emergency regime decreed by the Salvadoran Congress, the police took him, prisoner. Hours before his capture, Coreto told EL PAÍS in a WhatsApp message that he would not flee if they arrived for him, that he had no outstanding debt to justice and that he left everything in the hands of God. But he sensed that it would happen soon, mainly because his tattoos betray him: the authorities don’t care if the tattooed person is active or not. «They want to see ‘stained’ people who appear on the news,» Douglas lamented before his arrest.

That night, after dinner, they took him away. He didn’t resist. They put him in the patrol car, placed his handcuffs, transferred him, and stripped him naked in front of the cameras to show him and accuse him of belonging to terrorist organizations on social networks. Fourteen years ago, while serving a sentence for aggravated robbery, Douglas embraced Christianity to leave the gang and try to join society. He didn’t have many more options: the Salvadoran State does not offer any reintegration alternative to people like him. Today he is imprisoned in the Izalco prison and held captive in a country that is not interested in socially integrating the ex-gang-members.

El Pais: https://elpais.com/internacional/2022-05-23/ser-expandillero-cristiano-en-el-salvador-un-pais-sin-lugar-para-los-arrepentidos.html

Ser expandillero cristiano en El Salvador, un país sin lugar para los arrepentidos

Hace más de un mes que Douglas Dagoberto Coreto, antes conocido como ‘Graffiti’ en la Mara Salvatrucha (MS13), no sale a predicar el Evangelio con su megáfono en las calles de Sonsonate. La noche del 8 de abril, durante el treceavo día del régimen de excepción decretado por el Congreso salvadoreño, la policía se lo llevó preso. Horas antes de su captura, Coreto le dijo a EL PAÍS en un mensaje de WhatsApp que no huiría si llegaban por él, que no tenía ninguna deuda pendiente con la justicia y que todo lo dejaba en manos de Dios. Pero presentía que pasaría pronto, sobre todo porque sus tatuajes lo delatan: a las autoridades no les importa si el tatuado está activo o no. “Ellos lo que quieren ver es gente manchada que salga en las noticias”, lamentaba Douglas antes de su arresto.

Esa noche, después de cenar, se lo llevaron. No puso resistencia. Lo subieron a la patrulla, le colocaron las esposas, lo trasladaron y lo desnudaron ante las cámaras para exhibirlo y acusarlo de pertenecer a organizaciones terroristas en redes sociales. Hace 14 años, mientras cumplía una condena por robo agravado, Douglas abrazó el cristianismo para dejar la pandilla e intentar incorporarse a la sociedad. No tenía muchas más opciones: el Estado salvadoreño no ofrece ninguna alternativa de reinserción a gente como él. Hoy está preso en el penal de Izalco y cautivo en un país al que no le interesa integrar socialmente a los expandilleros.

El Pais: https://elpais.com/internacional/2022-05-23/ser-expandillero-cristiano-en-el-salvador-un-pais-sin-lugar-para-los-arrepentidos.html